La valentía de González Amador
Dos horas y diecisiete minutos. Ese fue el tiempo que Alberto González Amador dedicó a responder, con nombres, fechas y cifras, ante la juez Inmaculada Iglesias en los juzgados de Plaza de Castilla. Sin evasivas, sin amnesias convenientes. Sin los clásicos «no me consta» o «no recuerdo» a los que se aferran los sanchistas cuando les toca dar explicaciones de sus chanchullos.
González Amador explicó quién le asesoró y por qué, cuándo le conoció, qué le dijeron y qué decidió. Y de paso, regaló al expediente judicial una frase que debería grabarse a fuego en la memoria colectiva: «Yo sí sé dónde está la sede». No hace falta explicar el contraste que encierra esa sencilla oración para quienes recuerden la penosa comparecencia de David Sánchez Pérez-Castejón, incapaz de señalar en un mapa el lugar donde supuestamente trabajaba y cobraba un sueldo público de más de 55.000 euros anuales.
El novio de Isabel Díaz Ayuso compareció como cualquier ciudadano. Pero la forma importa. Y la forma en este caso fue la de un hombre que se sentó, miró a los ojos a quienes le interrogaban y respondió. Incluso a las preguntas más incómodas, como la relativa a su relación sentimental y el papel que tuvo en la apertura de la inspección fiscal. Lejos de esconderse, lo nombró directamente: «En el año 22 era de dominio público que estaba con ella».
Esa declaración contrasta también con el origen turbio de todo este proceso. Porque conviene no olvidar que el Tribunal Supremo ya condenó al ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz por filtrar ilegalmente información reservada sobre este mismo caso. Es decir: el procedimiento que hoy exige cuentas a González Amador estuvo trufado de una revelación de secretos perpetrada desde las más altas instancias de la Fiscalía, en un ejercicio de lawfare —por utilizar la neolengua podemita— sin precedentes contra la pareja de la principal líder de la oposición.
No era fácil sentarse en ese estrado sabiendo que cada palabra podía ser descontextualizada, filtrada o convertida en munición política. Y, sin embargo, lo hizo. Habló. Explicó. Respondió. Por eso la actitud de Alberto González Amador merece ser destacada por lo que debería ser la norma y que, a fuerza de excepciones, ya parece casi una rareza: un ciudadano que comparece y da la cara. Lo opuesto al número 1 de la trama, que siempre que pudo ha esquivado el bulto.
Lo último en Editoriales
-
Más Madrid, al más puro estilo nazi
-
La estrategia de Zapatero de utilizarlas como escudo arrastra a sus hijas
-
Los extraños bandazos de Hacienda en el ‘caso Amador’
-
Qué patético es el PSOE para vender como un triunfo que Zapatero conserve el pasaporte
-
El Barça y Negreira o cómo el victimario pide que condenen a la víctima
Últimas noticias
-
Matilde, hija de José Mourinho: «Mis padres me enseñaron a seguir mis objetivos pese a las opiniones de los demás»
-
Audiencias ayer, 18 de junio: ‘Horizonte’ destaca sin ayuda del fútbol
-
Los psicólogos coinciden: si ayudas a recoger la mesa a los camareros es por estos rasgos en la personalidad basados en la empatía
-
Cosechadoras bajo control: así evita la Comunidad de Madrid que provoquen incendios en verano
-
Andrés Millán, abogado laboralista sobre las pagas: » Cobrar en 12 pagas es más rentable porque el dinero vale más hoy que dentro de seis meses»