España arde traicionada
España arde y Pedro Sánchez vuelve a esconderse detrás de las cortinas de La Moncloa y La Mareta. El Gobierno está de vacaciones, los políticos están de vacaciones, cuando el ejercicio de la política y la responsabilidad que lleva consigo deberían ser en estos casos y en otros de gravedad de una dedicación total. La Ley de Emergencias es clara: cuando una catástrofe afecta a varias comunidades, el mando debe ser del Gobierno central.
Pero Sánchez prefiere mirar para otro lado, delegar la responsabilidad y dejar que cada comunidad se defienda sola, como si esto fuera una anécdota de verano. No lo es. Cada hectárea que se quema es una derrota para nuestro país y lo más inquietante es que nadie en el Ejecutivo parece dispuesto a investigar si detrás de esta oleada de incendios hay algo más que negligencia: intereses ocultos, incluso extranjeros, que saben que destruir nuestros bosques, nuestro turismo y nuestra imagen internacional es también debilitar a España.
Un presidente con sentido de Estado habría tomado el control, desplegado todos los medios y exigido respuestas. Pero Sánchez, fiel a su estilo, opta por la propaganda y la foto fácil, mientras el fuego devora el futuro de todos.
España arde y el Gobierno mira hacia otro lado. No es sólo que los incendios se multipliquen como si fueran fruto de una casualidad estadística imposible; es que la Ley de Emergencias es clara: cuando el fuego afecta a varias comunidades, la coordinación y el mando deben ser del Gobierno central. Sin embargo, Moncloa prefiere lavarse las manos y dejar a las comunidades autónomas que se apañen como puedan. Y así, el fuego avanza, las hectáreas se consumen y los daños se multiplican, en un momento en que la geopolítica se libra en los campos.
Esta vil y ruin política que Sánchez está practicando con el tema autonómico y las competencias me hace preguntarme para qué sirve el Estado Autonómico, el Gobierno y las Leyes de Emergencia y Protección Civil y todas aquellas otras relacionadas con las catástrofes naturales, sean accidentales o intencionadas. Me rebela la utilización del rédito político y el poder por encima de las personas, por encima de la tierra, en definitiva por encima de España. Me avergüenza y me produce una rabia tremenda que por ejemplo el Ministerio de Igualdad tenga un presupuesto de más de 600 millones de euros y sólo 150 millones se empleen en medios y política contra incendios.
Un insulto a la inteligencia y una bofetada a los españoles. Sánchez no gobierna, se atrinchera. No protege, traiciona. No lidera, se esconde. Y mientras España arde, él solo piensa en salvar su sillón.
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