Un conseller balear del PP carga contra el obispo catalanista de Mallorca por su «hipocresía» al criticar el turismo mientras hace caja con él
El conseller de Turismo, Jaume Bauzà, saca a relucir la doble vara de medir del Obispado: "Ni las bulas papales salvan la hipocresía"
El debate sobre la masificación turística en Mallorca ha desatado un insólito cruce de reproches entre el Govern balear y la Iglesia. El conseller de Turismo, Cultura y Deportes, Jaume Bauzà (PP), ha cargado con dureza contra el obispo catalanista de Mallorca, Sebastià Taltavull, acusándolo de «hipocresía» por cuestionar los excesos del turismo mientras la institución eclesiástica se beneficia económicamente de él.
A través de un largo mensaje en la red social X, el conseller ha respondido a las recientes quejas del prelado sobre la afluencia de cruceristas a Palma y de ciclistas al santuario de Lluc. Para Bauzà, la memoria histórica deja en evidencia el discurso del obispo y recordó que el propio santuario llegó a captar activamente a estos visitantes bajo el lema «Ciclista, Lluc es tu casa».
«Es la parte buena de tener memoria: permite recordar que la hospitalidad, a veces, tiene una curiosa geometría variable», ironizó el responsable autonómico.
Por si fuera poco, Bauzà no se ha quedado ahí y ha puesto cifras sobre la mesa. Ha recordado que gran parte de los pasajeros que bajan de los cruceros acaban pasando por caja en la Catedral de Palma. Asimismo, ha sacado a relucir las 268 plazas turísticas comercializadas en el santuario de Lluc, señalando que han llegado a ser objeto de un expediente por presuntas irregularidades.
«Quizás la codicia es más fácil de reconocer cuando se contempla desde el campanario de otro», ha afirmado al respecto.
El conseller ha querido dejar claro que nadie niega a la Iglesia su derecho a advertir sobre la saturación turística, pero le ha exigido «la misma exigencia moral a las actividades que le reportan ingresos».
«No era això, companys, no era això…», cantava Lluís Llach. I sembla que la cançó continua tenint vigència anys després. El bisbe Taltavull ha descobert els inconvenients del turisme. Li molesten els ciclistes que pugen a Lluc, tot i que no fa gaire el mateix santuari els convidava amb un entusiasta «Ciclista, Lluc és ca teva». És la part bona de tenir memòria: permet recordar que l’hospitalitat, de vegades, té una curiosa geometria variable. També li preocupen els creuers, encara que una bona part dels seus passatgers acaben visitant la Seu. I mentre predica contra la cobdícia turística, convendria recordar les 268 places comercialitzades al Santuari de Lluc, objecte d’un expedient per presumptes irregularitats. Potser la cobdícia és més fàcil de reconèixer quan es contempla des del campanar de qualcú altre. I ja que parlam de memòria, una petita precisió històrica: El 1990 Taltavull era vicari general, no bisbe. Tal vegada va participar en l’elaboració d’aquella carta pastoral, però la signaren els bisbes d’aleshores. La modèstia també és una virtut cristiana, especialment quan es tracta de repartir mèrits retrospectivament. Ningú discuteix el dret de l’Església a advertir dels excessos del turisme. Però seria igualment edificant que aplicàs la mateixa exigència moral a les activitats que li reporten ingressos. Al capdavall, ni les butles papals concedeixen indulgència plenària a la hipocresia. https://t.co/uaZcG0bVBv
— Jaume Bauzà Mayol (@Jbauzamayol) November 1, 2026
Cabe recordar que no es la primera vez que la coherencia de Taltavull queda bajo la lupa pública. Las contradicciones entre el púlpito y la gestión patrimonial del Obispado ya generaron una intensa polémica en Palma, donde Taltavull ha defendido con insistencia la acogida e integración de menores extranjeros no acompañados (menas). Sin embargo, ese discurso humanitario chocó de frente con la vía judicial emprendida por la propia Iglesia, decidida a desahuciar a una familia, con un menor a su cargo, de un local de su propiedad situado en la zona montañosa de Na Burguesa.
La tensión entre la doctrina del obispo y la gestión política también tuvo como diana al Ayuntamiento de Calvià, gobernado por la coalición PP-Vox. Taltavull cargó con dureza contra el consistorio por negarse a ceder las dependencias de un antiguo convento para dar cobijo a los miles de inmigrantes que arriban en patera a las costas de Baleares procedentes del norte de África.
Lejos de rebajar el tono, el prelado redobló sus críticas en una reciente entrevista concedida a la Agencia EFE, donde no dudó en calificar la negativa del equipo de gobierno municipal como una actitud abiertamente «poco cristiana y poco humana».