Paso de gigante de la ciencia española: hallan un aliado inesperado para enfriar las ciudades andaluzas que más sufren el calor de las noches de verano
Existen trucos caseros muy útiles para reducir la sensación de calor en verano, pero ante el aumento de las temperaturas es necesario encontrar medidas efectivas a un nivel más amplio. Por suerte, la ciencia española ha dado un paso para lograrlo sin que la factura de la luz se dispare.
El problema es que en las noches tropicales (cuando el termómetro no baja de los 20 grados) la demanda de refrigeración se dispara. Según científicos de la Universidad de Almería, una parte de la solución podría estar en el uso de biomasa residual.
Según han publicado Juan M. Requena e Inés Ibáñez en el estudio Linking problems with solutions: Biomass waste is where most needed to mitigate energy demand during tropical nights, existe una relación entre las zonas con más calor nocturno de Andalucía y la capacidad para generar energía local.
La biomasa residual puede ayudar a enfriar las ciudades andaluzas en verano
La base del proyecto consiste en localizar dónde aparece antes el calor nocturno y cruzarlo con los territorios que tienen recursos energéticos cercanos para responder a esa demanda. Ahí entra en juego la biomasa residual.
No se trata de plantar cultivos nuevos ni de importar energía desde lejos, sino de aprovechar los restos procedentes de actividades agrícolas, forestales, ganaderas, urbanas o industriales que ya existen en el territorio.
De hecho, lo más relevante del estudio es la coincidencia espacial; no haría falta grandes operativas de transporte. Y es que muchas zonas con más riesgo de sufrir calor nocturno y mayor necesidad de refrigeración aparecen cerca de áreas con alto potencial de biomasa. Es decir, el problema y parte de la solución pueden estar en el mismo mapa.
Es decir, si una ciudad sabe que va a necesitar más energía durante las noches de verano, puede planificar mejor de dónde obtenerla, cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles y cómo usar los recursos locales que de otra forma tendrían un aprovechamiento limitado.
El estudio científico que puede cambiar la planificación energética de Andalucía en verano
El trabajo de Requena-Mullor e Ibáñez no se limita a señalar dónde hace más calor. Lo importante es el diagnóstico climático que hacen combinado con la posible respuesta energética.
A corto plazo, los mapas pueden ayudar a los municipios a detectar qué áreas necesitan medidas urgentes de adaptación. Eso incluye mejorar espacios verdes, proteger zonas de agua o reforzar soluciones urbanas que reduzcan la acumulación de calor.
A medio y largo plazo, la biomasa residual es una vía para producir energía renovable cerca de los puntos donde más se va a necesitar refrigeración. Esto puede aliviar la presión sobre la red eléctrica durante las noches de verano, cuando la demanda sube y la producción solar ya no está disponible.
Por qué las noches tropicales golpean antes a las zonas urbanas y costeras
Las noches tropicales no afectan por igual a todo el territorio andaluz. De hecho, en el estudio se demuestra que afectan antes en zonas costeras y grandes núcleos urbanos, donde el calor acumulado durante el día tarda más en disiparse.
El fenómeno se produce porque el asfalto, el hormigón y la densidad urbana retienen calor y lo liberan lentamente por la noche. Por eso, aunque no haya sol, las viviendas y el espacio urbano siguen funcionando como una especie de batería térmica.
En cambio, los espacios con más vegetación o con presencia de masas de agua retrasan la llegada de esas temperaturas nocturnas elevadas. No eliminan el problema, pero sí ayudan a amortiguarlo.