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Afganistán desafía las leyes naturales: construye un río artificial de 285 km y los países vecinos no están tranquilos

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El gobierno de Afganistán decidió acelerar las obras relacionadas con la construcción del canal Qosh Tepa. Se trata de una infraestructura que busca desviar agua del río Amu Daria para fines agrícolas. Según un reporte de The Times of Central Asia, el proyecto es crítico para la estabilidad regional debido a la alta dependencia de las naciones de la cuenca baja hacia este caudal.

El proyecto, en realidad, se remonta a la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, ha cobrado impulso bajo la administración actual afgana. Con una longitud proyectada de 285 km, el canal atraviesa las provincias de Balkh, Jawzjan y Faryab.

Las autoridades defienden la obra como una medida indispensable para paliar la inseguridad alimentaria, mientras que los países vecinos piensan en el impacto en que la obra tendrá en sus propios sistemas de regadío.

El polémico río artificial de Afganistán

Según datos técnicos de Adroit Associates, la capacidad de extracción del canal podría alcanzar entre 6 y 13 kilómetros cúbicos anuales, lo que supone hasta una cuarta parte del flujo total del Amu Daria.

Este río artificial tiene como objetivo principal irrigar 500.000 hectáreas de tierras áridas en el norte de Afganistán. Además, el uso de un sistema de gravedad en lugar de bombeo permitiría un ahorro operativo de 181 millones de euros en diez años, aunque el gobierno optó finalmente por una ubicación de toma distinta por costes iniciales.

Sin embargo, la construcción enfrenta críticas técnicas por el posible incumplimiento de las leyes naturales del equilibrio hídrico. Expertos citados por EFE advierten que el uso de tecnologías obsoletas genera filtraciones que elevan el nivel de las aguas subterráneas, lo que provoca la salinización del suelo.

Este desvío de las aguas, que crea un río artificial, es una verdadera amenaza para la región. A largo plazo, pone en riesgo la productividad tanto en territorio afgano como en las áreas agrícolas de países vecinos, como Uzbekistán y Turkmenistán, donde se prevén reducciones de caudal de hasta el 30% en los próximos 5 años.

Las consecuencias económicas y diplomáticas en la región

La falta de acuerdos transfronterizos agrava la tensión geopolítica en la región asiática. Afganistán no forma parte de los convenios actuales de reparto de agua de la era soviética, lo que genera un vacío legal en la gestión del Amu Daria.

Según las proyecciones económicas, el canal podría generar ingresos agrícolas de entre 470 y 550 millones de euros anuales para la economía afgana, lo que fortalece su autonomía financiera frente a la región. El proyecto, que cuenta con la participación de más de 60 contratistas, se financia exclusivamente a través de recursos nacionales. Las dimensiones de la obra alcanzan los 100 metros de ancho y mantienen una profundidad media de 8,5 metros.

La viabilidad del proyecto también se ve amenazada por el cambio climático. Los modelos hidrológicos indican que, aunque hay agua suficiente la mayor parte del año, existen déficits críticos en mayo y junio.

 ¿Qué es lo que sigue ahora?

El gobierno afgano prevé finalizar la segunda fase del proyecto en los próximos meses, habiendo completado ya el 93% de este tramo según fuentes oficiales.

Mientras la construcción del río artificial avanza, la presión sobre los ecosistemas de Asia Central, ya afectados por la desaparición del mar de Aral, continúa en aumento.