Día del Libro, una fiesta civil
Un día simbólico para la literatura mundial es el 23 de abril. En este día, supuestamente, y en el año 1616, fallecieron Cervantes, Inca Garcilaso de la Vega y Shakespeare. A mayor abundamiento, la fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de autores como Vladimir Nabokov o el español Josep Pla. Por tanto, el Día Internacional del Libro es una conmemoración civil que se celebra cada 23 de abril y a nivel mundial, con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual.
Y desde 1988, es una celebración promovida por la UNESCO. Aunque existía ya un antecedente en España porque en el año 1926, mucho antes que la UNESCO, la Gaceta de Madrid decretó la creación del Día del Libro en homenaje a Cervantes.
Pero el 23 de abril ahora, por obra y gracia del nacionalismo catalán, se nos ha convertido, aquí en Baleares, en una festividad religiosa, la Diada de Sant Jordi, aunque sea el patrón de Aragón y Cataluña, aunque sea el patrón de Aragón y Cataluña. Pero mientras Aragón celebra en tal fecha solo el Día del Libro y no la Diada de Sant Jordi, y sus razones tendrá, en Cataluña, conmemorando la muerte de Sant Jordi, se celebra el Día del Libro y la Rosa.
¿Puede o debe nuestra comunidad, la de Baleares obviamente, celebrar anualmente el Día del Libro o la Diada de Sant Jordi? Porque, aunque tienen la misma fecha y persiguen igualmente fomentar el libro, tienen una raíz distinta, ya que el Día del Libro es una celebración civil hoy ya de carácter universal y Sant Jordi, celebrándose en Baleares, solo persigue identificarnos como una extensión de Cataluña. Ya que, poco a poco, aunque cada vez más, la presión del nacionalismo catalán, aunque sea en realidad de carácter minoritario, va penetrando en lo que persigue: convertir los Països Catalans en la nostra nació. Y a fe que cada día avanzan un paso más.
Resumiendo, Sant Jordi es la traducción del Día del Libro al nacionalismo catalán. Por tanto, ¿con qué denominación nos quedamos?
MARTES: UNA CUESTIÓN INQUIETANTE. El desaforado ataque a un nonagenario en Campos para robarle el móvil y diez euros ha causado una profunda tristeza y una seria preocupación. ¿El ataque fue debido a la enajenación de algún adicto a estupefacientes o solo a delincuentes comunes? Y la diferencia es importante, porque demasiadas noticias recoge la prensa sobre delincuencia reiterada y del mismo estilo no solo en Palma, sino en zonas turísticas, sin que se acierte a ponerle fin. Bien sea por falta de medios o bien, qué mal, claro, por poner en la calle a los delincuentes.
Barcelona se ha convertido en la capital con mayor delincuencia del país. No debería encaminarse Mallorca, donde nuestra industria, el turismo, se basa en la seguridad, hacia la reiteración de una delincuencia común. La advertencia no es ociosa.
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