El legado de Nacho Duato ha renacido con su compañía de danza
Cuatro coreografías, creadas entre 1990 y 2005, iban a ser las mensajeras de su legado revisitado en el Auditórium de Palma
Llama la atención la perfecta sintonía y sincronía del cuerpo de baile en tan solo dos años de trabajo
Por segundo año consecutivo, la Compañía de Danza Nacho Duato ha sido llamada a participar en el Ciclo de Danza del Auditórium de Palma y lo ha hecho a teatro lleno, sin duda buena muestra del legado de la Temporada de Ballet (1996-2010) desaparecida debido a la crisis económica. Significativa esta segunda visita, porque nos permite ser testigos del grado de evolución de un proyecto nacido el año 2024, a través del cual Nacho Duato transmite a la nueva generación de bailarines su legado coreográfico atesorado desde 1983, el año de Jardí Tancat, su primera obra completa.
Si el año pasado el interés se centraba en conocer Cantus, el primer trabajo creado expresamente para ser bailado por sus nuevos pupilos, esta vez era prioritario bucear en algunos de sus trabajos alejados en el tiempo, que de hecho están en la base fundacional de CDND: transmitir su legado. Así pues, cuatro coreografías, creadas entre 1990 y 2005, iban a ser las mensajeras de su legado revisitado, en el que la clave sigue siendo la fusión del ballet con la danza contemporánea, aunque anteponiendo el dramatismo que está en la naturaleza misma de la danza contemporánea al lirismo sobre el que se crea toda la expresividad del ballet clásico. Esta ruptura deliberada queda bien a la vista en su flex característico (pie en ángulo recto) en contraposición al point (el empeine estirado) del ballet clásico.
Con el paso del tiempo, numerosos trabajos han incorporado esta técnica, si bien cargando las tintas en el mimo o la expresión corporal a secas, algo en lo que jamás ha caído Duato, porque la música es para el valenciano motor de dinámicas corporales, de ahí que el espectador quede fascinado por el maridaje perfecto de las notas con esa carga dramática de los movimientos. Nada queda al azar. Todo fluye con naturalidad, porque la música dicta en cada momento cuándo los bailarines deben desafiar la gravedad. En cambio, muchas coreografías de los últimos tiempos van por libre, en el sentido de lastrar el baile con figuras caprichosas que responden más a un impulso que a ideas concretas capaces de elevar contorsiones a territorios de excelencia.
Llama la atención la perfecta sintonía y sincronía del cuerpo de baile en tan solo dos años de trabajo; un cuerpo de baile que es el corazón del que salen a modo de latidos los solos, pasos a dos, figuras de mayor protagonismo, sin menospreciar en absoluto el trabajo de conjunto, admirable fusión de estilos que invaden luminosamente con su plasticidad el espacio escénico.
Para comenzar la velada, sonaron las raíces bereberes invadiendo Gnawa, una coreografía de 2005, concebida a modo de continuación de Mediterrania (1990). De alguna manera, esta apertura venía a encajar la intencionalidad del programa en su conjunto. Siguió después Liberté (1990), centrado en un paso a dos que en realidad es un fragmento extraído de Rassemblement, coreografía de aquel mismo año. El plato fuerte –al menos así lo entiendo– iba a llegar con L’amoroso, que en alguna parte he leído que se trataba de un estreno, cuando en realidad hablamos de una coreografía de 2004, pero con la particularidad de haber sido creada para CND2, es decir, la cantera de los futuros bailarines de la Compañía Nacional de Danza, que el propio Duato dirigió durante dos décadas, de 1990 A 2010. Así que lo de estreno no iba desencaminado, tratándose de la CDND, sus nuevos pupilos.
Me refería antes a que Nacho Duato entiende la música como motor físico, traduciendo sus notas en dinámicas corporales. En el caso de L’amoroso, la inspiración le llegaba del diálogo de violas de gamba del barroco veneciano y napolitano de los siglos XVI y XVII, eligiendo como leitmotiv las danzas palatinas de la época; de ahí la sencillez en la geometría del relato, aunque portadora en el fondo de algo tan valioso en la juventud como «la vitalidad, la inocencia y el dinamismo», como así nos lo cuenta el programa de mano.
De alguna manera, para Nacho Duato, recuperar L’amoroso en sus actuales circunstancias como director de la CDND venía a significar despertar esas vibraciones sentidas en 2004 mientras pensaba en desafíos a la gravedad, a modo de iniciación para aquellos jóvenes valores que hoy vuelven a ser un presente muy vivo. Delicados movimientos se desvanecían y regresaban en la coreografía más esperada de la noche en la sala magna del Auditórium.
Cerrando el programa, un clásico: Na Floresta (1990), que se remonta a los orígenes de Duato al frente de la Compañía Nacional de Danza. A través de la música de Heitor Villa-Lobos, en colaboración con Wagner Tisso, aflora la belleza y el folclore de la selva amazónica encarnada en «la fusión orgánica entre música y cuerpo», como siempre se ha definido esta coreografía.
El público de Mallorca ha sabido captar la trascendencia de unos trabajos a la medida de la danza contemporánea, más exquisita y trascendente, vivida en el presente como un referente absoluto e indiscutible. Nacho Duato nos ha regalado dos visitas inolvidables y probablemente habrá más porque es un ferviente admirador del inmenso espacio que le brinda el escenario de la sala magna del Auditórium de Palma para que galopen sus coreografías. Es una lástima que no lo hubiera hecho en los años de la Temporada de Ballet. En todo caso, el legado coreográfico de Duato ha renacido con la CDND.
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