Científicos en ‘shock’: un estudio confirma que la respiración identifica a una persona con un 97% de precisión
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Se sabe que las huellas dactilares tienen un diseño irrepetible y funcionan como una firma personal. Lo mismo ocurre con el iris, el ADN o el trazado de las venas en la palma, y a esta lista se suma ahora la forma en la que respiramos.
Parece una cuestión banal, sin demasiada carga informativa, pero un estudio reciente publicado el jueves 12 de junio en la revista Current Biology demuestra lo contrario. Usando un algoritmo, los investigadores lograron identificar personas en base a sus «huellas respiratorias» con una precisión cercana al 97 %.
Descubren que el patrón de respiración identifica a cada persona
El experimento se llevó a cabo en el Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel. 97 voluntarios sanos aceptaron llevar durante 24 horas un pequeño dispositivo que medía el flujo de aire por cada fosa nasal. El aparato registraba de forma continua cada inhalación, cada exhalación y los silencios entre medias, sin interrumpir sus rutinas.
No se trataba de contar cuántas veces respiraban por minuto, lo que interesaba eran detalles más finos: la duración de cada pausa, la asimetría entre fosas, la variación a lo largo del día.
El software cruzó todos esos datos, y lo que encontró fue que cada persona tenía una especie de huella respiratoria que no se repetía en ningún otro participante.
Incluso meses después, al repetir el registro, el patrón seguía ahí, como un sello personal. La respiración de cada individuo era tan característica como su voz o su rostro.
¿Qué tiene que ver la respiración con el cerebro?
Lo más interesante de este descubrimiento es lo que dice del vínculo entre la respiración y el cerebro. Respirar por la nariz activa zonas cerebrales relacionadas con la memoria, el lenguaje y las emociones. Y esa conexión no es casual: el olfato fue el primer sentido que desarrollaron los mamíferos.
Según Noam Sobel, neurobiólogo y coautor del estudio, inhalar modifica la actividad neuronal. Hay tareas cognitivas (visuales, auditivas, incluso táctiles) que se resuelven mejor cuando se realizan justo al inspirar. En cierto modo, el momento en que coges aire te pone en un estado más receptivo.
También se refleja en parámetros como el estado de ánimo, la ansiedad o incluso el índice de masa corporal. El equipo encontró que quienes reportaban más ansiedad presentaban pausas respiratorias más irregulares, sobre todo mientras dormían. Y los que marcaban puntuaciones más altas en los test de depresión tendían a exhalar de forma más breve y entrecortada.
El estudio sugiere una pregunta que puede ser determinante: ¿la ansiedad cambia tu forma de respirar o tu forma de respirar contribuye a tu ansiedad? Si es lo segundo, quizá se pueda intervenir desde ahí. Enseñar a una persona a modificar su respiración podría, con el tiempo, mejorar su estado mental.
¿Puede la respiración convertirse en una herramienta médica?
Los investigadores ya trabajan en mejorar su dispositivo, hacerlo más ligero y más cómodo. Si logran que sea viable en el entorno clínico, podría usarse para detectar alteraciones antes de que aparezcan las consecuencias.
Renato Zenobi, profesor de química analítica en el ETH de Zúrich, considera que este tipo de análisis puede reforzar los métodos diagnósticos actuales. «Algunas enfermedades se diagnostican con cuestionarios», señala. «Pero si se pudiera medir algo metabólico, más el patrón respiratorio, el resultado sería más sólido, más robusto.»
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