Vivir cerca de un campo de golf podría duplicar el riesgo de desarrollar párkinson, según un estudio
La UE ha restringido en los últimos años el uso de numerosos productos fitosanitarios por sus potenciales efectos neurotóxicos y cancerígenos
Un reciente estudio publicado en JAMA Network Open ha revelado que residir en las proximidades de un campo de golf puede aumentar significativamente el riesgo de padecer enfermedad de Parkinson. La investigación, liderada por el Barrow Neurological Institute, analizó datos de más de 5.500 personas en Minnesota y Wisconsin, encontrando que aquellos que vivían a menos de 1,6 kilómetros (una milla) de un campo de golf tenían un 126% más de probabilidades de desarrollar párkinson en comparación con quienes residían a más de 9,6 kilómetros (seis millas).
El estudio sugiere que la exposición a pesticidas utilizados en el mantenimiento de los campos de golf podría ser un factor clave. Estos productos químicos, como los organofosfatos y organoclorados, son conocidos por su neurotoxicidad y podrían contaminar el agua subterránea o dispersarse por el aire, afectando a las comunidades cercanas.
Además, la investigación encontró que las personas que compartían sistemas de agua con campos de golf en áreas con aguas subterráneas vulnerables tenían un 82% más de probabilidades de desarrollar párkinson en comparación con aquellas en regiones sin dicha vulnerabilidad.
Aunque el estudio establece una correlación y no una causalidad directa, los hallazgos refuerzan preocupaciones previas sobre los riesgos ambientales asociados al uso intensivo de pesticidas. Expertos en salud pública destacan la necesidad de revisar las prácticas de mantenimiento de campos de golf y considerar alternativas más seguras para proteger la salud de las comunidades vecinas.
Este descubrimiento subraya la importancia de evaluar los impactos ambientales y sanitarios de las actividades recreativas y podría influir en futuras políticas de salud pública y urbanismo.
En Europa, la preocupación por los efectos de los pesticidas en la salud pública no es nueva. De hecho, la Unión Europea ha restringido en los últimos años el uso de numerosos productos fitosanitarios por sus potenciales efectos neurotóxicos y cancerígenos. Algunos países como Francia, Dinamarca y los Países Bajos han avanzado en regulaciones más estrictas sobre el uso de pesticidas en espacios verdes públicos, incluidos los campos de golf.
Sin embargo, la presión del lobby deportivo y turístico ha ralentizado medidas más drásticas. Este nuevo estudio podría dar un nuevo impulso al debate sobre la sostenibilidad de estas instalaciones recreativas, especialmente en áreas residenciales.
Organofosforados
Los organofosforados y los carbamatos son ingredientes comunes de insecticidas que inhiben la actividad colinesterasa y provocan manifestaciones muscarínicas (p. ej., salivación, lagrimeo, micción, diarrea, emesis, broncorrea, broncoespasmo, bradicardia, miosis) y algunos síntomas nicotínicos, incluidas fasciculaciones musculares y debilidad. Puede producirse una neuropatía días o semanas después de la exposición. El diagnóstico es clínico y, a veces, con un ensayo de atropina o medición de los niveles de acetilcolinesterasa en los glóbulos rojos. La broncorrea y el broncoespasmo se tratan con altas dosis tituladas de atropina. La toxicidad neuromuscular se trata con pralidoxima IV.
Los organofosforados (OP) son una clase de insecticidas, varios de los cuales son altamente tóxicos. Hasta el siglo XXI, se encontraban entre los insecticidas disponibles más utilizados. Actualmente, 36 de ellos están registrados para su uso en Estados Unidos, y todos pueden causar toxicidad aguda y subaguda. Los organofosforados se utilizan en la agricultura, los hogares, los jardines y las consultas veterinarias; sin embargo, en la última década, se suspendió el uso de varios OP notables, incluido el paratión, que ya no está registrado para ningún uso, y el clorpirifos, que ya no está registrado para uso doméstico.
Todos comparten un mecanismo común de inhibición de la colinesterasa y pueden causar síntomas similares, aunque existen algunas diferencias dentro de la clase. Dado que comparten este mecanismo, la exposición al mismo organofosforado por múltiples vías o a múltiples organofosforados por múltiples vías puede provocar una toxicidad aditiva grave. Es importante comprender, sin embargo, que existe una amplia gama de toxicidad en estos agentes y una amplia variación en la absorción dérmica, lo que hace que la identificación específica del agente y el tratamiento individualizado sean muy importantes.
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