La biología lo confirma: ésta es la verdadera función de las huellas dactilares y no es para identificarnos
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¿Para qué sirven realmente las huellas dactilares? Las utilizamos a diario para desbloquear el teléfono móvil e identificarnos, pero su función original no tiene nada que ver con esto. Las huellas empiezan a formarse en el útero, entre las semanas 10 y 16 de gestación, y su diseño final es el resultado de una serie de condiciones aleatorias, como la posición del feto o la presión del líquido amniótico, y varios factores genéticos. Por este motivo, no existen dos huellas idénticas, ni siquiera entre gemelos.
Una vez formadas, permanecen inalterables durante todas las etapas de la vida, excepto en casos de lesiones profundas que afecten a las capas internas de la piel. Gracias a ellas, aumenta la fricción entre los dedos y los objetos, permitiéndonos sujetarlos con firmeza. Sin ellas, todo se nos escaparía de las manos, ya que las crestas, igual que la banda de un neumático, actúan como pequeños canales que desvían el agua, evitando que se forme una película entre la piel y el objeto, y mejorando el agarre. El diseño es extremadamente simple, pero, desde la antigüedad, ha sido clave para trepar, recoger alimentos y fabricar herramientas.
¿Para qué sirven las huellas dactilares?
En las huellas dactilares, existen tres tipos de patrones:
- Los arcos se caracterizan por líneas que atraviesan el dedo de un lado a otro formando una curva suave, sin vueltas cerradas.
- Los bucles se distinguen porque las líneas entran por un lado del dedo, forman una curva y regresan al mismo lado. Pueden ser radiales o ulnares, según la dirección del bucle.
- Por último, las espirales, también llamadas verticilos, presentan un diseño circular o en forma de remolino, con líneas que giran alrededor de un punto central.
Más allá de la función de agarre, las huellas dactilares mejoran la percepción del tacto, ayudando al cerebro a registrar con mayor claridad las formas, las vibraciones y las texturas de los objetos. Esto explica por qué los dedos son una de las zonas más sensibles del cuerpo humano. Asimismo, los surcos de las huellas canalizan el sudor, evitando que se acumule en exceso en las manos.
Aplicaciones en medicina
Una de las aplicaciones más relevantes se encuentra en el diagnóstico y estudio de trastornos genéticos. Por ejemplo, en personas con Síndrome de Down es frecuente observar variaciones específicas en los dibujos de las crestas dactilares, como cambios en la frecuencia de ciertos patrones o alteraciones en la disposición de las líneas. Algo similar ocurre con el Síndrome de Turner, una condición genética que afecta a mujeres por la falta total o parcial de un cromosoma X.
Otro campo de estudio relacionado es el de los estudios dermatoglíficos. La dermatoglifia es el «estudio de los patrones de crestas y surcos presentes en la piel de las yemas de los dedos, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Estos patrones, que incluyen huellas dactilares, son únicos para cada individuo y se forman durante el desarrollo embrionario», según la Clínica Universidad de Navarra. Algunos estudios han explorado vínculos entre los patrones de huellas y enfermedades como la diabetes, la hipertensión o incluso algunos trastornos psiquiátricos.
Biometría y seguridad
En 1892, el británico Sir Francis Galton clasificó los patrones de las huellas dactilares, estableciendo un método que todavía se utiliza de forma básica en criminología y antropología. Poco después, en 1901, el comisario de policía argentino Juan Vucetich aplicó la primera identificación criminal basada en huellas dactilares, resolviendo un caso de asesinato mediante este sistema.
Con el avance de la tecnología, las huellas dactilares pasaron a convertirse en un elemento central de la biometría moderna. Su integración en la vida diaria se amplía gracias a modalidades avanzadas de inteligencia artificial, que mejoran la precisión, robustez e inclusividad de los sistemas biométricos, que se basan en rasgos fisiológicos, como las huellas dactilares, y se pueden combinar en modalidades híbridas para optimizar el reconocimiento. Existen dos funciones principales: la verificación (1:1), que confirma la identidad de un usuario, y la identificación (1:N), que lo compara con una base de datos.
«Al combinar la biometría con enfoques descentralizados de IA, como el aprendizaje federado y la formación en el dispositivo, estos sistemas ofrecen alternativas escalables y centradas en la privacidad a las contraseñas tradicionales. A medida que Europa establece referencias mundiales, las tecnologías biométricas evolucionan hacia un futuro en el que la seguridad y la privacidad sean elementos fundamentales de una sociedad digital digna de confianza», señala Telefónica.
Finalmente, cabe señalar que el artículo 9.1 del Reglamento General de Protección de Datos establece: «Quedan prohibidos el tratamiento de datos personales que revelen el origen étnico o racial, las opiniones políticas, las convicciones religiosas o filosóficas, o la afiliación sindical, y el tratamiento de datos genéticos, datos biométricos dirigidos a identificar de manera unívoca a una persona física, datos relativos a la salud o datos relativos a la vida sexual o las orientación sexuales de una persona física».
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