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Entrevista al compositor mallorquín

Joan Martorell: «No quiero perder mi esencia y, por tanto, no perder el camino»

"Cuando te dan vía libre y realmente te piden que hagas tu propia música, es lo mejor que puede pasar"

"Fra Juníper Serra y Ramon Llull, si hoy vivieran entre nosotros, serían unos auténticos  influencers"

"He tenido la suerte de trabajar con los más grandes creadores de bandas sonoras y nunca imaginé poder llegar a hacerlo"

Joan Martorell (Porreres, 1976) ha desarrollado una destacada carrera en el mundo sinfónico, además de haber trabajado como compositor con la élite mundial de autores de bandas sonoras. Sus inicios fueron en las bandas de música y después vino el Conservatorio Superior y la carrera profesional.

Acaba de editar L’Essència del meu camí, disco por encargo de la Federación Balear de Bandas de Música, donde en realidad ha arreglado temas suyos para banda sinfónica, contribuyendo a enriquecer el patrimonio cultural. Y puestos a valorar este trabajo, lo tiene claro: «No quiero perder mi esencia y, por tanto, no quiero perder el camino».

Pregunta.- ¿Cuál es la singularidad de L’Essència d’un camí?

Respuesta.- Es un disco de música creada para banda sinfónica y con la particularidad de que, en Baleares, no hay demasiadas opciones porque por regla general nuestras bandas de música carecen de esta parte sinfónica, es decir, con una serie de instrumentos de cuerda. La Federación de Bandas de Música durante una serie de años me encargó algunas obras. Cuando había en torno a los setenta minutos de música para banda, me propusieron hacer un álbum en el que aplicar mi experiencia y mi lenguaje a esa herramienta que al fin teníamos, una banda sinfónica. El resultado ha sido la adaptación de aquellas obras, pensando en que cada uno de los instrumentos sonase de una forma lo más orgánica posible, lo más próxima al lenguaje sinfónico.

P.- Sus instrumentos del Conservatorio son el piano y la percusión, y llama la atención que parte de su trabajo para el cine son bandas sonoras para películas de acción. Entiendo vinculado al hecho de que es percusionista.

R.- La verdad, ha sido algo casual. Es cierto que cuando me han encargado un trabajo ha sido en función de mi trayectoria, de mi sonido más personal y eso es lo bueno porque en el mundo de las bandas sonoras muchas veces pasa que te piden que copies a otros compositores. Pero cuando te dan vía libre y realmente te piden que hagas tu propia música, lo que tú realmente ves en la pantalla poniendo en valor tu parte creativa, es lo mejor que puede pasar. Y en este sentido es cierto que la percusión forma parte de mi estilo, el piano también. Siempre digo que es una formación 360: la percusión te da la parte rítmica, realmente el pulso que debes tener; en cambio, el piano te complementa para organizar adecuadamente armonía, melodía y ritmo.

Siempre digo que sería muy importante cuando aprendes música, que todos  además de tener formación de un instrumento, también aprendiesen algo de la parte rítmica porque ayudaría mucho en el aprendizaje musical. Yo tuve la suerte de que desde el principio sentí atracción por el piano y la percusión. Es cierto que cuando recibo un encargo, pongo mis ingredientes y cuando trabajo en películas de acción, la parte percusiva lleva a moverte en torno a determinados instrumentos y me ha ido muy bien.

P.- Volviendo al disco, me llama la atención su estructura. De hecho, es un recopilatorio de sus trabajos entre 2011 y 2025, si bien cabe interpretarlo, si me lo permite, como una suerte de suite sinfónica.

R.- Es cierto que hay una parte que se ajusta a lo que dice, pero yo prefiero hablar de suite vital, desde el momento que coges una serie de obras que se corresponden con diferentes momentos de tu vida, en los que experimentas y también aprendes. En realidad, se convierte en parte de ti, porque hablo de un conjunto de obras que les une referirse a momentos vitales donde he ido experimentando con la música sinfónica para banda; también he aprendido cómo funcionaba este lenguaje y cómo podía darle otra dimensión. Imagina un pintor que tiene siempre a disposición la misma paleta de colores si bien los cuadros varían conforme se desarrolla tu período vital. Pese a ser toda una serie de temas independientes, podríamos estar de acuerdo en hablar de una suite sinfónica basada en haber una parte de mí en cada pieza.

P.- También me ha llamado la atención el tempo en la narrativa hasta llegar a un crescendo dando pie a una suerte de filosofía zen. Porque es reflexivo realmente el trabajo que ha hecho con los arreglos sinfónicos.

R.- Sí, totalmente de acuerdo. Creo que al final las creaciones deben surgir desde la honestidad, sean encargos, y también algo más personal. A veces he dicho que no a encargos que me han hecho. Es cierto que todo es muy reflexivo porque en el fondo soy una persona muy pasional, pero a la vez muy reflexivo, es decir, intentando dejar trabajar a la cabeza. Cuando acabamos el disco lo escuchaba analizando su continuidad y es verdad que todas las piezas comienzan desde un no res, algo básico, algo que siempre me ha gustado porque es como una declaración de intenciones, y a partir de aquí hay una exposición de otras cosas. Es verdad que es como un discurso que siempre intento que sea claro, nada confuso; primero, debo entenderlo yo, después ya nos liaremos. Le agradezco la pregunta porque me había dado cuenta pero sin prestarle demasiada atención y usted sí lo ha visto. 

P.- Resulta interesante incluir personajes mallorquines históricos. ¿Cuál ha sido el proceso y cómo lo ha plasmado en las partituras? Por otra parte, el título del disco parece en realidad estar reflejando la esencia de su camino.

R.- Lo ha dicho muy bien; es el reflejo de mi trabajo, tal cual. Fra Juníper Serra y Ramon Llull, si hoy vivieran entre nosotros, serían unos auténticos  influencers. Ramon Llull fue un erudito, nuestro Leonardo da Vinci, y Fra Juníper Serra fue un creador de ciudades. Esta gente que era tan potente, a todos los niveles, en una época en la que no existían las posibilidades ni los conocimientos del momento presente, hicieron cosas inimaginables. Nacen ambas partituras desde la admiración, pero también teniendo conciencia de su trascendencia creando caminos. Esta parte es la más profunda, en la que me he documentado con mayor intensidad y compromiso.

P.- La profundización a la que se refiere, ¿qué anotaciones le sugirieron?

R.- Cuando hago música para una película tengo una paleta de colores muy amplia que me permite elegir en cada momento lo que necesito. Aquí, no. Porque disponía de una paleta muy determinada y debía conseguir todas las tonalidades que quería hacer. Cuando pienso en Ramon Llull, lo hago pensando en un lenguaje que pueda ser actual y al mismo tiempo a quien lo escucha pueda trasladarlo al momento histórico. Por ejemplo en el caso de Juníper Serra, hay momentos en que utilizo marimbas, percusiones que son más étnicas para reflejar los viajes que estaba haciendo. Intentaba valerme de aquellas sonoridades que permitieran a la gente, sin necesidad de contársela, poder entender la historia. Pensar en texturas musicales que me puedan transportar a lo que quiero contar. Es como un cocinero que reúne los ingredientes que tiene a mano para crear un regusto a California o a Mallorca o a una situación específicamente de acción. 

P.- Tiene una trayectoria multipremiada y se le conoce especialmente por trabajar con la élite mundial de compositores de bandas sonoras. Más allá de su prestigio personal, cuando llega a casa y coge la carátula del disco, ¿qué sentimientos afloran?

R.- Lo primero, pienso en mi padre, porque gracias al melómano que era, hoy estoy donde estoy. Después pienso en la cantidad de cosas que me quedan por aprender, porque es cierto que he tenido la suerte de trabajar con los más grandes creadores de bandas sonoras y que nunca imaginé la posibilidad de llegar a hacerlo. Aunque lo importante es no perder de vista una cierta perspectiva e intentar seguir siendo tú mismo, sin acomodarte a las modas. Si tienes trabajo, perfecto, y si no, te buscas otra cosa. Me han ofrecido marcharme a vivir a Los Ángeles, pero siempre mi sueño ha sido hacer mis discos, ofrecer mis conciertos, estar tranquilo. La verdad es que no tengo una ambición extrema. No quiero perder mi esencia y, por tanto, no quiero perder el camino. Es lo que pienso al ver la carátula del disco.