Jesús Fernández: «Renovar el aire en las aulas disminuye las partículas potencialmente infecciosas»
"Dos niños infectados por el mismo microorganismo pueden desarrollar respuestas inmunitarias muy diferentes"
"No existe un alimento, un suplemento o una rutina de una semana que prepare mágicamente el sistema inmunitario"
Llega la tan ansiada vuelta al cole y la temporada de mocos, tos y fiebre. La convivencia diaria en espacios cerrados es el caldo de cultivo perfecto para que diferentes virus respiratorios hagan su aparición.
Aunque la mayoría de estas infecciones forman parte del desarrollo natural de su sistema inmunitario, prepararse con unos buenos hábitos de prevención como higiene de manos, un sueño adecuado y una correcta alimentación es clave para afrontar el otoño con tranquilidad.
En este sentido, OKSALUD entrevista a Jesús Fernández, doctor en Ciencias de la Salud y profesor de Enfermería en UNIE Universidad, quien nos da las claves para que los virus no frenen la rutina escolar.
PREGUNTA.- Durante el verano los niños apenas se enferman, pero en septiembre las consultas se llenan. ¿Qué ocurre exactamente en el sistema inmunitario infantil cuando pasa del aislamiento estival a convivir de golpe con decenas de virus en el aula?
RESPUESTA.- En realidad, no es que durante el verano el sistema inmunitario de los niños se «apague» ni que necesite volver a entrenarse en septiembre. Lo que cambia de forma muy brusca es la exposición. Con la vuelta al colegio aumenta enormemente el número de contactos diarios y, con ellos, las oportunidades de encontrarse con virus que el niño todavía no conoce.
Esto es especialmente importante en los más pequeños, cuyo sistema inmunitario sigue madurando y cuyo repertorio de memoria inmunológica es todavía limitado. Cuando se encuentran por primera vez con un virus, necesitan generar una respuesta desde cero; en cambio, frente a microorganismos que ya han reconocido previamente, la memoria inmunitaria permite responder con mayor rapidez.
P.- Más allá del contacto estrecho, ¿qué factores propios del entorno escolar y del comportamiento de los niños facilitan que un solo virus respiratorio se propague a toda la clase en cuestión de días?
R.- Un aula reúne prácticamente las condiciones ideales para la transmisión: muchas personas durante varias horas en un espacio cerrado, contacto estrecho y, en ocasiones, una ventilación insuficiente. Los virus respiratorios pueden transmitirse mediante partículas que expulsamos al hablar, respirar, toser o estornudar, por lo que la acumulación de estas partículas en interiores mal ventilados aumenta el riesgo de contagio.
A esto hay que añadir características propias de la infancia. Los niños se tocan mucho la cara, comparten objetos, juguetes o material escolar, tienen más contacto físico y, especialmente los pequeños, todavía están aprendiendo hábitos como lavarse correctamente las manos o cubrirse al toser. También resulta fundamental que una persona pueda transmitir determinados virus antes de encontrarse claramente enferma o mientras presenta síntomas muy leves. Por eso basta que entre un virus en una clase para que, tras varias cadenas sucesivas de transmisión, aparezcan numerosos casos pocos días después.
P.- Es muy común que dos niños se contagien del mismo virus en clase y uno pase el proceso con mocos y el otro con fiebre alta o bronquiolitis. ¿Qué factores determinan esta diferencia tan drástica en la intensidad del cuadro?
R.- La enfermedad no depende únicamente del virus: depende de la interacción entre el virus y el huésped. Dos niños infectados por el mismo microorganismo pueden desarrollar respuestas inmunitarias muy diferentes.
Influyen mucho la edad y la existencia de inmunidad previa frente al virus. Un niño que ya ha estado expuesto a un virus similar puede neutralizarlo antes y desarrollar síntomas leves, mientras que para otro puede ser su primer contacto. También intervienen factores genéticos, el estado de las vías respiratorias, enfermedades previas —por ejemplo, determinadas patologías pulmonares o cardiacas— y la propia intensidad y localización de la respuesta inflamatoria.
P.- Con la rutina escolar a la puerta, ¿qué papel juegan realmente el descanso, los horarios y la alimentación en el escudo inmunitario de los niños? ¿Existen hábitos previos al inicio de curso que ayuden a preparar su organismo?
R.- Es importante huir de la idea de «subir las defensas». No existe un alimento, un suplemento o una rutina de una semana que prepare mágicamente el sistema inmunitario para septiembre. Lo que sí podemos hacer es favorecer que funcione en condiciones óptimas.
El sueño es particularmente importante. Durante el sueño se regulan numerosos procesos inmunitarios y existe evidencia que relaciona dormir insuficientemente con una mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias. Por eso puede ser útil recuperar progresivamente los horarios escolares varios días antes de comenzar las clases, en lugar de cambiar bruscamente la rutina la noche anterior.
Con la alimentación ocurre algo parecido: no hay un alimento «inmunoestimulante». Lo recomendable es una dieta variada y equilibrada que aporte suficiente energía, proteínas, vitaminas y minerales. También son importantes la actividad física, evitar el humo del tabaco y, sobre todo, mantener al día las vacunas recomendadas para la edad.
Preparar las defensas para el colegio consiste mucho más en mantener buenos hábitos durante todo el año que en hacer algo especial durante los últimos días de agosto.
P.- La regla de «si tiene síntomas, se queda en casa» suele chocar con la realidad laboral de los padres. ¿Cuáles son los síntomas mínimos con los que rotundamente no se debería enviar a un niño al colegio para frenar el brote?
R.- Existen situaciones bastante claras. Un niño con fiebre no debería acudir al colegio, igual que un niño con vómitos repetidos, diarrea importante, un deterioro notable del estado general o síntomas respiratorios que están empeorando. También debe quedarse en casa cualquier niño que se encuentre tan enfermo que no pueda desarrollar con normalidad la actividad escolar.
En el caso de una infección respiratoria, una referencia razonable para volver es que los síntomas estén mejorando y que hayan transcurrido al menos 24 horas sin fiebre.
Aun así, existen signos que no son simplemente motivos para faltar al colegio, sino que es necesaria una valoración sanitaria: dificultad para respirar, respiración excesivamente rápida, hundimiento de las costillas al respirar, coloración azulada, deshidratación, somnolencia anormal o un empeoramiento marcado del estado general.
P.- Entre ventilación, lavado de manos o desinfección, ¿cuáles son los gestos preventivos que profesores y familias deben priorizar desde el primer día de clase para sobrevivir al otoño escolar?
R.- Si hablamos específicamente de virus respiratorios, yo pondría la ventilación entre las primeras medidas. Muchos de estos virus se transmiten muy eficazmente por el aire, por lo que renovar el aire de las aulas disminuye la concentración de partículas respiratorias potencialmente infecciosas. Abrir ventanas periódicamente o mantener una ventilación adecuada siempre que sea posible es una intervención sencilla y muy útil.
La segunda gran medida es la higiene de manos, especialmente después de sonarse, antes de comer y después de ir al baño. La OMS continúa recomendando la higiene de manos como una intervención para reducir tanto infecciones respiratorias como gastrointestinales.
A ello añadiría enseñar desde pequeños algunos otros hábitos, como toser y estornudar sobre el codo o sobre un pañuelo y desecharlo después; evitar compartir determinados objetos que entren en contacto con la boca; y, sobre todo, no llevar al aula a un niño claramente enfermo.
La limpieza habitual de superficies sigue siendo necesaria, pero para muchos virus respiratorios no tiene sentido convertir el colegio en un espacio de desinfección permanente. Es más eficaz combinar varias barreras: aire limpio, manos limpias, hábitos respiratorios adecuados, vacunación y quedarse en casa cuando realmente se está enfermo. No podemos impedir que los niños entren en contacto con virus, pero sí podemos reducir mucho la velocidad con la que esos virus recorren una clase.
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