Encuestas internas hablan de un Vox ascendente en Palma
Parece ser, según nos cuenta Tomàs Ibarz, que la secretaria de Estado de Turismo, la mallorquina Rosario Sánchez, ha abandonado su absentismo laboral y se ha puesto las pilas, en modo despacho oficial, lo que viene a confirmar que no andábamos errados al señalar su cara dura a cuenta de la nómina-regalo y, entretanto, dedicarse de extranjis a la política. La expresión de extranjis refiere «hacer algo a escondidas, en secreto, de tapadillo». Lo ha dejado de hacer, parece, y bien por ella, si en efecto ha entrado en razón.
En cualquier caso, lo que sí ha quedado claro es que cometió un ilícito que le obligaría a devolver parte de la nómina, si no fuera de regalo, porque en este país, lamentablemente, cumplir con la ley es un chotis bailado en plan pa chulo, yo mismamente. Aquí no hay manera de pagar por desafueros; una palabra que nos recuerda «actos violentos contra la ley». La RAE, ¿y qué hay más violento que empeñarse en que el dinero público no es de nadie?
Luego está la reacción por completo bipolar del líder de Més per Mallorca, Lluís Apesteguía, en relación a la felicitación de Semana Santa del Govern de Marga Prohens a los ciudadanos de Baleares, que califica como un gran despropósito. Es de suponer que rasgándose las vestiduras, mientras tanto. Esta izquierda debe tener barra libre en Cortefiel y establecimientos por el estilo, pues de lo contrario la veríamos en los plenos del Parlament con la sábana para taparse sus partes. Vamos a ver, Apesteguia. ¿Cuándo tuviste coraje –si es que sabes lo que es– para decirle a Pedro Sánchez que cometía «un despropósito» al felicitar a los musulmanes el final del Ramadán?
Dejémoslo ahí, porque esta chusma no entiende, en absoluto, el significado de la convivencia. Por cierto, lo que refiere chusma es «el conjunto, o bien multitud de gente, grosera y vulgar». La RAE, otra vez. De eso va, obvio, la extrema izquierda de ahora mismo, que nos pudre el presente de España.
A otra cosa, mariposa. Y en esas, llega la prensa local apesebrada llamando ultra Vox, a propósito de una encuesta, por cierto de Més, que al parecer se refiere a la posibilidad de que el partido de Santiago Abascal, en Palma, se nos cuele como segunda fuerza política superando al PSIB-PSOE. Es un sondeo interno de Més, al parecer, y nada tendría de extraño teniendo a un Iago Negueruela, el peluche de Armengol, como alternativa.
Según esta encuesta interna de Més, los de Abascal aumentarían en dos sus escaños en los plenos del Ayuntamiento de Palma, ocho en definitiva, y es por ello que el informador apesebrado nos adelanta que Abascal podría ser quien llevase la campaña en 2027, en parte, imagino, porque el líder de Vox en Cort es Fulgencio Coll. Un alma libre viene a decirnos el redactor.
Debo adelantar que no me asusta Vox, señalado interesadamente como el partido de ultraderecha, heredero del fascismo, por la sencilla razón de que ya estoy acostumbrado al mensaje insistente de la extrema izquierda que ve el peligro que supone emerger un partido sin complejos y, en consecuencia, bien capaz de arruinar su relato, basado en la corrección política, y que no hay nada más al margen de su desquiciada ficción.
Ocurre que uno acostumbra a pensar, y acto seguido, reflexionar. Llego a la conclusión, entonces, de estar hablando de unos primos políticos enfadados entre ellos por la pérdida de valores y algo hay de cierto en ello. Aunque el pero llega inmediatamente después, viendo la peligrosa deriva de Vox, al parecer entregándose a lo que le pondría en brazos de algo distinto.
Volviendo a Baleares y a Palma en concreto. Lo que hemos observado al comienzo de la legislatura es que el grupo parlamentario de Vox no era fiable. ¡Vaya implosión! Sí, en cambio, parece ser que la cosa no va mal del todo en el Consell de Mallorca, donde la regularidad parece estar a la orden del día. ¿Qué ha ocurrido en Palma mientras tanto? Pues, un alcalde eligiendo el gobierno en solitario, menospreciando al grupo municipal de Vox, que habría sido el leal compañero de viaje. No tengo la menor duda, porque mi confianza en Fulgencio Coll es absoluta, además de ser un militar educado en la fidelidad extrema a partir del respeto a unos principios irrenunciables.
Concluyendo, que es gerundio. Si Vox alcanza a convertirse en la segunda fuerza política en Palma, el alcalde a reelección Jaime Martínez haría bien en buscar su alianza, salvo que desaparezca Fulgencio Coll porque alguien en la nomenclatura le haya susurrado al oído de Abascal: a éste no lo quiero. Porque es evidente que Vox no es un partido ultra y sí, en cambio, en manos de asesores externos al partido y jugando sus bazas oscuras. Con el permiso de los apesebrados y partidos de extrema izquierda hablando de agravios.
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