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El miedo ha cambiado de bando

Debería bastarnos con ver al vicepresidente de la cuota bolivariana pidiendo “el confinamiento poblacional como la mejor medida salvavidas contra el Coronavirus” para clamar contra las medidas de Estado de Excepción impuestas y prolongadas por este Gobierno.

Cada rueda de prensa de Iglesias es, por lúgubre, negligente y sádica, la presentación de un nuevo tomo de Ensayos para la Muerte.

El comunista volvió a pasarse ayer la cuarentena por el forro para subirse al atril de Moncloa frente a los voceros seleccionados y pedir encierro para los demás. Con su enjuta figura, disociada de la americana robada a algún mascachapas de Vallecas, se subió al púlpito para apaciguar a la población en sus casas el mismo tipo que, con sed de sangre de clase, repetía hasta 2016 eso de que “el miedo va a morir de bando” con los caninos apretados de un heredero del FRAP. Cuatro años después, con 9.000 muertos en España víctimas del COVID-19, aquel revisionista es vicepresidente del Gobierno de España y ha adoptado el aura de retor, pero sigue siendo el mismo acomplejado que sabe que el miedo a morir es el motor primario de la humanidad.

“El mecanismo más eficaz para salvar vidas ha demostrado ser el confinamiento, ha dicho el prestigioso Think Tank británico, el Imperial College”, nos repetía el antiimperialista, ahora converso lameojetes de la Pérfida Albiol mientras, a pocos kilómetros, Iván Redondo y Olivé activaban el ciclo de la ingeniería socialista repartiendo maletas con 15 millones de euros públicos en las oficinas del duopolio informativo con el fin de convertir a las cadenas en el No-Do del régimen y a sus presentadores en los palmeros que, si amen de perder sus trabajos, han frenar las imágenes virales de treintañeros y cuarentones denunciando que sus padres han muerto porque no hay respiradores en las UCIS de los hospitales, de médicos y enfermeros tratando de evitar el contagio con bolsas de basura en la cara, y de pacientes con caretas de buceo del Decathlon.

Le faltó decir a Iglesias “quédense en casa y pongan la tele” para completar la puntualmente lobotomía estalinista a la que se lleva sometiendo a la población desde que el Gobierno la recluyera en su casa el pasado 14 de marzo. Quédense en casa para observar como Sánchez e Iglesias, escondidos tras las DAO de la Policía Nacional y la Guardia Civil, les presentan a ustedes diariamente y con la diligencia chavista ordenada por el vicepresidente, las cifras y las anécdotas de ciudadanos detenidos. Este Gobierno está usando el prime time para fabricar delincuentes que permitan a Sánchez, Montero, Clavo e Iglesias transmutar de mentirosos, y máximos responsables penales, en “víctimas” de la irresponsabilidad de sus gobernados, quienes mediatizados continúan saliendo al balcón para rodar con su móvil el nuevo corto de Tim Burton con detenciones de runners y linchamientos vecinales de los sospechosos de ser una bomba química sin pretensiones de tirar la basura para hacerle el trabajo sucio a este Gobierno de Pilatos. Ellos saben que, mientras estemos en casa, el encierro hará crecer las pulsiones menos cristianas que nos animen a grabar al “cabrón” del vecino ante la sospecha de que nos va a matar por salir a estirar la piernas mientras impiden que vayamos a recoger el testimonio de las víctimas.

La tarea gubernamental más primordial es la de ganar la batalla de la propaganda para salvarse del banquillo y legitimar un golpe de Estado comunista aprovechando que “el miedo ha cambiado, por fin, de bando”. Con el encierro y sin la posibilidad de la reactividad ciudadana atenazada por el miedo, se va implantando la coacción, el proteccionismo y la decadencia de quienes siempre pretendieron un cambio de régimen. Parafraseando a aquellos paletos que inspiraban a Iglesias en la construcción de su estrategia del miedo: “Siguen sangrando las venas del pueblo, siguen cerrando colegios. Han convertido estar explotado en un privilegio

¿El precio? Tu dignidad no lo dudes.

La gravedad se torna frágil aquí en el trapecio. Multitudes violadas pro-patrañas censura. La marca España es un padre de familia buscando en la basura comunista.