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Los expertos en meteorología coinciden y avisan: si el vórtice polar se rompe, nos espera un invierno con olas de frío intensas, nieve y heladas muy fuertes

Con el mes de octubre a punto de despedirse, ya se pueden presenciar las primeras nevadas en las montañas más altas y ya han comenzado las primeras hipótesis sobre el invierno. ¿Nevará de verdad o tendremos otro invierno gris y húmedo? En este paradigma juega un papel crucial un fenómeno que sobrevuela por encima de todos: el vórtice polar.

Hablamos de una inmensa zona de bajas presiones en la estratosfera, a una altura entre 15 y 50 kilómetros sobre el Ártico. En otoño, cuando la luz solar abandona el polo norte y el aire frío se instala en altura, esta zona se intensifica con el paso de las semanas.

Qué relación guarda el vórtice polar con nuestro invierno

Un vórtice polar intenso, al contrario de lo que se puede creer, es una mala noticia para los amantes del invierno al conservar el aire helado encerrado sobre el Ártico. Impulsa, a la vez, un consistente viento del oeste que penetra hasta las capas más hondas y nos traslada aire atlántico húmedo y tibio.

En España, un vértice polar compacto deriva en la llegada de frentes atlánticos, vientos del oeste y temperaturas notablemente suaves, quedando la nieve en terrenos altos. Si éste se rompe o divide, las irrupciones gélidas sí que pueden asomarse por nuestro país.

Acostumbrados estamos ya a inviernos muy lluviosos con tormentas, temperaturas superiores a lo normal y nieve, como mucho, en las cordilleras de altitud media-alta. No obstante, si el frente polar se debilita, todo el sistema entra en caos. De este modo, el aire congelado puede progresar y avanzar hacia el sur; en los peores pronósticos, hacia Europa Central, inclusive el Mediterráneo. 

Qué significa esto para el invierno español

Todavía es pronto para asegurar rotundamente que el vórtice polar se romperá en la próxima estación. Los extensos capítulos de calentamiento estratosférico ocurren, por lo general, unas seis veces cada diez años, siendo la mayoría de ellos en enero y febrero. Dichos episodios prematuros en diciembre no son tan habituales… Pero podrían darse.

Hay factores que brindan señales, como el llamado QBO (oscilación cuasi-bienal), que es una alteración periódica de las rachas de viento en la estratosfera tropical, o un fenómeno fuerte de El Niño en el Pacífico. Los vientos en dicha zona varían, de media, cada 13 a 15 meses entre el este y el oeste, durando un ciclo completo en torno a 28 meses. 

Estos datos son trascendentales para el invierno, ya que en la fase oriental el vórtice polar tiende a ser más blando y propenso a perturbaciones, a diferencia de la fase occidental, que es más estable, facilitando unas temperaturas más moderadas originadas en el oeste.

Habrá que echar un vistazo a la evolución en las semanas más cercanas, ya que un cambio tan abrupto suele pronosticarse entre diez y catorce días antes en las previsiones meteorológicas.