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Deterioro cognitivo leve: el 50% de los casos está sin diagnóstico ni tratamiento

Normalizar los olvidos como parte del envejecimiento contribuye al infradiagnóstico y retrasa oportunidades de intervención

Factores como la hipertensión, la diabetes, el sedentarismo o el estado de ánimo pueden influir en la salud cognitiva

Con motivo de la Semana Internacional del Cerebro 2026, los expertos ponen sobre la mesa una realidad todavía poco visible: el deterioro cognitivo leve continúa siendo uno de los grandes «puntos ciegos» en el abordaje del envejecimiento. Se estima que alrededor del 15% de las personas de 60 años o más presenta deterioro cognitivo leve, y, hasta en un 50% de los casos no llegan a ser diagnosticados. Esto significa que miles de personas conviven con dificultades de memoria, atención o concentración sin recibir una valoración específica y dejando de lado oportunidades de intervención precoz y de identificación de factores modificables.

«La tendencia a normalizar los olvidos o atribuir cualquier cambio cognitivo al paso del tiempo contribuye a su infradiagnóstico», explica el Dr. Pedro Gil Gregorio, médico especialista en Geriatría y Gerontología, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y colaborador de Schwabe. «Identificar sintomatologías a tiempo, tanto por parte del paciente como del profesional sanitario, permite actuar sobre factores modificables, implementar estrategias terapéuticas y acompañar a la persona en una mejor planificación de su salud futura», añade.

A esto se suma que, según estudios recientes, la salud cognitiva está estrechamente relacionada con factores como la actividad física, la salud cardiovascular, el estado de ánimo y el estrés, y actuar sobre estos elementos puede ayudar a mantener la función cerebral en el tiempo.

Asimismo, la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado o el sedentarismo están asociados a un mayor riesgo de deterioro cognitivo, y la detección y el control precoz de estos factores forman parte del abordaje clínico cuando se identifican de manera temprana. En muchos casos, estas patologías crónicas pueden coexistir además con síntomas de ansiedad o malestar emocional, lo que refuerza la necesidad de un abordaje más amplio e integral de la salud cerebral.

Atención Primaria: clave en la detección temprana

El doctor Gil también destaca que «en algunos casos, el deterioro cognitivo leve puede mantenerse estable durante años; en otros, puede progresar si no se interviene adecuadamente. De ahí la importancia de incorporar la evaluación cognitiva en la práctica clínica habitual, especialmente en Atención Primaria».

En este sentido, es importante entender por qué la Atención Primaria ocupa una posición importante en la detección del deterioro cognitivo leve. Es el primer nivel asistencial y, en algunos casos, el único contacto regular que muchos pacientes mantienen con el sistema sanitario. Esto convierte a médicos y enfermeras de familia en agentes fundamentales para identificar cambios cognitivos incipientes.

En este escenario asistencial, disponer de herramientas específicas que apoyen la valoración clínica y faciliten un abordaje estructurado resulta de gran utilidad en la práctica diaria. El objetivo no es solo detectar antes, sino también acompañar mejor, ofreciendo orientación y actuando sobre los factores modificables que pueden influir en la evolución del paciente. Dentro de este abordaje integral, Tebofortan (EGb 761) se posiciona como el único medicamento para el tratamiento del deterioro cognitivo leve que en ensayos clínicos ha demostrado eficacia y seguridad.

«En un contexto de envejecimiento demográfico sostenido, reforzar la identificación temprana del deterioro cognitivo leve se convierte en una prioridad sanitaria. No se trata únicamente de abordar síntomas individuales, sino de anticiparse a posibles complicaciones futuras», concluye el doctor.

Reconocer cambios persistentes en la memoria, la atención o el rendimiento cognitivo y consultar ante estas señales permite iniciar antes la evaluación clínica y el seguimiento adecuado. En salud cerebral, el tiempo es un factor determinante: actuar en fases iniciales amplía las opciones terapéuticas y favorece la preservación de la autonomía y la calidad de vida.