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Lo llaman ‘la Catedral de los Peces’ y solo puede verse cuando bajan las aguas de un embalse cántabro del río Ebro

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La Catedral de los Peces es el apodo popular de un rincón casi «mágico» que emerge del embalse del Ebro cuando el nivel de las aguas desciende lo suficiente. Está en la comarca cántabra de Campoo, a escasos kilómetros de Reinosa y dentro del municipio de Las Rozas de Valdearroyo.

Lo que queda visible en esas condiciones tiene su propia historia, y esa historia se remonta a los años 40 del siglo pasado, cuando la comarca de Campoo pagó un precio que nunca llegó a compensarse del todo.

La Catedral de los Peces: la torre de una iglesia tragada por el pantano del Ebro

La ‘Catedral de los Peces’ es en realidad la torre de la iglesia de Villanueva de las Rozas, construida a finales del siglo XIX. Cuando en 1952 se inauguró el embalse del Ebro, el agua cubrió el pueblo al completo.

La torre fue la única parte de la iglesia que sobresalía por encima del nivel del agua, y ahí sigue, sola en mitad del pantano.

Hoy puede visitarse gracias a una pasarela de madera que parte desde la orilla y llega hasta la base de la torre. Dentro hay una escalera que conduce hasta el campanario, desnudo de campanas, que funciona como mirador con vistas sobre el embalse y las montañas de Campoo que lo rodean.

El espectáculo más fotogénico se produce cuando el pantano está lleno hasta casi rozar los primeros metros de la torre: el agua alcanza su base y la estructura parece flotar, lo que explica el apodo con el que se conoce desde hace décadas.

El precio que pagó la comarca de Campoo: pueblos enteros bajo el agua

Cabe remarcar que el embalse del Ebro no nació sin coste humano. El proyecto fue diseñado en los años 20 por el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo y las obras se finalizaron en la década de los 40, con la inauguración oficial en 1952.

Para llenarlo fue necesario inundar varios núcleos habitados: Medianedo, La Magdalena, Quintanilla, Quintanilla de Bustamante y Las Rozas de Valdearroyo, entre otros.

Los vecinos fueron desplazados con promesas de indemnizaciones que llegaron tarde y resultaron insuficientes. Lo que el agua se llevó no era solo piedra y madera. Eran tierras de cultivo, cementerios, caminos y la memoria construida durante generaciones.

De todo aquello, lo que pervive sobre las aguas es la torre de la iglesia de Villanueva. El puente de Noguerol, que unía los pueblos de Yuso y Arija, también emerge en épocas de estiaje: otro fragmento de piedra rescatado del olvido cuando el nivel del pantano baja.

¿Cuándo vale más la pena visitar la Catedral de los Peces?

Recordemos que el comportamiento de la Catedral de los Peces cambia con el nivel del embalse. Cuando el agua está alta y llega casi a la base de la torre, la imagen es la más impactante. Allí, la estructura emerge como una aparición del pantano, sin orilla visible, rodeada de agua por todos lados.

Con el pantano a ese nivel, la pasarela queda bajo el agua y no es posible acercarse, pero es la estampa más fotografiada.

Cuando el nivel baja, la pasarela de madera queda accesible y se puede entrar. La visita incluye subir por la escalera interior hasta el campanario y contemplar desde allí el embalse entero. En estiaje pronunciado también asoman los restos del puente de Noguerol, otra reliquia de los pueblos inundados.

El momento óptimo suele darse en verano y principios de otoño, cuando el nivel del embalse tiende a bajar por el calor y la menor lluvia.

Para tener en cuenta, la Catedral de los Peces está a menos de cinco kilómetros de Reinosa, lo que la convierte en una parada sencilla y accesible dentro de cualquier ruta por la comarca de Campoo.

Otros datos del embalse del Ebro, mucho más que el fondo de un pantano

Alrededor de la torre se extiende uno de los embalses más grandes de España: el pantano del Ebro ocupa 6.253 hectáreas y tiene una capacidad de 541 hectómetros cúbicos. El 70% de su superficie pertenece a Cantabria, que es donde se encuentra el templo del que hemos hablado antes, y el 30% restante a Burgos.

Es también una zona de especial protección para las aves (ZEPA), con presencia de numerosas especies acuáticas que encuentran en sus orillas un refugio estable a lo largo del año.

El embalse admite actividades como windsurf, kitesurf, kayak y pesca con licencia. La localidad de Arija cuenta con una playa de arena fina habilitada para el baño.

Por último, para quienes prefieren ir a pie, hay rutas de senderismo, entre ellas el Ramal Sur de 17 kilómetros y una ruta circular de 11,5 kilómetros desde la presa.