El misterio de los radares de Puig Major en Mallorca: el expediente OVNI de Defensa que investigó las historias sobre el EVA-7
El documento 920731, fechado en 1992 y desclasificado cinco años después, no confirma que aquel año apareciera una nave sobre la isla
El expediente nació después de que la revista ‘Año Cero’ publicara informaciones sobre supuestos objetos detectados por los radares del EVA-7
El Ejército del Aire comprobó los datos y encontró errores en algunas de las afirmaciones publicadas
El nombre de Puig Major está inevitablemente unido a la vigilancia aérea de Mallorca. En sus instalaciones se encontraba el EVA-7, una estación del Ejército del Aire equipada para controlar el espacio aéreo de la zona. Durante años, la instalación también quedó vinculada a relatos sobre supuestos objetos extraños detectados por sus radares.
Una de las historias más llamativas apareció publicada en la revista Año Cero en 1992. El reportaje hablaba del denominado Triángulo del Silencio y atribuía a antiguos militares vinculados al EVA-7 testimonios sobre objetos que habrían aparecido en las pantallas de radar.
Entre las afirmaciones publicadas figuraba una cifra extraordinaria: 540.000 kilómetros por hora. La historia podía haberse quedado en una publicación sobre fenómenos misteriosos. Pero el Ejército del Aire decidió comprobarla.
De aquella actuación nació el expediente 920731, fechado el 31 de julio de 1992, con 12 páginas e ilustraciones y posteriormente desclasificado en septiembre de 1997. Y aquí existe una precisión fundamental: el expediente no significa que el 31 de julio de 1992 el Ejército detectara un objeto viajando a 540.000 kilómetros por hora.
El documento es, esencialmente, una investigación sobre las informaciones publicadas y sobre sus antecedentes. El expediente recoge la información aparecida en la revista y analiza los datos relacionados con algunos de los antiguos miembros del EVA-7 que eran citados en el reportaje. Uno de ellos era Pedro Crespí.
La documentación militar introduce una corrección sobre su cargo: no había sido jefe del EVA-7, como se había presentado en la publicación, sino que había estado destinado en la unidad como responsable de Comunicaciones y Electrónica.
También se revisan otros datos relativos a militares mencionados en el artículo. El detalle es importante porque demuestra que Defensa no se limitó a validar el relato periodístico. Lo contrastó. Y encontró errores. Pero la investigación no terminó ahí. Al revisar la historia, aparecieron referencias a documentación anterior relacionada con fenómenos observados en la zona.

El episodio de 1975
Entre esos antecedentes figuraba un episodio de 1975. Es ahí donde el expediente de 1992 adquiere una segunda dimensión. Porque demuestra que, antes incluso de que la revista publicara su reportaje, ya existían documentos militares relacionados con fenómenos observados o detectados en el entorno del EVA-7.
Eso no significa que aquellos fenómenos fueran naves extraterrestres. Tampoco significa que las velocidades publicadas por la revista fueran ciertas. Significa que existían antecedentes documentales que el Ejército consideró necesario revisar al analizar lo publicado.
La cifra de 540.000 kilómetros por hora es probablemente el dato que más ha contribuido a alimentar el mito de Puig Major. Pero para un reportaje basado en documentos oficiales conviene ser extremadamente preciso.
La cifra pertenece a las afirmaciones recogidas por la publicación periodística. No es una velocidad que el expediente militar de 1992 certifique como medida por los radares del EVA-7. Presentarla como una confirmación de Defensa sería ir más allá de lo que dice el documento.
El expediente, de hecho, muestra precisamente al Ejército comprobando y corrigiendo parte de la información aparecida en prensa. Eso no elimina el interés histórico del caso. Al contrario, lo hace más interesante porque permite observar cómo una historia sobre supuestos objetos detectados por radares militares llegó a las páginas de una revista, provocó una comprobación por parte del propio Ejército y terminó generando un documento oficial.
La documentación también demuestra que las historias sobre el EVA-7 tenían antecedentes anteriores a 1992. El episodio de 1975 aparece como una referencia dentro de la documentación examinada. Es decir, el expediente de 1992 no crea el misterio, lo recupera. Y deja constancia de que existía una historia previa que el Ejército podía consultar en sus propios archivos.
Avistamiento de fenómenos extraños (Expedientes OVNI)
Cinco años después, el expediente fue desclasificado. La Biblioteca Virtual de Defensa lo conserva dentro de su colección de Avistamiento de fenómenos extraños (Expedientes OVNI). Son 12 páginas e ilustraciones que permiten comprobar qué parte de aquella historia procedía de la prensa, qué datos fueron corregidos por los militares y qué antecedentes documentales existían.
Y esa es probablemente la forma más rigurosa de contar el caso. No decir que Defensa confirmó naves capaces de alcanzar 540.000 kilómetros por hora. No afirmar que los radares militares descubrieron objetos extraterrestres, sino explicar que una revista publicó esas afirmaciones, que el Ejército del Aire las investigó, que detectó errores en algunos datos y que, durante esa comprobación, aparecieron referencias a antiguos informes relacionados con el EVA-7.
El expediente no resuelve el misterio de Puig Major, pero sí documenta algo que hasta ahora pertenecía en buena medida al terreno de los relatos: el interés oficial del Ejército por comprobar qué había detrás de aquellas historias.
Y quizá ahí está el verdadero interés periodístico del documento. Porque la pregunta ya no es si alguien contó que los radares del Puig Major habían detectado algo extraordinario. Eso está documentado.
La pregunta es otra: ¿qué había realmente detrás de los fenómenos registrados en los antiguos informes del EVA-7? El expediente de 1992 no ofrece una respuesta definitiva, pero permite seguir el rastro documental de aquella historia desde las afirmaciones publicadas en prensa hasta los archivos del Ejército del Aire.
Y deja una certeza mucho más sólida que cualquier leyenda: el misterio de Puig Major llegó a los documentos oficiales y los militares se tomaron el trabajo de comprobarlo.