Hallazgo inaudito de la ciencia: un grupo de escaladores encuentra restos de tortugas de 80 millones de años que reescribe la historia

En 2019, dos escaladores se adentraron en una zona restringida del parque natural del Monte Còrneo en Italia, donde encontraron más de 1.000 marcas extrañas en una pared de piedra caliza en la formación Scaglia Rossa. Ahora, un estudio publicado en Cretaceous Research ha revelado que esas marcas son el rastro fósil de una estampida de tortugas marinas que huyeron despavoridas de un terremoto ocurrido hace 80 millones de años. Al tratarse de una pared vertical, que en el Cretácico era un fondo marino plano, los científicos tuvieron que recurrir a drones para poder mapear fotogramétricamente ellugar y estudiar los surcos. A continuación, utilizaron la magnetostratigrafía, el análisis de polaridad magnética de las rocas, lo que permitió datar el evento en el Campaniense, hace unos 80 millones de años.
Hace 80 millones de años, la pared vertical era un fondo marino que se encontraba a unos 300 metros de profundidad. En este contexto, un terremoto sacudió la zona, provocando que un grupo de tortugas marinas comenzara a nadar hacia aguas más profundas, golpeando el fondo con sus alertas. Poco después del paso de las tortugas, una avalancha de sedimentos provocada por el mismo terremoto, conocida como turbidita, cubrió las marcas, lo que explica por qué se han conservado intactas hasta la actualidad. En condiciones normales, habrían desaparecido por la acción de las corrientes, pero la avalancha provocada por el terremoto permitió que las marcas se conservaran.
Estampida de tortugas marinas hace 80 millones de años
Tras recibir el aviso, el geólogo Paolo Sandroni y el director del Observatorio Geológico Coldigioco, Alessandro Montanari, dirigieron un estudio para analizar huellas en la ladera. Para ello, el equipo se desplazó hasta el lugar del hallazgo y recopiló muestras de roca, además de mapear el terreno con drones. La investigación, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica Cretaceous Research, sugiere que las marcas pertenecen a un antiguo fondo marino que, con el paso del tiempo, quedó expuesto tras una serie de movimientos tectónicos.
Lo primero a tener en cuenta es que no podían ser peces porque las marcas tenían simetría bilateral. Tampoco podrían ser plesiosaurios, ya que el patrón de las marcas no encajaban con el movimiento de cuatro aletas de estos reptiles. De esta manera, los científicos determinaron que el entorno donde se formaron las huellas estaba situado a varios cientos de metros bajo el nivel del mar durante el Cretácico tardío.
«Los peces son demasiado blandos y ligeros para dejar marcas, así que los reptiles tenían más sentido», aseguraron los investigadores Los mosasaurios gigantes y plesiosaurios, explican, «que tenían la boca llena de dientes afilados como agujas», eran ambos «solitarios», así que «probablemente» tampoco fueron los responsables. Esto dejó a los científicos con una única posibilidad: las tortugas marinas.
Tortugas gigantes
Hace unos 80 millones de años, a finales del Cretácico, el nivel del mar era más alto que en la actualidad, formando el mar de Niobrara, o mar Interior Occidental, que se extendía desde el noroeste de Canadá hasta el este de México, con unos mil kilómetros de anchura y 750 metros de profundidad en su momento de mayor extensión. Mientras dinosaurios y mamíferos poblaban la tierra firme, el mar albergaba tiburones, peces óseos, aves buceadoras, plesiosaurios y mosasaurios.
Entre los invertebrados había crinoideos, erizos, crustáceos y moluscos. Destacaba la tortuga marina gigante Archelon, pariente de la tortuga laúd, con más de 4,5 metros de longitud, caparazón abombado y pico ganchudo para alimentarse de medusas, calamares y peces. Archelon nadaba con aletas delanteras potentes, mientras que en tierra era torpe. En África, hace 67 millones de años, vivía Ocepechelon, otra tortuga marina gigante, conocida solo por su cráneo aplanado con hocico largo y tubo mandibular único para aspirar presas, similar al método de alimentación de los zifios.
Cretácico
El Cretácico es el tercer y último período de la Era Mesozoica; comenzó hace 145 millones de años y finalizó hace 65 millones de años. A principios del Cretácico existían dos supercontinentes (Laurasia y Gondwana, separados por el mar de Tetis), y durante este periodo las temperaturas ascendieron hasta alcanzar su máximo punto hace unos 100 millones de años, en los cuales no había prácticamente hielo en los polos. Los sedimentos muestran que las temperaturas en la superficie del océano tropical debieron ser entre 9 y 12 °C más cálidas que en la actualidad.
Durante la extinción del Cretácico, más del 70% de las especies desaparecieron. Esta gran extinción masiva acabó con los dinosaurios, los ammonites, belemnites y grandes reptiles marinos como plesiosaurios y mosasaurios, además de pterosaurios, afectando también a peces, anfibios, mamíferos y aves primitivas. La prueba más conocida de este evento es la fina capa de arcilla del límite, con altas concentraciones de iridio, cuarzos de choque y microtectitas, que evidencian un impacto extraterrestre. El meteorito de Chicxulub, de unos 10 kilómetros de diámetro, liberó una energía gigantesca, provocando tsunamis, incendios forestales, radiación intensa y lluvias ácidas.