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Perfumes

Una perfumista desvela las notas de este otoño: «La vainilla y el almizcle son el nuevo abrazo que nos reconforta y protege»

Hay perfumes que huelen bien y perfumes que cuentan una historia. Para Delphine Jelk, perfumista de la Maison Guerlain, la diferencia está precisamente ahí: en la capacidad de una fragancia para despertar algo que no siempre sabemos nombrar. «Estoy fascinada por los olores, por su poder evocador y por su capacidad para revivir emociones enterradas en lo más profundo de la mente», explica. Para ella, el perfume es, sin más, una forma de arte.

Su historia con las fragancias comenzó casi por accidente. Nacida y criada en Suiza, Jelk se trasladó a París en 1999 para estudiar diseño y moda en ESMOD. En su proyecto de fin de carrera presentó una colección de prêt-à-porter acompañada de una línea de perfumes inspirada en el cachemir y el lino. Después llegó Firmenich y, más tarde, el Grasse Institute of Perfumery, donde se formó con maestros como Jean-François Latty y Max Gavarry. Pero hubo un momento decisivo: alguien le hizo oler una materia prima con una nota verde, como de hierba recién cortada. «Fue una revelación para mí», recuerda su biografía. En ese instante supo que quería ser perfumista.

En 2003 comenzó su formación profesional en Drom Fragrances junto a Philippe Romano y, después, llegó Nueva York. Allí, una noche frente a Marie Antoinette, la película de Sofia Coppola que mezcla el lujo histórico con una actitud moderna y rock, nació una idea que acabaría convirtiéndose en La Petite Robe Noire. Era el principio de su historia con Guerlain. Desde 2014 es perfumista de la Maison. Su firma está detrás, entre otras creaciones, de L’Homme Idéal, Mon Guerlain y diferentes fragancias de Aqua Allegoria y L’Art et la Matière. En 2021 fue nombrada Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura francés.

(Foto: @guerlain)

Ahora, con L’Heure Bleue como punto de partida, Jelk se enfrenta a uno de los territorios más delicados de la perfumería: reinterpretar un clásico sin perder aquello que lo hace especial. «Realmente no lo sentí como un desafío», cuenta. «El desafío es más bien encontrar a gente a la que le guste. Siempre estoy un poco estresada pensando: ¿Cómo va a funcionar? ¿Es suficientemente bueno? A mí me gusta, pero ¿a la gente le va a gustar?».

Durante el proceso creativo, sin embargo, predominó la emoción. «Fue mucho más emocionante. L’Heure Bleue es un perfume tan bonito. El original de 1912 me inspiró muchísimo. Me encanta su suavidad. Corresponde realmente a todo lo que amo de los perfumes».

La nueva interpretación busca capturar precisamente ese instante suspendido que da nombre a la fragancia: el momento en que el día termina y la noche todavía no ha comenzado. «Es un fenómeno natural absolutamente increíble. Es precioso y creo que está lleno de sensaciones», explica Jelk. «Puedes sentir un escalofrío, una especie de frescor».

¿Cómo convertir algo tan intangible en una fragancia? “Utilicé materias para expresarlo”, dice. «Buscaba ese efecto difuminado, esa línea recta, algo tierno. Es difícil de explicar… pero es mágico».

Quizá ahí esté la esencia de su manera de entender el perfume. Frente a un mundo cada vez más acelerado y complejo, Jelk cree que las fragancias tienen un papel casi terapéutico para hacer frente a la incertidumbre del entorno. «Creo que estamos en un momento en el que el mundo es difícil y puede ser muy ansioso. Realmente creo que los olores pueden ayudarnos a sentirnos bien y mejor», señala.

En este contexto, las notas cálidas y envolventes se convierten en las grandes aliadas para la temporada de frío: «Diría que las notas reconfortantes como la vainilla, pero menos de una forma muy dulce y más como algo que te envuelve, y el almizcle son lo que necesitamos. Buscamos esa tranquilidad; para mí es casi como un abrazo, una especie de protección frente a los desafíos del mundo».

(Foto: @guerlain)

Y por eso, cuando le preguntamos qué busca hoy una persona al elegir un perfume para esta época, su respuesta no tiene que ver con tendencias ni reglas: «Creo que realmente deberías seguir tu corazón». Recomienda tomarse tiempo, estar relajado y, sobre todo, sentir la conexión.

Porque para Jelk el perfume no se decide con la cabeza. «Es algo tan emocional, no racional», dice. «Es el sentido que está más despierto cuando nacemos. Es algo realmente profundo e intenso en el ser humano». Al final, tampoco habla de perfumes “excepcionales”. Prefiere algo más íntimo: encontrar en una fórmula la emoción que imaginó al crearla. «Si la gente puede recibir lo que yo quería transmitir con este perfume, estoy feliz».