Bergmann–Kern, la complicidad como un gran tesoro
Cambios de última hora en el concierto de clausura de la temporada de abono 2025-2026 de la Orquesta Sinfónica de Baleares
Hay cambios de última hora en el concierto de clausura de la temporada de abono 2025-2026 de la Orquesta Sinfónica de Baleares, previsto para el 7 de mayo. Finalmente, no lo va a dirigir su titular, Pablo Mielgo, como venía siendo lo habitual desde el año 2015, una vez asumió la dirección artística. El motivo son asuntos familiares y lo cierto es que el cambio nos traerá a Manuel Hernández-Silva, quien en otras ocasiones había dirigido a nuestra Sinfónica.
Atendiendo a su perfil el cambio es singularmente positivo. Allí se lee que «su presencia en el escenario electriza el ambiente de tal modo, que los músicos se sienten invadidos de energía vital moldeada por un sentido artístico de enorme musicalidad». También el programa previsto ha variado. No se interpretará la Sinfonía nº 10 de Gustav Mahler y en su lugar se escuchará la Sinfonía nº 38 – Praga de Mozart y la Sinfonía nº 1 – Titán de Mahler. En cualquier caso, un cierre todo él sinfónico. Llegará entonces el momento de hacer balance y podemos adelantar en ciertamente positivo, por la calidad tanto de solistas como de directores invitados.
Este impecable diseño de la temporada de abono que ahora se cierra es en buena parte atribuible al propio Mielgo. Por citar solamente dos ejemplos, el pasado 19 de marzo Pablo Mielgo dirigía a la ucraniana Anna Fedorova en el Concierto para piano nº 1 de Tchaikovsky y el 23 de abril llegaba el turno para la estadounidense de origen ruso, Olga Kern, quien interpretó el Concierto para piano en la menor de Schumann, esta vez bajo la batuta de Rune Bergmann, elegido como director invitado para la ocasión.
Escribí en su momento sobre la presencia de Fedorova en la temporada y lo adecuado sería hacerlo aquí a propósito de Olga Kern y Rune Bergmann. En el caso del director noruego, vale igualmente el perfil que nos describe al venezolano Hernández-Silva, puesto que comparten la misma pasión y energía a la hora de recrear pasajes trascendentales del romanticismo en el caso de Tchaikovsky, considerado su Concierto para piano nº 1 uno de los máximos exponentes del romanticismo tardío, mientras el de Schumann es reconocido como una de las obras más puras del romanticismo musical.
Es evidente que ambos, pianista y director, estaban disfrutando, y no para menos teniendo en cuenta una consolidada relación de trabajo entre Kern y Bergmann, especialmente en Norteamérica. La más reciente intervención de Kern fue el 15 de febrero con The Santa Fe Symphony (New Mexico), donde interpretó obras de Haydn y Rachmaninov. Por su parte, Bergmann el pasado 7 de marzo dirigió a la Winnipeg Symphony con un programa monográfico titulado Nordic Horizons. Así es como nos llegaban al Auditórium de Palma, Kern y Bergmann. Si hablaba algo más arriba del programa del concierto que cierra la temporada de abono el 7 de mayo, es interesante recordar que Rune Bergmann dirigió en enero pasado a ADDA Simfònica interpretar la Sinfonía nº 38 de Mozart. También sería bueno recordar que el titular de ADDA Simfònica es Josep Vicent, antecesor de Pablo Mielgo en la dirección titular de la Sinfónica de Baleares.
Regresando a Olga Kern, lo que de ella como intérprete más se destaca es su impecable técnica y gran expresividad artística. Ambas dotes quedaron bien de manifiesto durante el concierto de piano de Tchaikovsky, donde a la evidente complicidad entre la intérprete y el director venía a sumarse el inmenso magnetismo de ambos, cuya fuerza arrastra a la orquesta hasta el nivel de excelencia que se convierte en regalo mágico poder disfrutarlo. El gigantón Bergmann no necesitaba tarima alguna para irradiar autoridad en sus modales, para ver nacer la complicidad del conjunto y la solista.
El público estaba impactado por la intensidad de los guiños que irradiaban los gestos de Bergmann, completamente entregado al momento que estaba en curso. En cuanto a Olga Kern, sus dos bises –Debussy y Moszkowsky– eran la mejor prueba de su conformidad con el momento. Lo mismo que le ocurrió días pasados al tenor italiano Francesco Demuro en el concierto extraordinario que tuvo lugar el 30 de abril en el Teatro Principal de Palma. Una improvisada entrega al público agradeciéndole el calor del momento.
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