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Quizás no sea algo popularizado, pero la reutilización de baterías de ordenador pasó en un momento a ser uno de los debates recurrentes dentro del ámbito de la sostenibilidad tecnológica. Más allá del reciclaje tradicional, algunos proyectos buscan extender la vida útil de estos componentes, integrándolos en sistemas energéticos que funcionan fuera de la red eléctrica convencional.
En ese contexto aparece el caso de Glubux, un usuario activo en comunidades técnicas que, desde 2016, comparte la evolución de una instalación basada en baterías de ordenador reutilizadas. Sin promesas comerciales ni soluciones estandarizadas, el proyecto se apoya en pruebas constantes, ajustes progresivos y una documentación detallada que ha ido creciendo con los años.
La historia del joven que logró la autonomía recopilando baterías de ordenador viejas
El primer paso del proyecto, compartido en el foro «Second Life», fue la recopilación de baterías de ordenador procedentes de portátiles en desuso.
Estos dispositivos contienen varias celdas en su interior que, una vez desmontadas y comprobadas, pueden reorganizarse en nuevos paquetes energéticos. Glubux comenzó trabajando con unas 650 baterías, una cifra que con el tiempo superó el millar.
La clave estuvo en la estandarización. Cada paquete de baterías se ensambló con el mismo número de celdas, lo que permitió equilibrar cargas y facilitar el mantenimiento. Este enfoque modular hizo posible añadir o retirar bloques sin comprometer el conjunto del sistema. El cableado, realizado con cobre, garantizó conexiones estables y una menor pérdida de energía.
Desde el inicio, el objetivo no fue sustituir toda la red eléctrica, sino complementar una instalación solar ya existente. Con el paso de los meses, las baterías de ordenador recicladas pasaron a ser el núcleo del almacenamiento energético de la vivienda.
El cobertizo de Glubux y la seguridad del almacenamiento energético
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto fue la decisión de construir un cobertizo independiente para albergar las baterías de ordenador y los sistemas de control. Este espacio se ubicó a unos 50 metros de la vivienda principal, una distancia pensada para reducir riesgos y disponer de mayor ventilación.
En enero de 2017, Glubux mostró por primera vez el espacio definitivo donde se alojaría la instalación. Allí se concentraron no solo las baterías recicladas, sino también el controlador de carga, el inversor y el resto de componentes eléctricos. Según explicó en el foro ‘Second Life Storage & Solar’, en casi diez años no se han registrado problemas de hinchazón, incendios o explosiones.
«Ya produzco una parte de la electricidad que necesito. Tengo un panel solar de 1,4 kW en el techo y un sistema de almacenamiento basado en baterías reutilizadas», detalló el usuario al describir la primera fase del proyecto. Con el tiempo, esa infraestructura inicial se amplió sin alterar la estructura básica del cobertizo.
La potente combinación de los paneles solares y las baterías de ordenador
Las baterías de ordenador no funcionan de forma aislada. El sistema se apoya en una instalación solar que fue creciendo de manera progresiva. En sus inicios, contaba con una potencia modesta de 1,4 kW. A finales de 2024, la cifra se multiplicó hasta alcanzar 24 paneles solares de 440 W cada uno.
Esta ampliación permitió garantizar suministro incluso durante los meses de invierno, cuando la radiación solar es menor. La energía generada se almacena en los paquetes de baterías recicladas, que actúan como un sistema de reserva capaz de alimentar electrodomésticos habituales, incluida la lavadora.
Uno de los datos más comentados dentro del foro es que, desde 2016, no ha sido necesario sustituir ninguna celda. Este detalle refuerza la viabilidad técnica de reutilizar baterías de ordenador en condiciones controladas y con una correcta gestión de carga y descarga.
Ocho años de funcionamiento continuo
A lo largo de los años, Glubux ha respondido preguntas de otros usuarios interesados en replicar el sistema. En diciembre de 2024, actualizó el estado del proyecto, confirmando que la instalación seguía operativa y sin incidencias reseñables. El funcionamiento continuo durante más de ocho años se ha convertido en uno de los puntos centrales del debate.
Además del aspecto técnico, el proyecto pone sobre la mesa el impacto de dar una segunda vida a residuos electrónicos. Las baterías de ordenador, habitualmente descartadas cuando un portátil deja de funcionar, se transforman aquí en un recurso energético estable.
Este enfoque reduce la generación de basura electrónica y optimiza materiales que, de otro modo, quedarían inutilizados.
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