Investigadores de Navarra demuestran que un CO2 elevado aumenta la producción de lentejas, pero puede afectar a su calidad nutricional
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Un equipo del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente (BIOMA) de la Universidad de Navarra analizó cómo afecta el aumento de CO2 a la producción y la calidad nutricional de las lentejas. El estudio concluye que el mayor nivel de CO2 en la atmósfera impulsa el rendimiento del cultivo, pero incrementa el contenido de almidón en los granos y reduce la proporción de proteínas respecto a los carbohidratos.
La investigación, publicada en mayo de 2026 en la revista Journal of the Science of Food and Agriculture, reproduce en condiciones de invernadero los niveles de CO2 previstos para finales de este siglo. Las lentejas pardinas, la variedad dominante en España con una superficie de cultivo que supera las 40.000 hectáreas anuales, son el objeto del estudio.
¿En qué medida aumenta el CO2 elevado la producción de lentejas pardinas?
La variedad comercial de la lenteja pardina registró un incremento del 73% en la producción de semillas bajo condiciones de CO2 elevado. La variedad pardina verde rayada, procedente de San Martín del Río, en Teruel, alcanzó un aumento del 53%. En ambos casos, el mayor nivel de CO2 también incrementó la biomasa vegetativa total de las plantas.
El experimento fue diseñado por Johann Martínez-Lüscher, investigador del Grupo de Fisiología del Estrés en Plantas del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra y autor correspondiente del estudio, junto con Mohammad Abdullah como primer autor y otros investigadores de la Universidad de Alicante y del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón.
Asimismo, los invernaderos de la Universidad de Navarra en Pamplona albergaron dos grupos de plantas: uno con la concentración actual de CO2 en la atmósfera y otro con la proyectada para finales del siglo XXI.
La eficiencia en el uso del agua también mejoró en ambas variedades bajo CO2 elevado, con un incremento del 64% en la variedad comercial. De este modo, la variedad comercial fue la única que aumentó de forma significativa su índice de cosecha, es decir, la proporción de biomasa que termina como semilla aprovechable.
¿Cómo afecta el CO2 elevado a la calidad nutricional de las lentejas?
El mayor rendimiento vino acompañado de cambios en la composición de los granos. El contenido de almidón creció en las dos variedades: un 90% en la pardina verde rayada y un 42% en la comercial. Al mismo tiempo, la proporción de proteínas respecto al almidón disminuyó en ambas, aunque el contenido absoluto de proteínas no registró una caída significativa en ninguna de ellas.
Las leguminosas pueden compensar la mayor disponibilidad de carbono bajo CO2 elevado con un aumento en la fijación de nitrógeno en sus nódulos radiculares, lo que les permite mantener los niveles de proteínas. Según los autores del estudio, este mecanismo diferencia el comportamiento de las lentejas del observado en los cereales bajo las mismas condiciones.
El contenido de fósforo descendió en ambas variedades, un 23% en la pardina verde rayada y un 29% en la comercial, junto con una reducción del boro. Estos minerales tienden a diluirse cuando la planta produce más biomasa sin que su absorción aumente al mismo ritmo.
«Este equilibrio entre cantidad y calidad será clave para diseñar estrategias agrícolas sostenibles en un contexto de cambio climático y garantizar una seguridad alimentaria real en el futuro», explicó Abdullah.
¿Qué diferencia a la variedad local de la comercial en su respuesta al CO2 elevado?
La respuesta mineral al CO2 elevado fue distinta según la variedad. La pardina verde rayada registró un aumento de zinc del 42%, junto con incrementos de calcio y manganeso. La variedad comercial, por su parte, perdió zinc bajo esas condiciones.
La variedad local también partía de un contenido de hierro más alto que la comercial, y ese nivel se mantuvo bajo CO2 elevado. El hierro y el zinc son dos micronutrientes con alta prevalencia de deficiencia a nivel global, y las leguminosas constituyen una fuente relevante de ambos en muchas dietas.
Los autores señalan que estos resultados pueden incorporarse a los programas de mejora genética de la lenteja, con el objetivo de seleccionar variedades que combinen alta productividad con un perfil nutricional adecuado bajo las condiciones de CO2 previstas para el final del siglo. El estudio contó con financiación del Gobierno de Navarra.
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