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Un lago de lujo de 60.000 litros en plena sequía: la fiesta egipcia privada que pone en jaque el ahorro de agua en Ibiza

El Ayuntamiento ha marcado distancias con la decisión de los organizadores y asegura que desconocía previamente que se fuera a instalar el lago

Una fiesta privada en Sant Antoni (Ibiza) ha quedado en el centro de la polémica por el uso de agua para crear un lago artificial ornamental en la cantera de sa Pedrera. La organización, Van Wyck, asegura que utilizó menos de 60.000 litros de agua, mientras que las primeras estimaciones apuntaban a unos 170.000 litros.

La polémica llega en plena sequía y con restricciones de agua, cuando las administraciones de Ibiza reclaman a ciudadanos y empresas que extremen el ahorro de este recurso.

El Ayuntamiento de Sant Antoni ha marcado distancias con la decisión de los organizadores y asegura que desconocía previamente que se fuera a instalar el lago. El Consistorio afirma que en la documentación presentada para autorizar el evento no aparecía ninguna referencia expresa al lago artificial, ni sus dimensiones ni la cantidad de agua necesaria para llenarlo.

La organización sostiene que el agua utilizada procedía de camiones cisterna y que se empleó para cubrir una superficie de unos 850 metros cuadrados con una profundidad de apenas unos centímetros. Según Van Wyck, el agua fue posteriormente retirada para su reciclaje y reutilización en el sistema de aguas grises. Pero el Ayuntamiento considera que el problema va mucho más allá de si fueron 60.000 o 170.000 litros de agua.

 El Consistorio califica de «absolutamente desacertada, innecesaria y difícilmente justificable» la decisión de utilizar agua para crear un elemento ornamental en una isla donde el recurso es especialmente escaso. La fiesta, organizada por Van Wyck & Van Wyck, reunió a unos 300 o 400 invitados y contó con una espectacular ambientación inspirada en Egipto, actuaciones y diferentes espectáculos. El acceso era privado y mediante invitación.

Desde el Consistorio defienden que se trató de una actividad puntual, de aforo reducido y con carácter solidario. Los promotores se comprometieron a donar 40.000 euros a Cáritas Sant Antoni y otros 10.000 euros al Motoclub de Ibiza y Formentera, hasta alcanzar los 50.000 euros destinados a fines benéficos.

La organización también sostiene que el evento se desarrolló sin incidentes, que se cumplieron las condiciones de seguridad, ruido y aforo y que las inspecciones realizadas durante la celebración no dieron lugar a actas de infracción.

Sin embargo, el lago artificial de la fiesta privada se ha convertido en el símbolo de una contradicción difícil de ocultar: mientras Ibiza atraviesa una situación de presión sobre sus recursos hídricos y las administraciones reclaman ahorro de agua, una celebración privada utilizó decenas de miles de litros para crear durante unas horas un elemento puramente decorativo.

El Ayuntamiento insiste en que la cuestión fundamental no es únicamente cuánta agua se gastó, sino para qué se utilizó. Y ahí está precisamente el núcleo de la polémica: en una isla donde cada litro cuenta, el debate sobre un lago de usar y retirar acaba siendo inevitable.