El presidente del Colegio de Médicos de Ceuta desmiente a Mónica García: «Esto es una bomba epidemiológica»
"Pensemos que el propio Hospital Militar se ha convertido hoy en una morgue, con eso lo digo todo"
El presidente del Colegio de Médicos de Ceuta, Enrique Roviralta, ha reclamado hoy en OKDIARIO que el Gobierno declare el estado de emergencia ante la crisis provocada por la llegada de unos 11.000 marroquíes que permanecen en la ciudad tras la invasión. El máximo representante de los médicos ceutíes exige una intervención inmediata del Estado, con el despliegue de la UME, el envío de sanitarios y médicos militares y la habilitación de infraestructuras como el antiguo Hospital Militar o la instalación de hospitales de campaña, ante una situación que define sin rodeos como un «caos» y una «catástrofe sanitaria».
La crisis sanitaria de Ceuta ha superado, según denuncia el presidente del Colegio de Médicos de la ciudad, la capacidad de respuesta ordinaria del sistema. Su diagnóstico es tajante: con miles de personas llegadas y una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados, Ceuta no dispone ni del espacio, ni de los recursos, ni del personal necesario para afrontar una situación de caos sanitario, ha incidido, desmintiendo las palabras de la ministra de Sanidad, Mónica García.
Roviralta reclama una respuesta excepcional del Estado y plantea medidas propias de una emergencia: desplegar la UME, instalar hospitales de campaña, enviar sanitarios militares, habilitar infraestructuras hospitalarias y crear un gabinete de crisis permanente con la participación de todos los ministerios implicados.
Pregunta.— Usted ha definido la situación como catastrófica. ¿Hasta qué punto ha desbordado la crisis la capacidad sanitaria de Ceuta?
Enrique Roviralta.— La situación de Ceuta es catastrófica y se va a poner peor. O interviene el Estado de verdad, y eso implica una coordinación interministerial y la creación de un gabinete de crisis permanente, con el Gobierno de España al completo, o esto seguirá desbordándonos. Ceuta no tiene posibilidad de atender aquí a 10.000 personas. Es imposible.
Esto ya no es sólo una cuestión sanitaria. Es una catástrofe existencial, una catástrofe sanitaria y también humanitaria. Han llegado miles de personas sobre las que no tenemos información sanitaria y la situación ha desbordado por completo a una ciudad que no tiene capacidad física ni recursos para absorber algo así.
P.— ¿Qué necesita Ceuta ahora mismo?
E. R.— Lo primero es entender que estas personas no pueden permanecer indefinidamente en Ceuta. Pero, mientras no sean trasladadas o se encuentre una solución, la respuesta tiene que ser extraordinaria. Esto es una cuestión del Gobierno de España y no sólo del Ministerio de Sanidad.
Tienen que intervenir Sanidad, Interior y todos los ministerios afectados, bajo la coordinación del presidente del Gobierno. Hay que mandar a la UME, instalar hospitales de campaña, enviar médicos militares, habilitar camas y recursos logísticos e, incluso, estudiar la recuperación de infraestructuras hospitalarias. No podemos seguir funcionando como si esto fuera una situación de tensión ordinaria.
«Esto es un colapso funcional, y cuando los propios médicos empiecen a colapsar habrá que preguntarse quién va a atender a los pacientes»
P.— El Ministerio asegura que ha reforzado la asistencia con más de 60 profesionales y niega que exista un colapso. ¿Cuál es la realidad que viven ustedes?
E. R.— Esto es un despropósito. Cuando se dice que han llegado 60 profesionales, la pregunta es: ¿cuántos son médicos y cuántos están realmente reforzando la asistencia sanitaria? No es cierto.
Nosotros llevamos años denunciando la falta de cobertura médica y reclamando medidas para atraer profesionales a Ceuta. No se tomaron las medidas necesarias y ahora nos encontramos con un desbordamiento absoluto.
Los médicos estamos hartos del relato institucional de que existe simplemente tensión. No. Esto es un colapso funcional. Y cuando los propios médicos empiecen a colapsar, habrá que preguntarse quién va a atender a los pacientes.
P.— ¿Está afectando ya a los propios profesionales?
E. R.— Claro que sí. Ya hay médicos que están pensando en marcharse. Una compañera me ha dicho directamente que cuando termine su contrato el próximo mes lo dejará. Hay profesionales agotados y el riesgo es evidente: si seguimos perdiendo médicos, la situación será todavía peor. Pensemos que el propio Hospital Militar se ha convertido hoy en una morgue, con eso lo digo todo y se puede ver la magnitud de la tragedia.
P.— ¿Sería posible habilitar nuevas instalaciones sanitarias?
E. R.— El Hospital Militar de Ceuta nunca debió cerrarse. Una ciudad como Ceuta, por su situación geoestratégica y política, debería haber mantenido una infraestructura de reserva para situaciones extraordinarias.
La paradoja es que lo que fue el Hospital Militar se ha convertido actualmente en una morgue con capacidad para 90 cuerpos. Esa infraestructura debió haberse preservado como un enclave estratégico. Todo esto tendría que haberse planificado, pensado, mantenido y no se ha hecho nada.
«Esto ya no lo puede resolver Ceuta, deben intervenir Sanidad, Interior y los ministerios afectados, bajo la coordinación del presidente»
P.— ¿Tiene capacidad actualmente el sistema sanitario de Ceuta para afrontar esta presión?
E. R.— Ceuta depende directamente del sistema sanitario estatal y tenemos un hospital y tres centros de salud. Todo repercute sobre esta estructura que describo, nada más.
Las personas que han llegado no pueden tener asignado un médico de cabecera y, cuando necesitan atención, terminan recurriendo a los servicios de Urgencias hospitalarias o de Atención Primaria. Muchas veces aguantan hasta que ya no pueden más y llegan con fiebre, heridas infectadas, diarreas y otras patologías.
«Hay miles de personas viviendo en condiciones absolutamente indignas, en asentamientos improvisados, sin unas condiciones mínimas»
P.— Una de las principales preocupaciones es la vigilancia epidemiológica. ¿Se está haciendo algún cribado o control del estado vacunal?
E. R.— El problema es que ahora mismo existe una discusión sobre las competencias entre distintas administraciones, pero esto es un asunto que debe asumir el Estado.
Además, tenemos un problema fundamental: no hay espacio físico ni control de la población. No se puede establecer una estrategia preventiva si no se tiene acceso a las personas sobre las que hay que actuar.
Hay miles de personas viviendo en condiciones absolutamente indignas, en asentamientos improvisados, sin unas condiciones mínimas y sin que exista un control sanitario efectivo. Si no tienes acceso a esa población, es imposible hacer una verdadera prevención.
P.— ¿Qué patologías están atendiendo?
E. R.— Estamos viendo casos de sarna, tuberculosis y muchas diarreas infecciosas, además de heridas infectadas, traumatismos y lesiones producidas en peleas. Hasta el momento no han aparecido enfermedades de altísima contagiosidad que hayan obligado a desplegar equipos de protección especiales, pero eso no significa que el riesgo no exista.
Por eso hablamos de una bomba de relojería epidemiológica. Una persona con una infección habitual puede necesitar seguimiento médico, pero ¿cómo se hace ese seguimiento cuando no tiene domicilio ni un lugar estable donde localizarla?
«La tensión social va en aumento y se está produciendo una epidemia silenciosa de problemas de salud mental, ansiedad y miedo»
P.— ¿La crisis sanitaria está empezando a convertirse también en un problema social?
E. R.— Sin ninguna duda. Estamos hablando de miles de seres humanos que viven en condiciones indignas, pero también de decenas de miles de ceutíes que tienen derecho a vivir con normalidad.
La tensión social va en aumento. Hay ciudadanos que tienen miedo, familias que mantienen a sus hijos en casa y personas mayores preocupadas por posibles contagios. Se está produciendo una auténtica epidemia silenciosa de problemas de salud mental, con ansiedad y miedo.
Esto ya no es sólo una catástrofe sanitaria ni únicamente una crisis humanitaria. Estamos ante una situación que puede derivar en un problema social mucho más grave si no se actúa.
«Hay sensación de abandono por parte del Estado, no se puede convertir Ceuta en una isla aislada en la que la respuesta sea «búscate la vida»
P.— ¿Qué le pediría hoy directamente al Gobierno?
E. R.— Que intervenga de verdad y declare una situación de emergencia. Esto ha sobrepasado a la Ciudad Autónoma y ha superado la capacidad de respuesta sanitaria ordinaria. Es un problema de ámbito estatal.
Los ciudadanos de Ceuta sólo pedimos vivir en las mismas condiciones que el resto de los ciudadanos españoles. No pedimos más. La sensación que existe ahora mismo es de abandono por parte del Estado. No se puede convertir Ceuta en una isla aislada en la que la respuesta sea, simplemente, «búscate la vida».
El problema no desaparecerá solo. «En 17 días la bomba sigue ahí y nadie la desactiva». El temor es que la situación continúe deteriorándose hasta que la presión asistencial, el agotamiento de los profesionales o un eventual problema epidemiológico obliguen a adoptar las medidas que, a su juicio, deberían haberse puesto ya sobre la mesa a tiempo. Esto no es una deficiencia sanitaria. Es un caos auténtico, caos y catástrofe. Y cuando la realidad aflore, a lo mejor será tarde.
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