Los médicos en alerta por la patología que casi nadie sabe que tiene y cada vez es más común en España
Lo más llamativo es que suele desarrollarse de forma silenciosa
El origen suele estar vinculado a factores metabólicos como el exceso de peso, entre otros
La esteatosis hepática metabólica, conocida popularmente como hígado graso, se ha convertido en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes en todo el mundo. Aunque durante años pasó desapercibida para muchas personas, hoy se considera un importante problema de salud pública debido a su estrecha relación con la obesidad, la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos. Lo más llamativo es que suele desarrollarse de forma silenciosa, sin síntomas evidentes en sus primeras fases, lo que hace que muchas personas descubran su existencia durante una revisión médica rutinaria. Y los expertos alertan de esta patología que casi nadie sabe.
El hígado desempeña funciones esenciales para el organismo, desde procesar nutrientes hasta eliminar sustancias tóxicas. Cuando comienza a acumular grasa en exceso, su funcionamiento puede verse comprometido progresivamente. En los últimos años, los especialistas han actualizado la terminología médica para describir esta afección, sustituyendo en muchos casos el antiguo término “hígado graso no alcohólico” por “esteatosis hepática metabólica”, una denominación que refleja mejor su origen y su relación con alteraciones metabólicas. Comprender qué es esta enfermedad, cuáles son sus causas y cómo puede prevenirse resulta fundamental para proteger la salud a largo plazo.
Qué es el hígado graso o la patología que casi nadie sabe
Como explica la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la esteatosis hepática metabólica aparece cuando se acumula una cantidad excesiva de grasa en las células del hígado. Aunque es normal que este órgano contenga pequeñas cantidades de grasa, el problema surge cuando supera determinados niveles y comienza a afectar su funcionamiento.
Esta acumulación no está relacionada necesariamente con el consumo de alcohol. De hecho, muchas personas que desarrollan la enfermedad prácticamente no consumen bebidas alcohólicas o no las toman nunca. En estos casos, el origen suele estar vinculado a factores metabólicos como el exceso de peso, la resistencia a la insulina o los niveles elevados de colesterol y triglicéridos.
La enfermedad puede mantenerse estable durante años, pero en algunos pacientes progresa hacia formas más graves que incluyen inflamación hepática y fibrosis.
Principales factores de riesgo
La obesidad es uno de los factores que más aumenta el riesgo de desarrollar hígado graso. El exceso de tejido adiposo favorece alteraciones metabólicas que facilitan la acumulación de grasa en el hígado.
También son especialmente vulnerables las personas con diabetes tipo 2, hipertensión arterial, síndrome metabólico o niveles elevados de grasas en sangre. El sedentarismo y una alimentación rica en productos ultraprocesados contribuyen igualmente al desarrollo de la enfermedad.
Según la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), la esteatosis hepática metabólica o la patología que casi nadie sabe afecta a una proporción cada vez mayor de la población adulta, impulsada principalmente por el aumento global de la obesidad y los trastornos metabólicos.
Síntomas que suelen pasar desapercibidos
Uno de los aspectos más complejos de esta enfermedad es que, en muchos casos, no provoca síntomas durante años. Por ello, suele detectarse mediante análisis de sangre o pruebas de imagen realizadas por otros motivos.
Cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas suelen ser poco específicas. Algunas personas refieren cansancio persistente, sensación de pesadez en la parte superior derecha del abdomen o malestar general.
Precisamente por esa falta de señales claras, los especialistas insisten en la importancia de las revisiones médicas periódicas, especialmente entre quienes presentan factores de riesgo metabólico.
Qué ocurre si no se trata
No todos los casos evolucionan de la misma manera. Algunas personas mantienen una acumulación de grasa estable durante décadas, mientras que otras desarrollan inflamación hepática, una condición conocida como esteatohepatitis.
Con el tiempo, esta inflamación puede provocar fibrosis, es decir, la formación de tejido cicatricial en el hígado. En las fases más avanzadas puede aparecer cirrosis, una enfermedad grave que compromete seriamente la función hepática.
La Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) destaca que la detección precoz es fundamental para evitar complicaciones y mejorar el pronóstico a largo plazo.
Cómo prevenir y mejorar el hígado graso
La buena noticia es que la esteatosis hepática metabólica puede mejorar significativamente mediante cambios en el estilo de vida. La pérdida moderada de peso suele producir una reducción importante de la grasa acumulada en el hígado.
Los especialistas recomiendan seguir una alimentación equilibrada basada en verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva y cereales integrales. Al mismo tiempo, conviene reducir el consumo de bebidas azucaradas, productos ultraprocesados y alimentos con exceso de grasas saturadas.
La actividad física regular también desempeña un papel clave. Caminar, nadar, montar en bicicleta o realizar ejercicios de fuerza ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina y favorecen la salud hepática.
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