Cuando los huesos pierden densidad: esto es lo que toda mujer necesita saber
Se estima que cerca del 40 % de los adultos en todo el mundo presentan algún grado de baja densidad mineral ósea
La pérdida progresiva de masa ósea es un proceso silencioso que forma parte del envejecimiento humano y que, en muchos casos, pasa desapercibido durante años. La osteopenia representa esa fase intermedia en la que los huesos comienzan a debilitarse sin generar síntomas evidentes, aunque ya aumenta la vulnerabilidad a las fracturas.
Se estima que cerca del 40 % de los adultos en todo el mundo presentan algún grado de baja densidad mineral ósea, una condición especialmente frecuente en mujeres tras la menopausia y en personas de edad avanzada. Su impacto no es menor: en países como el Reino Unido, la fragilidad ósea está detrás de cientos de miles de fracturas cada año, lo que la convierte en un importante problema de salud pública.
El origen de esta disminución ósea está en un proceso natural del organismo llamado remodelación ósea, en el que el tejido viejo se degrada y es sustituido por hueso nuevo. En condiciones normales, ambos procesos se mantienen equilibrados hasta la edad adulta temprana, cuando se alcanza el pico de masa ósea. A partir de ese momento, la pérdida empieza a imponerse lentamente sobre la formación, marcando el inicio de un descenso progresivo.
Diversos factores pueden acelerar este deterioro. Entre los más relevantes se encuentran los cambios hormonales, especialmente la caída de estrógenos tras la menopausia, que acelera la pérdida de masa ósea. También influyen el estilo de vida —como el sedentarismo, el tabaco o el consumo excesivo de alcohol—, así como una dieta pobre en calcio o vitamina D. A ello se suman ciertas enfermedades y tratamientos prolongados, como el uso de corticoides, que pueden debilitar aún más la estructura ósea.
Identificar el riesgo
Uno de los principales retos de la osteopenia es su dificultad para detectarse sin pruebas específicas. Habitualmente se diagnostica mediante densitometría ósea, una técnica que mide la densidad mineral del hueso y permite identificar el riesgo antes de que aparezcan complicaciones. Sin embargo, muchas personas solo descubren esta condición tras sufrir una fractura.
El abordaje clínico se centra en frenar la pérdida ósea y reducir el riesgo de fractura. Para ello, se combinan cambios en el estilo de vida, mejora de la alimentación, ejercicio físico regular y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. Actividades como caminar, bailar o realizar entrenamiento de fuerza ayudan a estimular el hueso, mientras que una adecuada ingesta de calcio y vitamina D es clave para mantener su resistencia.
En conjunto, la osteopenia no se considera una enfermedad en sí misma, sino una señal de alerta. Detectarla a tiempo permite intervenir antes de que evolucione a osteoporosis, una fase más avanzada y con mayor riesgo de fracturas. Aunque el proceso no siempre puede evitarse por completo, la evidencia muestra que los hábitos saludables sostenidos en el tiempo pueden ralentizarlo e incluso mejorar la densidad ósea en determinados casos.
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