Una silla vacía en la OMS: la salud es universal, pero Taiwán sigue excluido
¿Qué ocurre cuando un brote viral llega a puerto y la mesa de coordinación global tiene una silla vacía? No es una hipótesis, es lo que sucedió cuando un crucero procedente de Argentina llegó a Canarias con un brote de hantavirus a bordo. España tuvo que enfrentarse a una crisis sanitaria inesperada, la Organización Mundial de la Salud (OMS) intervino y sin embargo uno de los sistemas de salud más avanzados del mundo, el de Taiwán, quedó fuera de esa respuesta. No por falta de capacidad ni de voluntad, sino por consideraciones meramente políticas. Este episodio no es una anécdota; es una advertencia que el mundo no puede ignorar ni permitir.
Los virus no viajan con pasaporte. Las enfermedades emergentes, las crisis climáticas y la inestabilidad geopolítica nos recuerdan una verdad ineludible: la salud es un derecho universal que no puede estar supeditado a límites políticos.
Y sin embargo, Taiwán, con sus 23,5 millones de habitantes, sigue sin poder participar en la Asamblea Mundial de la Salud (AMS), que celebra en mayo de 2026 su 79ª edición bajo el lema «Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia». Una aspiración legítima que choca de frente con la realidad de su exclusión.
Ignorar a Taiwán no es solo una injusticia hacia su pueblo; constituye una vulnerabilidad crítica en la arquitectura global de prevención sanitaria. En un contexto de amenazas globales, la ausencia de cualquier actor relevante en la mesa de coordinación internacional debilita inevitablemente la red de seguridad colectiva. Es una lección que conocen bien los países que han debido enfrentar crisis sanitarias sin el respaldo pleno de la comunidad internacional, y que España, en particular, ha experimentado de manera directa al gestionar emergencias en las que la coordinación global resultó determinante.
Así pues, cuando la OMS proclama que «juntos» avanzaremos hacia una salud mejor, esa palabra debe significar “todos, sin excepción”. La exclusión de Taiwán no es una disputa bilateral ni un asunto de política interior, es un fallo sistémico que nos hace a todos más vulnerables. La ciencia no reconoce fronteras y no puede convertirse en rehén de la geopolítica.
Por todo ello, hacemos un llamamiento a los gobiernos, a las comunidades científicas y a las sociedades civiles del mundo entero para que alcen su voz por Taiwán en la AMS. Apoyar a Taiwán no es tomar partido en un conflicto geopolítico, es defender la coherencia de un sistema de salud global que solo funciona si es verdaderamente universal. Porque una salud sin fronteras empieza, precisamente, por no dejar ninguna silla vacía.
Lino Cheng es el actual embajador de Taiwán en España.
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