El único problema que hay en Cataluña
Si uno sigue con atención las proclamas de los partidos y políticos separatistas, excepto quizá Sílvia Orriols, da la sensación de que el único problema real que existe en Cataluña es que lo que ellos consideran la lengua propia de su nación, el catalán, está en peligro por la acción despiadada de un Estado opresor que se empeña en meter con embudo a los catalanes una lengua invasora: el español. Que luego esos mismos partidos secesionistas que acusan al Estado de arrinconar el catalán gobiernen con el Ejecutivo que encarna ese Estado es una anécdota sin importancia para ellos. Pero, volviendo al tema, sólo la teórica supervivencia del catalán ante la invasión hispanohablante ocupa su atención y motiva sus acciones políticas más decididas.
Que la seguridad en Cataluña sea inexistente mientras bandas de delincuentes violan, matan, extorsionan y roban a los honrados ciudadanos que pagan cada vez más impuestos no les preocupa. Y que el chabolismo y el sinhogarismo, que parecían erradicados de Cataluña, se hayan convertido en una triste realidad, con miles de personas durmiendo en la calle, es para ellos una anécdota. Que la vivienda —y no hablamos de comprarla, sino de alquilarla— sea ya casi un lujo para la gran mayoría de trabajadores que cotizan y pagan sus impuestos no les perturba el ánimo. Que los salarios reales sean cada vez menores mientras la presión fiscal en Cataluña es asfixiante no les interesa. Que las infraestructuras en Cataluña estén colapsadas y que la AP-7 sea una ratonera, y los trenes de Cercanías una auténtica ruleta rusa, tampoco les perturba el ánimo.
A los partidos de la casta socialista y separatista sólo les interesa expandir el catalán. O, mejor dicho, eliminar el castellano como lengua de uso social, cultural, comercial, educativo o de comunicación en Cataluña. No tienen otra obsesión ni otro interés. De ahí que, ante la visita del Papa, la única preocupación de personajes como Míriam Nogueras o Eduard Pujol haya sido la lengua que iba a usar León XIV en sus homilías. Y, por supuesto, le exigieron el uso del catalán, pero lo hicieron hablándole en inglés (Nogueras) y en italiano (Pujol). Hispanofobia en estado puro.
Luego se extrañarán de que los partidos que hablan de asuntos que realmente preocupan a los catalanes, como es el caso de PP, VOX y Aliança Catalana —el partido separatista de Orriols habla más de seguridad y de los problemas causados por la inmigración ilegal que de la lengua— estén yendo muy bien en los sondeos mientras el resto de formaciones catalanas se van hundiendo poco a poco. Siguen con sus obsesiones lingüísticas mientras Cataluña se cae a cachos. Más pronto que tarde no habrá catalán que les vote, porque muchos están hasta las narices de la ruina económica, moral y delincuencial en la que ha caído Cataluña gracias a socialistas y separatistas procesistas, que vienen a ser lo mismo.
Y es que Salvador Illa ha comprado totalmente la agenda lingüística de ERC, Junts, la CUP, la ANC, el Consell de la República, los CDR y Òmnium Cultural, y se dedica a despedir trabajadores públicos que no acreditan un nivel de catalán desproporcionado. O se dedica a multar a aquellos comerciantes o negocios que usan el español, en España. Porque Cataluña, aunque cada día lo parezca menos, sigue siendo España. Por eso cada día se habla más español y menos catalán en las principales calles de esta comunidad autónoma. Porque a pesar de la obsesión lingüística del secesionismo, la mayoría de los habitantes de Cataluña se empeñan en hablar en castellano. Y eso no hay Departamento de Política y Persecución Lingüística que lo pare.
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