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Por qué las empresas no deberían usar emojis (y por qué siguen haciéndolo)

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Hay un momento incómodo que cualquier usuario de redes sociales conoce bien. Abres X, LinkedIn o Instagram, ves el logo de una gran corporación y lees algo como: «¡Feliz lunes! 💪 ¿Estás listo para comerte el mundo? 🚀🌍 Nosotros sí. #Motivación #Equipo #Excelencia»Bienvenido al fenómeno del emoji corporativo. Una de las formas de comunicación más forzadas, más transparentes y, paradójicamente, más extendidas del marketing digital actual.

El origen del malentendido

Hace una década, varios estudios de engagement demostraron que las publicaciones con emojis recibían más interacciones que las que no los usaban. Los departamentos de marketing lo leyeron, lo subrayaron y lo convirtieron en doctrina. Si los emojis funcionan para las personas, funcionarán para las marcas. Lógica impecable, pero resultado desastroso.

Lo que esos estudios medían era la comunicación entre humanos reales, con un contexto emocional verdadero. Lo que las marcas replicaron fue la forma sin el fondo, el símbolo sin el sentimiento.

El repertorio de siempre

El emoji corporativo tiene sus favoritos y raramente se sale del guion. El 🚀 para anunciar cualquier cosa que suene a crecimiento o innovación. La💡 para ideas que, invariablemente, van a «transformar el sector». Las 🙌 para celebrar logros del equipo que nadie fuera de la empresa entiende. El ❤️ para fingir que la marca tiene sentimientos. Y el infaltable hilo de ✅ para listas de beneficios que cambiarán tu vida.

La repetición es tan sistemática que el usuario ha aprendido a procesarlos como algo disonante. Ver un 🚀 en la cuenta de una empresa ya no evoca dinamismo ni ambición. Evoca, directamente, un CM con una plantilla de contenidos y un jefe que le ha pedido «ser más cercano en redes».

El problema de fondo

Los emojis funcionan en comunicación personal porque son atajos emocionales. Condensan un tono, una intención, una relación. Cuando los usa una empresa o el ayuntamiento de mi ciudad, ese atajo se cortocircuita. Y lo hace porque no hay relación real detrás, no hay emoción genuina, no hay persona. Solo una estrategia de contenidos intentando imitar la espontaneidad.

El ayuntamiento poniendo casi más emojis que texto. Captura: Nacho Grosso

El resultado es el opuesto al que se busca. En lugar de parecer cercana, la marca parece que está intentando parecer cercana, que es exactamente lo más lejano que existe. La autenticidad no se consigue con símbolos Unicode. Y los usuarios, especialmente los más jóvenes, tienen un radar muy fino para detectar la diferencia.

Cuándo sí funciona

Hay excepciones, claro. Las marcas que usan emojis bien no los usan para aparentar humanidad, sino que lo hacen con criterio estético, para estructurar visualmente un texto, o con suficiente autoconciencia como para que el tono resulte genuino. La diferencia entre el 🚀 de una startup que lo usa con ironía y el 🚀 de un banco que lo usa en serio es abismal, aunque el carácter sea idéntico.

También funciona cuando hay coherencia, una marca joven, con un producto digital y una audiencia millennial o Gen Z puede permitirse un lenguaje más informal. El problema es que esa misma lógica se ha aplicado a aseguradoras, entidades bancarias, organismos públicos y cadenas de supermercados. Y ahí el efecto es simplemente desconcertante.

También la policía local dándolo todo – Captura Nacho Grosso

El emoji como espejo

El abuso corporativo del emoji dice algo más amplio sobre cómo las empresas entienden la comunicación digital, como un conjunto de técnicas que se pueden importar, replicar y escalar, independientemente del planteamiento. La forma sin el contenido y la herramienta sin el criterio.

Mientras eso no cambie, seguiremos viendo bancos que nos desean buenos días con un ☀️ y eléctricas que celebran el medioambiente con un 🌱. Y seguiremos sintiéndonos, cada vez que lo leemos, un poco menos acompañados..