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Cuidado de la piel

José Luis Ramírez, dermatólogo: «Cuando un lunar cambia de tamaño, forma o color, nunca debemos ignorarlo»

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

Cada verano repetimos los mismos gestos: extendemos la toalla, buscamos el mejor sitio en la playa, aplicamos protector solar, a veces demasiado tarde, y disfrutamos de largas jornadas al aire libre. Sin embargo, hay un detalle que suele pasar desapercibido pese a que puede marcar una enorme diferencia para nuestra salud: observar nuestros lunares. La exposición al sol aumenta durante estos meses y, aunque el calor no hace que un lunar se vuelva peligroso de un día para otro, sí es la época perfecta para detectar cambios que durante el resto del año permanecen ocultos bajo la ropa. El doctor José Luis Ramírez, co-director de la Unidad de Láser y Cicatrices de IMR y especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica, Medicina Estética y Medicina Capilar, explica por qué el verano debe convertirse también en la estación de la prevención y cómo pequeños gestos pueden ayudar a detectar un melanoma cuando todavía tiene cura.

El verano no provoca el problema, pero sí ayuda a detectarlo

«El verano no es el momento en que los lunares enferman de repente, pero sí es un periodo importante por dos razones: estamos más expuestos y, por tanto, hay más opciones de percibir cambios».

Existe la falsa creencia de que el verano es el momento en el que aparecen los melanomas. Sin embargo, el doctor José Luis Ramírez aclara que la realidad es bastante diferente. «El verano no es el momento en que los lunares enferman de repente, pero sí es un periodo importante por dos razones: estamos más expuestos y, por tanto, hay más opciones de percibir cambios».

Durante estos meses pasamos muchas más horas al aire libre y bajo un índice ultravioleta elevado. Además, llevamos menos ropa, algo que facilita observar manchas o lunares que durante el invierno permanecían ocultos. «Es un buen momento para que nosotros o incluso nuestra pareja o familiares se fijen en lesiones que puedan llamar la atención», explica.

Pero el sol sí desempeña un papel importante en la evolución de los lunares. De hecho, puede influir tanto en la aparición de nuevos como en la transformación de los ya existentes.

«La radiación solar estimula a los melanocitos, las células que dan color a la piel, lo que puede favorecer la aparición de nuevos lunares, especialmente durante la infancia y la juventud», señala el especialista. Pero además, añade, la exposición continuada daña el ADN de esas mismas células y puede inducir mutaciones que alteren un lunar benigno.

Ese proceso, aunque lento y acumulativo, es precisamente el que preocupa a los dermatólogos.

(Foto: Canva)

¿Cómo actúa realmente la radiación ultravioleta?

«Cuando estos daños afectan a los genes que regulan el crecimiento de un lunar, las células empiezan a dividirse sin control. Eso es, en esencia, un melanoma».

No toda la radiación solar afecta igual a la piel, aunque tanto los rayos UVA como los UVB participan en el daño celular. «La radiación ultravioleta actúa como un mutágeno directo», explica el doctor Ramírez. Mientras que «la radiación UVB daña directamente el ADN celular», la UVA penetra a capas más profundas de la piel, donde genera radicales libres y estrés oxidativo que también terminan afectando a las células.

El problema aparece cuando esos daños se van acumulando con los años y alcanzan los genes encargados de controlar el crecimiento celular. «Cuando estos daños afectan a los genes que regulan el crecimiento de un lunar, las células empiezan a dividirse sin control. Eso es, en esencia, un melanoma», resume.

No se trata, por tanto, de una única exposición al sol, sino de la suma de muchas a lo largo de toda la vida.

(Foto: Canva)

La piel tiene memoria: las quemaduras de la infancia dejan huella

Uno de los mensajes que más insiste en transmitir el especialista tiene que ver con la infancia. «Siempre decimos que la piel tiene memoria», afirma.

Aunque una quemadura desaparezca aparentemente en unos días, el daño producido en el ADN permanece durante décadas. Por eso las quemaduras solares sufridas cuando somos niños o adolescentes continúan teniendo consecuencias muchos años después.

«La evidencia científica demuestra que sufrir quemaduras solares con ampollas durante la infancia o la adolescencia duplica el riesgo de desarrollar un melanoma en la edad adulta», advierte.

Precisamente por ello insiste en que la protección solar durante los primeros años de vida resulta especialmente importante y no debe limitarse únicamente a aplicar crema.

(Foto: Canva)

Hay personas que deben vigilar sus lunares con mucha más frecuencia

«Los pacientes con más de 50 o incluso 100 lunares presentan un riesgo superior y suelen beneficiarse especialmente de los controles específicos».

Aunque cualquier persona puede desarrollar un melanoma, existen perfiles que presentan un riesgo significativamente mayor y que deberían mantener un seguimiento dermatológico periódico.

Entre ellos se encuentran las personas de piel muy clara, ojos claros, pelirrojos o rubios, cuya piel «se quema con facilidad y prácticamente nunca se broncea».

También deben extremar las revisiones quienes tienen un elevado número de lunares. «Los pacientes con más de 50 o incluso 100 lunares presentan un riesgo superior y suelen beneficiarse especialmente de los controles específicos», explica.

A este grupo se suman quienes tienen antecedentes personales o familiares de melanoma, pacientes inmunodeprimidos o personas que anteriormente hayan recibido tratamientos de fototerapia.

En estos casos, el especialista recomienda revisiones periódicas realizadas por un dermatólogo y, cuando sea necesario, recurrir a técnicas de seguimiento digital que permitan comparar la evolución de cada lesión con el paso del tiempo.

(Foto: Canva)

Cómo revisar nuestros lunares en casa sin obsesionarnos

«La revisión debe hacerse de cabeza a pies», explica, «sin olvidar zonas como el cuero cabelludo, las axilas, las plantas de los pies, los espacios entre los dedos o la zona genital».

La autoexploración sigue siendo una de las herramientas más eficaces para detectar cambios tempranos. Sin embargo, muchas personas no saben cómo realizarla correctamente.

Según explica el doctor Ramírez, basta con escoger una habitación bien iluminada y utilizar un espejo de cuerpo entero acompañado de otro espejo de mano o incluso la cámara del teléfono móvil.

«La revisión debe hacerse de cabeza a pies», explica, «sin olvidar zonas como el cuero cabelludo, las axilas, las plantas de los pies, los espacios entre los dedos o la zona genital».

Para observar la espalda o áreas de difícil acceso, recomienda pedir ayuda a un familiar o a la pareja.

Respecto a la frecuencia, insiste en que depende del riesgo de cada paciente. «Si tenemos pocos lunares, revisarlos cada uno o dos meses apenas lleva unos minutos y puede ayudarnos a detectar cambios importantes. En personas con muchos lunares, la autoexploración resulta más complicada y lo recomendable es realizar una o dos revisiones al año mediante dermatoscopia digital».

En esa observación conviene recordar la conocida regla ABCDE. El especialista recomienda prestar atención a la asimetría, los bordes irregulares, los cambios de color, un diámetro superior a seis milímetros y, sobre todo, a la evolución. «Seguramente el criterio más importante sea la evolución. Si un lunar cambia de tamaño, forma o color en pocos meses, debe ser valorado».

Además, recuerda otro signo muy útil y fácil de identificar: el denominado patito feo. «Si tenemos un lunar claramente diferente al resto, por ejemplo, todos son marrón claro y aparece uno mucho más oscuro, merece la pena consultar con el dermatólogo».

(Foto: Canva)