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España se enfrenta a los últimos retos para conseguir la eliminación de la hepatitis C

"Los antivirales de acción directa han significado un cambio radical, convirtiendo una infección crónica, progresiva y potencialmente grave en una enfermedad curable"

Cada 28 de julio, el Día Mundial de la Hepatitis nos recuerda que la hepatitis C ha sido una de las grandes historias de transformación de la medicina reciente. Hace apenas una década, no disponíamos de tratamientos eficaces para esta infección, que en muchos pacientes evolucionaba de forma silenciosa durante años hasta derivar en cirrosis, hepatocarcinoma o la necesidad de un trasplante hepático. Hoy, gracias a la llegada de los antivirales de acción directa y al esfuerzo conjunto de profesionales sanitarios, sociedades científicas, administraciones, pacientes e industria, España se encuentra en una posición muy avanzada para eliminarla como problema de salud pública.

Desde la llegada de estos tratamientos, cerca de 172.000 personas han sido tratadas en nuestro país. Esto no es solo una cifra, supone miles de pacientes curados, un descenso de las complicaciones hepáticas, menos ingresos hospitalarios y una menor presión sobre el sistema sanitario. Los antivirales de acción directa han significado un cambio radical, convirtiendo una infección crónica, progresiva y potencialmente grave en una enfermedad curable.

España ha demostrado que, cuando existe una estrategia clara, coordinación y acceso a la innovación, los resultados llegan. Sin embargo, estar cerca de la meta no significa haberla alcanzado. El último tramo suele ser el más complejo, porque ya no basta con tratar a quienes llegan al sistema sanitario. Ahora el reto consiste en encontrar activamente a quienes todavía viven con hepatitis C sin saberlo o a quienes fueron diagnosticados en algún momento, pero se perdieron del circuito asistencial antes de recibir tratamiento.

Ahí es donde debemos concentrar los esfuerzos. Los casos no diagnosticados se encuentran especialmente en poblaciones con menor acceso al sistema sanitario, como personas que consumen o han consumido drogas, personas sin hogar, población penitenciaria, personas procedentes de países con alta prevalencia o colectivos expuestos a prácticas de riesgo. Llegar a ellas exige avanzar hacia estrategias más flexibles, cercanas y centradas en las personas.

Por eso, iniciativas como el Decálogo para la Eliminación de la Hepatitis C, impulsado por la AEEH con la colaboración de AbbVie, son especialmente relevantes porque ayudan a ordenar las buenas prácticas y ofrecen a los centros sanitarios una hoja de ruta concreta. No basta con que existan experiencias de éxito aisladas; necesitamos que las estrategias eficaces se extiendan de forma homogénea.

También resulta importante avanzar en una visión más amplia de la salud hepática. El Plan Nacional de Salud Hepática, ha situado la prevención, el diagnóstico precoz y la coordinación asistencial en el centro de la agenda sanitaria. La hepatitis C es una prioridad, pero también una oportunidad para reforzar el abordaje global de las enfermedades hepáticas, que en muchos casos todavía se diagnostican en fases avanzadas.

El sistema sanitario debe adaptarse a un contexto epidemiológico cambiante. El aumento de las infecciones de transmisión sexual y el incremento de determinadas prácticas de mayor exposición nos obligan a reforzar la prevención, normalizar el cribado y reducir el estigma. Aunque la hepatitis C se transmite principalmente por vía sanguínea, determinados contextos pueden favorecer su transmisión por otras vías como la sexual, por lo que debemos intensificar el cribado para diagnosticar, tratar y curar cortando la transmisión del virus.

En este contexto, todas las personas implicadas en el abordaje de la hepatitis C tienen un papel esencial: los hospitales y las unidades especializadas deben facilitar circuitos rápidos y tratamiento accesible; atención primaria puede desempeñar un papel clave en la detección y recuperación de pacientes; los servicios comunitarios son fundamentales para acercarse a poblaciones vulnerables; y todos los niveles deben trabajar conectados para garantizar que ninguna persona con un diagnóstico positivo quede fuera del sistema.

España tiene una oportunidad real de culminar uno de los mayores éxitos de salud pública de los últimos años, pero para lograrlo necesitamos mantener el compromiso de todos los implicados. A las administraciones les corresponde garantizar coordinación, recursos; a los profesionales sanitarios, seguir buscando activamente, simplificar circuitos y acompañar a los pacientes; y a la sociedad, eliminar el estigma que todavía rodea a esta infección.

La hepatitis C se puede curar y España tiene capacidad para conseguir su eliminación.

Doctora Sabela Lens, hepatóloga en el Hospital Clínic de Barcelona, investigadora de la FCRB-IDIBAPS y del CIBERehd y profesora asociada de la Universidad de Barcelona.