La IA no podría dibujarlo mejor: la cala salvaje de Gerona con las aguas más cristalinas de España rodeada de pinos y acantilados
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La Costa Brava concentra algunas de las playas y calas con más encanto de todo el litoral español, pero no todas son iguales. Entre pinares, acantilados de piedra caliza y senderos de tierra, existe una cala salvaje de Girona que pasó a ser una de las favoritas de quienes fotografían el Mediterráneo. Podría afirmarse, al ver fotos, que ni una IA generaría un paisaje así de perfecto.
El motivo por el que casi nadie la conoce no es la lejanía ni el precio de un parking, sino algo mucho más sencillo. Solo hay que caminar unos minutos para descubrir por qué esta cala se mantiene alejada del turismo masivo que sí sufren otras playas de la comarca.
Cala Estreta, la cala salvaje de Girona escondida en Cap Roig
Esta cala salvaje de Girona se llama Cala Estreta y se encuentra a ocho kilómetros de Palamós, dentro del espacio de interés natural de Cap Roig, uno de los tramos mejor conservados de toda la Costa Brava.
La protección del entorno explica buena parte de su aspecto: esta carece de urbanizaciones ni chiringuitos alrededor, mientras que el paisaje se mantiene prácticamente intacto desde hace décadas.
La cala apenas mide 35 metros de longitud y diez de ancho, con arena gruesa y un gran arrecife central que la separa de su vecina, la Cala d’en Remendón.
Los pinos llegan casi hasta la orilla y los acantilados cierran el paisaje por ambos lados, formando ese marco que tantos bañistas comparan con una imagen creada por inteligencia artificial.
El agua, de un color turquesa poco habitual en el Mediterráneo, permite ver el fondo marino incluso a varios metros de profundidad.
Es precisamente esa transparencia la que ha convertido a esta cala en una de las más fotografiadas de la Costa Brava en los últimos meses.
Cómo llegar a pie hasta esta cala escondida de la Costa Brava
No hay carretera ni aparcamiento junto a la cala, y eso es justamente lo que la mantiene alejada del turismo masivo.
Para llegar, hay que dejar el coche en el aparcamiento de la playa de Castell, en Palamós, y completar el resto del camino andando por el Camino de Ronda, la senda costera que recorre buena parte del litoral catalán. El trayecto son unos dos kilómetros y treinta minutos de caminata sin apenas dificultad.
Por el camino se cruzan otros rincones interesantes, como un yacimiento ibérico del siglo sexto antes de Cristo, la Cala Foradada con su mirador sobre el mar, la Cala de Senià (frecuentada por embarcaciones de buceo) y la Cala Corbs, con sus escaleras de piedra y agua transparente.
Quien prefiera evitar la caminata puede alquilar un kayak en la playa de Castell y llegar por mar.
El paraíso del esnórquel entre aguas cristalinas y fondos vírgenes
La ausencia de construcciones y el acceso limitado convierten esta cala salvaje de Girona en uno de los mejores puntos de la comarca para practicar esnórquel. La baja concurrencia hace que la fauna marina esté más presente que en otras playas de la zona, algo que atrae cada verano a buceadores y aficionados a la fotografía submarina.
No hay socorrista todos los días. El servicio solo está disponible los fines de semana de julio y agosto. Tampoco hay chiringuitos ni duchas, así que quien planee un día de esnórquel debe llevar gafas, tubo, agua y comida.
A cambio, se disfruta de un fondo marino que apenas ha sido tocado por el turismo, con rocas y bancos de arena que dividen la cala en distintos rincones para nadar.
La Barraca d’en Dalí y otros secretos de Cap Roig que merecen la pena ser visitados
Cap Roig goza de varios puntos turísticos para seguir disfrutando. Cerca de la orilla hay una antigua caseta de pescador recuperada que hoy puede alquilarse para uso diario, con dibujos y libros que van dejando quienes pasan por allí.
A poca distancia se encuentra también la Barraca d’en Dalí, una construcción de piedra vinculada al pintor surrealista Salvador Dalí, que frecuentaba estos parajes de la Costa Brava.
La cala es habitual entre parejas que buscan un plan tranquilo lejos de las playas más concurridas, y también permite la práctica del nudismo.
Así, en pleno agosto, cuando el resto del litoral gerundense se llena de sombrillas, aquí sigue siendo posible encontrar un tramo de arena vacío, con el rumor de los pinos y el agua tan clara que, más que una playa, parece un decorado.
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