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Cómo se entrenan los astronautas para misiones largas

No es lo mismo estar un poco de tiempo en el espacio que enfrentarse a misiones largas. ¿Cómo se entrenan los astronautas para esto?

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  • Francisco María
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Vemos a los astronautas flotando en las naves espaciales, y puede parecer sencillo y misiones con cierto encanto. Todo parece tranquilo. Incluso fácil. Pero llegar ahí… no tiene nada de sencillo.

No es solo saber de ciencia

Para empezar, un astronauta no se entrena únicamente en su especialidad. Da igual si viene de la ingeniería, la medicina o la aviación. Una vez dentro, tiene que aprender de todo, tanto de emergencias allí arriba, como de navegación de la nave, mantenimiento de los equipos, comunicaciones, etc. Primero reciben una base general de las misiones, y luego tienen que especializarse según la misión a realizar.

¿Cómo es el entrenamiento físico?

En misiones largas, como las de la Estación Espacial Internacional, los astronautas pueden pasar meses flotando. Y eso tiene consecuencias.
Pérdida de masa muscular. Disminución de la densidad ósea. Problemas circulatorios.

Por eso entrenan fuerte antes de salir. Mucho más de lo que parece.
Rutinas de fuerza, resistencia, ejercicios cardiovasculares… todo pensado para preparar el cuerpo. Y no solo antes. Durante la misión también deben entrenar a diario, unas dos horas al día, para minimizar esos efectos. No es opcional. Es parte del trabajo.

Simulaciones: repetir hasta automatizar

Aquí viene una de las partes más intensas. Los astronautas pasan muchas horas en simuladores. Recrean situaciones reales, posibles fallos, emergencias. Una y otra vez. ¿Un fallo eléctrico? Lo practican. ¿Una fuga de aire? También. ¿Un incendio en la nave? Por supuesto.

La idea es clara: que, llegado el momento, no tengan que pensar demasiado. Que reaccionen.

En centros como el Johnson Space Center de la NASA, hay réplicas casi exactas de módulos de la ISS. Todo está diseñado para que la experiencia sea lo más real posible. Y se nota. Porque cuando algo falla en el espacio, no hay margen para improvisar.

Entrenamiento en gravedad cero… sin salir de la Tierra

Puede sonar extraño, pero sí, se puede simular la ingravidez aquí abajo.
Uno de los métodos más conocidos son los vuelos parabólicos. Aviones que suben y bajan en trayectorias específicas, generando unos segundos de microgravedad en cada maniobra. No dura mucho. Pero sirve.

Otra herramienta clave son las piscinas gigantes. Por ejemplo, el Neutral Buoyancy Laboratory en Houston, donde los astronautas se ponen sus trajes espaciales y se meten en las piscinas, simulando los movimientos del espacio.

Y sobre todo, permite entrenar tareas complejas, como reparaciones externas.

Preparación psicológica: convivir y resistir

Este punto suele pasarse por alto. Pero es clave. En una misión larga, los astronautas viven en espacios reducidos, aislados, lejos de su familia y con un grupo muy pequeño de personas. Durante meses.

Por eso reciben entrenamiento psicológico. Aprenden a gestionar el estrés, a comunicarse mejor, a resolver conflictos. También se realizan simulaciones de aislamiento. Proyectos como Mars500 o misiones análogas en lugares remotos (desiertos, estaciones polares…) sirven para estudiar cómo reaccionan en entornos extremos.

No se trata solo de aguantar. Se trata de convivir.

Trabajo en equipo: nadie va solo

Aunque cada astronauta tiene su especialidad, todo funciona como un equipo.
Se entrenan juntos. Practican escenarios donde cada uno tiene un rol específico. Aprenden a confiar en los demás. Porque en el espacio, la coordinación lo es todo.

Un error pequeño puede escalar rápido. Y ahí, la comunicación marca la diferencia. No es casualidad que muchas agencias espaciales pongan tanto énfasis en habilidades sociales durante la selección.

Preparación médica básica

En misiones largas no siempre hay un médico a bordo. Por eso, los astronautas reciben formación médica. No para sustituir a un especialista, pero sí para actuar en caso de necesidad. Aprenden primeros auxilios, uso de equipos médicos, procedimientos básicos.

Incluso se entrenan para situaciones más complejas, como suturas o atención en caso de emergencia. Además, en la Tierra hay equipos de apoyo que pueden guiarles a distancia si ocurre algo.

Adaptación al ritmo de la misión

Otra cosa que cambia en el espacio es el tiempo. En la ISS, por ejemplo, se ven varios amaneceres y atardeceres al día. Eso puede alterar el ritmo circadiano.
Por eso, parte del entrenamiento incluye adaptarse a horarios estrictos, rutinas marcadas y gestión del sueño.

Dormir mal durante semanas afecta al rendimiento. Y en ese entorno, no te lo puedes permitir.

Tecnología y nuevas misiones: preparación para el futuro

En 2026, el entrenamiento está evolucionando. Las agencias ya están pensando en misiones más largas y lejanas. Marte está en el punto de mira. Y eso cambia todo. Más tiempo de viaje, más aislamiento. Más autonomía.
Por eso se están incorporando nuevas tecnologías en la preparación: realidad virtual, inteligencia artificial, simulaciones más avanzadas.

También se entrena para resolver problemas sin depender tanto de la Tierra, ya que la comunicación puede tener retrasos importantes en misiones lejanas.
El enfoque es claro: preparar astronautas más autosuficientes.

No es solo ciencia o pilotaje. Es resistencia, adaptación, trabajo en equipo, toma de decisiones bajo presión. Es prepararse para un entorno donde todo puede cambiar rápido.

Visto así, flotar en el espacio ya no parece tan sencillo.

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