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Los mayores bulos históricos que millones de personas siguen creyendo

La historia y lo que ha sucedido tiene que ser bien contrastada. Analizamos aquí los mayores bulos históricos que millones de personas creen.

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Los mayores bulos históricos.
Francisco María
  • Francisco María
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La historia no es esa línea recta y limpia que nos vendieron en la escuela, con sus hitos perfectamente marcados y sus protagonistas alineados como piezas de ajedrez. Más bien parece un enorme lienzo que alguien decidió repintar hace siglos, tapando las grietas y los colores reales con capas de barniz más vistosas, más épicas o, simplemente, más útiles para los intereses de turno.

Vivimos rodeados de versiones oficiales que, a base de repetirse, han adquirido el rango de verdades incuestionables, aunque apenas resistan un vistazo mínimamente crítico a las fuentes. No se trata solo de errores académicos menores, sino de construcciones deliberadas, muchas veces nacidas de la propaganda o del puro afán de ridiculizar al adversario, que han terminado por convertirse en el cristal a través del cual miramos el pasado.

Napoleón y la estatura del mito

Tomemos, por ejemplo, al general Bonaparte. Es casi imposible imaginarlo sin ese sesgo de «hombre pequeño con ganas de dominar el mundo». El complejo de Napoleón es un concepto que sobrevive en nuestra cultura porque nos reconforta; nos gusta pensar que los dictadores tienen taras físicas que explican su sed de poder.

La cruda realidad es mucho menos literaria: Napoleón medía 1,68 metros. En su tiempo, y en Francia, aquello no era ser bajo en absoluto. Entonces, ¿de dónde sale la leyenda del pigmeo irascible? De una jugarreta técnica de los británicos. Al traducir las pulgadas francesas a las inglesas, los cálculos se descuadraron y la prensa de Londres, que no necesitaba mucho para disparar su máquina de hacer propaganda, convirtió a su enemigo en un «pequeño cabo» caricaturizado hasta la náusea. Nos creemos la burla de un panfleto de hace dos siglos antes que los registros de su propio médico. Es el triunfo de la imagen sobre el dato.Napoleón Bonaparte frases, frases de Napoleón, citas célebres de Napoleón, mejor frase de Napoleón.

La invención de la oscuridad medieval

Igual de tenaz es el relato sobre esa «Edad Media» gris, sucia y teológicamente asfixiante donde, supuestamente, la gente ni se lavaba porque el pecado acechaba en cada palangana. Es un cuento maravilloso, perfecto para que el Renacimiento se sintiera brillante y aseado en contraste, pero carece de un sustento real.

Los baños públicos fueron una institución vital en el tejido urbano medieval hasta que, efectivamente, la llegada de nuevas enfermedades y la presión social cambiaron las costumbres, pero nada tuvo que ver con un supuesto fanatismo que prohibiera el agua.

Guerreros con cuernos y otros inventos románticos

La iconografía que hemos construido sobre los vikingos es otro ejemplo fascinante de cómo la ficción se come a la arqueología. Si un vikingo real resucitara y viera su imagen en cualquier serie de televisión o película, con sus cascos de astas, probablemente se echaría a reír.

Aquellos cascos con cuernos son un invento del siglo XIX, una concesión al teatro operístico para que el espectador pudiera identificar rápidamente al «bárbaro» desde el fondo del patio de butacas. En el fragor de una batalla real, llevar algo que sobresalga de la cabeza es una invitación a que te claven el acero en el cráneo o te desequilibren al primer envite.

Cuando analizas los ajuares funerarios de estos comerciantes escandinavos, lo que encuentras no es solo hachas, sino peines finos, pinzas de depilar y espejos. Eran personas profundamente coquetas y pragmáticas, más preocupadas por el control de las rutas comerciales que por parecer personajes de una tragedia griega.Cuernos de los vikingos

El espejismo de la Tierra plana

Quizás el bulo más divertido y, a la vez, más irritante es el de Colón y su supuesta lucha contra una comunidad científica que, en el siglo XV, todavía se aferraba a la idea de que la Tierra era un disco plano. Es un relato perfecto: el genio incomprendido frente a los ignorantes de sotana. Pero de nuevo, la historia es bastante más pedestre. Todo aquel que tuviera un mínimo de educación en la época sabía perfectamente que el mundo era una esfera. Eso no era motivo de disputa.

El verdadero problema de Colón en Salamanca no fue su geografía, sino sus matemáticas: el hombre calculó mal el tamaño del planeta. Si América no hubiera estado ahí, bloqueando su ruta, se habrían hundido en el olvido del océano mucho antes de avistar tierra. Aquellos «ignorantes» que cuestionaban su plan tenían mucha más razón técnica que él.

Conclusión

¿Por qué seguimos comprando estas versiones edulcoradas?  Nos resulta más cómodo cargar los dados hacia los extremos: el malvado villano, el héroe visionario, el periodo oscuro frente a la luz de la razón. Reconocer que Colón era un navegante voluntarioso pero pésimo calculador, o que los vikingos eran comerciantes obsesionados con su peinado, nos obliga a admitir que el pasado no era un escenario de cartón piedra. Era gente real, moviéndose entre sus propias miserias y ambiciones, igual que nosotros.

Al final, preferimos un buen relato que nos confirme nuestros prejuicios antes que una realidad que nos exija pensar un poco más de la cuenta.

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