El pueblo más pequeño de La Rioja solo tiene 5 habitantes y uno de los yacimientos más importantes de España
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Toca adentrarse esta vez en el pueblo más pequeño de La Rioja, uno de los casos más representativos de despoblación en el interior de España. Con apenas cinco habitantes censados en la actualidad, este municipio situado en la comarca de Arnedo mantiene una presencia discreta dentro del mapa de la región.
Sin embargo, su historia y su entorno revelan un pasado mucho más dinámico que el que sugiere su tamaño actual. A lo largo del siglo XX, este rincón riojano experimentó cambios profundos ligados a la actividad minera, la agricultura y los movimientos migratorios. Si bien hoy su población es mínima, el municipio conserva restos históricos y un yacimiento paleontológico.
¿Cuál es el pueblo más pequeño de La Rioja y con apenas cinco habitantes?
El municipio que ocupa este lugar es Villarroya, situado en La Rioja Baja y perteneciente a la comarca de Arnedo. Con una superficie aproximada de 11,8 kilómetros cuadrados y una altitud cercana a los 925 metros, se encuentra rodeado de un entorno montañoso característico del sureste riojano.
En los últimos años, los datos demográficos detallados abajo han reflejado una realidad muy distinta a la que tuvo el municipio en el pasado:
- En 2023 llegó a contar con solo tres habitantes censados.
- En registros posteriores se sitúa en torno a cinco vecinos habituales.
- El Instituto Nacional de Estadística llegó a contabilizar nueve habitantes en 2025.
Estas cifras lo sitúan entre los municipios menos poblados de España, compartiendo esa condición con localidades como Illán de Vacas, en la provincia de Toledo.
A pesar de su reducido tamaño, Villarroya mantiene una estructura municipal activa y una larga continuidad política. El mismo alcalde ha ocupado el cargo durante más de medio siglo, desde antes de la Transición democrática, acumulando numerosas mayorías absolutas en elecciones municipales.
La historia detrás de la despoblación de Villarroya
La actual situación demográfica del pueblo más pequeño de La Rioja tiene su origen en varios procesos históricos. Durante la primera mitad del siglo XX, Villarroya llegó a tener cerca de 300 habitantes. En aquella época, la economía local se sostenía principalmente gracias a dos actividades:
- La minería del carbón, que ofrecía empleo a buena parte de los vecinos.
- La agricultura y la ganadería, habituales en los pueblos de la zona.
Sin embargo, varios factores provocaron una rápida pérdida de población:
- La emigración hacia América a principios del siglo XX por falta de oportunidades.
- El cierre de las explotaciones mineras en la década de 1960.
- La baja rentabilidad del campo, que empujó a muchos vecinos a trasladarse a ciudades cercanas o a otras regiones.
Como consecuencia, Villarroya sufrió uno de los descensos de población más pronunciados de La Rioja en proporción a su tamaño. En apenas unas décadas pasó de varios cientos de habitantes a una cifra simbólica.
El yacimiento paleontológico que da relevancia científica a Villarroya
Aunque su población actual es mínima, Villarroya es conocido por un hallazgo que llamó la atención de científicos internacionales. En 1920 se descubrió un importante yacimiento de mamíferos del Cuaternario, considerado un referente dentro de la paleontología europea. En este enclave se encontraron restos fósiles de diferentes especies de la era pleistocénica.
Las piezas recuperadas durante las excavaciones fueron estudiadas y posteriormente distribuidas en instituciones científicas. Hoy pueden observarse en museos de referencia como los siguientes:
- El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.
- El Museo Nacional de Historia Natural de Francia.
Qué ver hoy en Villarroya, el pueblo más pequeño de La Rioja
A pesar de su escasa población, el municipio conserva varios elementos que reflejan su historia. Uno de los edificios más destacados es la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, considerada la construcción principal del pueblo.
Fue restaurada gracias a la iniciativa de vecinos y de la Asociación de Amigos de Villarroya. Desde su campanario se obtienen vistas del entorno montañoso y de las calles del casco urbano.
Por otra parte, cuando uno pasea por el pueblo también puede observar varios rasgos tradicionales, como los siguientes:
- Casas con elementos medievales que recuerdan su origen en la Baja Edad Media.
- Placas de cerámica en las fachadas, inspiradas en antiguos escritos locales.
- Restos vinculados a la antigua actividad minera.
Por último y como frutilla del postre, hay que remarcar que el entorno natural también forma parte del atractivo del municipio. La ausencia de contaminación lumínica ha permitido que el cielo nocturno se utilice para observación astronómica, una actividad cada vez más frecuente en zonas rurales.
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