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Arena, césped o tierra: cómo caminar descalzo estimula el desarrollo infantil, según los podólogos

Esta actividad natural contribuye al fortalecimiento muscular, mejora el equilibrio y favorece la estimulación del sistema nervioso

Caminar descalzos durante la infancia puede convertirse en una herramienta de aprendizaje para el cuerpo y el cerebro. El contacto directo de los pies con superficies como la arena, el césped o la tierra aporta estímulos de textura, temperatura y presión que enriquecen la percepción del entorno. Además, esta experiencia favorece el desarrollo de la sensibilidad y la propiocepción, la capacidad que permite al organismo reconocer la posición y el movimiento de las distintas partes del cuerpo.

A este respecto, el podólogo de Podoactiva, Jairo Casal, destaca que «los pies son una importante fuente de información para el cerebro» y explica que al entrar en contacto con superficies como arena, césped o tierra, los niños «reciben estímulos relacionados con la textura, la temperatura y la presión, lo que enriquece su percepción del entorno y mejora su capacidad de adaptación».

Esta experiencia sensorial favorece «la coordinación motora, la estabilidad y la confianza en sus movimientos, al mismo tiempo que contribuye a una mejor comprensión del espacio que los rodea».

Además de los beneficios sensoriales, caminar sin zapatos favorece el fortalecimiento de la musculatura del pie y del tobillo. La actividad natural de los músculos ayuda al desarrollo de la estructura plantar y contribuye a una mejor distribución de las cargas al caminar.

Según Jairo Casal, «unos pies más fuertes se traducen en una mayor estabilidad, mejor equilibrio y una postura corporal más eficiente, aspectos fundamentales durante las etapas de crecimiento».

Cerebro y pies

Los pies cuentan con miles de terminaciones nerviosas que envían información constante al sistema nervioso central. Gracias a estos estímulos, el cerebro recibe datos que contribuyen al desarrollo de habilidades motoras, cognitivas y emocionales.

Por ello, el especialista considera que «caminar descalzo en entornos seguros puede convertirse en una herramienta sencilla para favorecer la maduración neurológica y potenciar el aprendizaje a través de la experiencia directa».

No obstante, advierte de que, aunque andar descalzo ofrece «numerosos beneficios», es «importante» tomar algunas medidas de protección, como evitar superficies con temperaturas excesivamente elevadas, como la arena muy caliente; utilizar calzado adecuado en zonas húmedas de piscinas y vestuarios para reducir el riesgo de contagios por hongos o verrugas plantares, aplicar protector solar también en los pies cuando exista exposición prolongada al sol y priorizar sandalias o cangrejeras que sujeten correctamente el pie en lugar de modelos inestables.

También recomienda «evitar determinados tipos de calzado, como los zuecos de plástico o las chanclas de dedo en niños pequeños, ya que ofrecen poca sujeción y pueden afectar a la estabilidad durante la marcha». «Siempre que se realice en espacios seguros y bajo supervisión, caminar descalzo permite a los niños descubrir el mundo a través de sus pies.

Esta actividad natural contribuye al fortalecimiento muscular, mejora el equilibrio y favorece la estimulación del sistema nervioso, convirtiéndose en un aliado para su crecimiento y desarrollo integral», concluye.