Opinión

La ruleta rusa del tren catalán

Lo de las infraestructuras en Cataluña es un drama causado por unos socialistas que llevan ocho años gobernando España y que han conseguido deteriorar aún más tanto el transporte público como el privado. No hablamos solo de unas carreteras y unas autopistas dependientes del Estado que están llenas de parches y que algún día causarán una grave desgracia. Sobre todo, tenemos un servicio ferroviario que es una auténtica vergüenza nacional.

Por mucho que Salvador Illa, que como presidente de la Generalitat también es responsable de la gestión, hable de la normalización del servicio de Cercanías, este sigue siendo patético. La semana pasada, cuando servidor viajaba desde Sant Celoni hacia Barcelona, el maquinista nos dijo por la megafonía, de una manera muy educada, lo siguiente: «Nos hemos quedado sin tensión e intentaremos, por la inercia, llegar hasta la próxima estación». Por supuesto, el aire acondicionado dejó de funcionar con una temperatura exterior de unos 35º y el tren avanzaba a paso de tortuga. Hubo suerte y el convoy pudo detenerse en la estación de Sant Andreu. Pero, como era un tren con destino al aeropuerto, un gran número de viajeros extranjeros tuvieron que improvisar a toda prisa fórmulas para intentar no perder sus vuelos, dado que el tráfico ferroviario quedó interrumpido por la falta de electricidad. Un accidente en unas obras dejó a los trenes sin energía.

El servicio de atención al cliente en la estación estaba colapsado y, aunque no había soluciones para los viajeros, lo que sí envió la Administración fueron varias dotaciones policiales, supongo que para evitar disturbios, cuando los pasajeros necesitaban otro tipo de ayuda. Dos mujeres que viajaban a mi lado y que me acompañaron hasta el metro, porque era la mejor alternativa para intentar salir de la zona, me dijeron que iban a perder su AVE a causa de la incidencia. Les aconsejé que reclamaran al llegar a la estación de Sants, dado que la culpa era de Renfe, de Adif, de Óscar Puente o de todos ellos. Espero que, al menos, las reubicaran, aunque mi confianza en el Ministerio de Transportes es nula, ya que tenemos un ministro tuitero más preocupado por insultar a la oposición que por arreglar el caos ferroviario de nuestro país. Tenemos una administración autonómica presidida por Salvador Illa que saca pecho de haber solucionado un servicio que cada vez funciona peor. Y tenemos a miles de ciudadanos sobreviviendo incidencia tras incidencia y rezando para que no ocurra otra catástrofe con víctimas mortales, algo que, antes o después, acabará sucediendo si no se actúa. Porque los ciudadanos que utilizan el transporte público no deberían jugar a la lotería, y eso es precisamente lo que hacen cada vez que se suben a un convoy o intentan acceder a un andén.

Y un mensaje para Salvador Illa. Habla de normalización del servicio de Rodalies cuando es habitual que, en varias estaciones, los paneles informativos dejen de funcionar de repente; cuando los trenes llegan con continuos retrasos; cuando acceder a una estación utilizando el abono se convierte muchas veces en una auténtica yincana, pasando de un torno a otro porque los lectores no funcionan correctamente; cuando los ascensores funcionan de manera aleatoria. No se puede presumir de fomentar el transporte público mientras se deteriora su servicio día tras día. No puede ser que, cuando tengas que coger un tren, no sepas no solo a qué hora vas a llegar, sino ni siquiera si vas a poder alcanzar tu destino.

De Óscar Puente ya poco puede esperarse, porque nunca quiso gobernar: es simplemente un activista convertido en presunto gestor. Pero quienes, como Salvador Illa, presumen de ser administradores responsables, deberían caérseles la cara de vergüenza cuando mantienen un servicio básico para centenares de miles de ciudadanos hecho unos zorros. Que se pongan de una vez a trabajar seriamente para solucionar un problema que, día tras día, perjudica a demasiados viajeros.