OkSalud
Directora adjunta a la Presidencia del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid

Mar Rocha: «Una enfermera agotada tiene mayor probabilidad de cometer un error»

"Cuidar bien exige formación, condiciones dignas y reconocimiento real, no solo entrega personal"

La profesión de enfermera ha cambiado profundamente en las últimas décadas, incorporando más competencias, investigación propia y una mayor capacidad de decisión clínica. Hace tan solo unos días, el 12 de mayo, se celebraba el Día Internacional de la Enfermería y, en este contexto, OKSALUD ha entrevistado a la directora adjunta a la Presidencia del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, Mar Rocha, quien asegura que uno de los mayores avances ha sido la consolidación de la enfermería basada en evidencia y el desarrollo de herramientas diagnósticas y planes de cuidados propios.

PREGUNTA.- ¿Cómo ha cambiado la profesión de enfermería en los últimos años y cuáles cree que han sido los mayores avances?
RESPUESTA.-
La enfermería ha evolucionado intensamente en las últimas décadas, y no siempre el ciudadano es consciente de ello. Hace años, el margen de decisión autónoma era muy estrecho. Hoy contamos con herramientas diagnósticas propias, planes de cuidados basados en evidencia científica y acceso a la formación doctoral. No es un progreso burocrático: es hacernos mejores para quien nos necesita.

Uno de los avances más sólidos ha sido la consolidación de la enfermería basada en evidencia. Ya no solo aplicamos protocolos: los generamos, los cuestionamos y los mejoramos. Hay líneas de investigación enfermera sobre seguridad del paciente, úlceras crónicas, cuidados paliativos o adherencia terapéutica que tienen un impacto directo en lo que le sucede a una persona en una cama de hospital o en su domicilio.

Y hay algo que me importa que la sociedad sepa: la presencia de enfermeras bien formadas y en número suficiente salva vidas de forma directa y cuantificable. No es un argumento corporativista, sino ciencia con estudios publicados en las revistas más rigurosas del mundo. Somos una profesión que ya no pide un sitio en la mesa: lo hemos ganado con investigación propia. Y eso beneficia, antes que a nadie, al paciente.

P.- La enfermería suele definirse como una profesión vocacional. ¿Qué significa realmente cuidar desde ese punto de vista humano y emocional?
R.-
La vocación existe y es genuina. Pero durante demasiado tiempo esa palabra se ha usado para justificar condiciones laborales y profesionales que no se tolerarían en ninguna otra profesión. Cuidar bien exige formación, condiciones dignas y reconocimiento real, no solo entrega personal. La vocación no puede ser una excusa para el sacrificio sistemático.

La enfermera es quien está cuando no hay nadie más. Es quien recibe el miedo antes de una operación, quien explica lo que no quedó claro en la consulta, quien detecta que algo ha cambiado antes de que los números lo reflejen. Esa presencia continua no es un complemento del sistema: es uno de sus pilares fundamentales. Y la ciencia lo respalda: la percepción del paciente de ser cuidado —no solo tratado— tiene efectos reales sobre su recuperación. Reduce la ansiedad, mejora la adherencia al tratamiento y acelera el alta.

Cuidar también implica gestionar las propias emociones bajo presión —lo que la sociología llama trabajo emocional— y eso tiene un coste real. Nombrar ese coste no es mostrar debilidad, sino ser honestos sobre lo que esta profesión exige.

P.- ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan hoy las enfermeras, tanto dentro del sistema sanitario como a nivel social?
R.-
El primero tiene cifras muy concretas: España cuenta con 6 enfermeras por cada 1.000 habitantes, frente a una media de 9,2 en la OCDE y más de 21 en países como Noruega. Esta diferencia no es un dato abstracto; se traduce en más eventos adversos, más tiempo de espera y más carga sobre cada profesional. Y cuando el profesional está al límite, quien paga el precio es el paciente.

El segundo reto es el agotamiento profesional. El burnout en Enfermería no es falta de vocación, es la respuesta lógica a años de sobrecarga sostenida. La OMS lo reconoció en 2019 como fenómeno ocupacional. Y después llegó el COVID, lo que supone una grave tensión añadida a la situación previa que no se ha resuelto aún. Estudios nacionales sitúan el agotamiento emocional severo por encima del 40% en algunos entornos hospitalarios. Una enfermera agotada no solo sufre, sino que es una enfermera con mayor probabilidad de error. Cuidar bien al profesional es cuidar bien al paciente.

A nivel social, seguimos cargando con una imagen que no corresponde a lo que somos. Somos una disciplina universitaria con metodología diagnóstica propia, competencias legales reconocidas y responsabilidad directa sobre nuestros actos. Pero aún estamos ausentes de demasiados lugares donde se toman decisiones que nos afectan. Y eso empobrece esas decisiones.

Hay además un reto urgente y muy concreto, entre el que se encuentra, por ejemplo, la prescripción enfermera. España tiene un desarrollo normativo incompleto y desigual entre comunidades autónomas. Hay enfermeras con formación y criterio para indicar determinados productos o ajustar pautas, y no pueden hacerlo por un marco legal que no ha evolucionado al ritmo de la profesión. Eso no perjudica a las enfermeras: perjudica directamente la continuidad asistencial del paciente.

P.- ¿Cómo imagina el futuro de la enfermería en aspectos como la tecnología, la humanización o el papel de las enfermeras en la prevención?
R.-
La tecnología ya está en nuestros lugares de trabajo desde hace mucho tiempo. A medida que avanza, la vamos incorporando y debemos hacerlo con inteligencia y desde los valores éticos. Bienvenidos sean, si nos liberan de carga administrativa para dedicar más tiempo a las personas. Sin embargo, hay algo que ningún sistema automatizado puede replicar: el juicio clínico construido en miles de horas de presencia real junto al paciente. Por ejemplo, hay una pantalla alerta cuando la frecuencia respiratoria sube. Pues una enfermera detecta, antes de que eso ocurra, que la expresión del paciente ha cambiado, que no ha comido, que hay algo diferente. Ese conocimiento no tiene código fuente. Se construye con experiencia, con continuidad, con ciencia y con compromiso.

En prevención, el escenario está claro: el envejecimiento poblacional, la cronicidad y la pluripatología van a desbordar cualquier modelo centrado exclusivamente en el hospital. La única respuesta sostenible pasa por reforzar la atención primaria y comunitaria. Y en ese contexto, la enfermera de familia, la gestora de casos o la enfermera escolar son figuras insustituibles. No porque no exista alternativa teórica, sino porque ningún otro perfil combina su acceso, su continuidad relacional, su confianza ciudadana y su competencia clínica.

P.- En el marco del Día Internacional de la Enfermera, ¿qué mensaje le gustaría trasladar sobre una profesión que muchas veces es invisible pero imprescindible?
R.-
Las enfermeras y enfermeros estamos en los momentos que más importan: cuando nace una vida, cuando llega una enfermedad o cuando alguien simplemente necesita ser escuchado. Cuidamos, acompañamos y tomamos decisiones basadas en la evidencia científica. Por eso, desde el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, queremos también lanzar un mensaje claro a la población: ante una duda sobre salud, pregunta a tu enfermera. Porque detrás de cada cuidado hay conocimiento, criterio clínico y una profesión imprescindible para sostener nuestro sistema sanitario.

Por eso lo que se pide el 12 de mayo no es reconocimiento simbólico. Pedimos ratios legislados y seguros, prescripción enfermera completa en todo el territorio, práctica avanzada reconocida y presencia efectiva en los órganos donde se decide la política sanitaria de este país. Porque cuando la enfermería está bien cuidada, los pacientes están mejor. Y eso debería bastar como argumento.