¿Qué hacer con los ex presidentes?
El caso Zapatero no viene solo. Arrastra a otros. El zapateril escándalo mayúsculo conlleva otros corolarios generales que afectan también a las condiciones de otros ex jefes de gobierno de acuerdo con la ley que redactó en su día Felipe González.
A muchos españoles de la actual hora, mucho más a las generaciones más jóvenes, les resulta muy difícil entender los privilegios de estos «jarrones chinos» que tienen un escaso número de ciudadanos por el hecho de haber sido jefes del gobierno durante un tiempo. Y, si se producen, además, escándalos como el protagonizado actualmente por José Luis Rodríguez Zapatero, la oposición aumenta y de forma radical.
Desde esta perspectiva de medio siglo de experiencias habidas con ex presidentes democráticos, el sentido común nos lleva a la conclusión de que, en efecto, el Estado les debe garantizar un mínimo de dignidad en la vertiente económica e institucional, pero, en modo alguno, abusos y extravagancias. Es decir, si eres ex presidente sólo deberían garantizarse una asignación fija (a modo de sueldo o mera compensación vitalicia), pero dicha jubilación extraordinaria debe cesar cuando se trate de personalidades que tienen otros ingresos, como asesorías empresariales o grandes derechos de autor.
No es el caso, sin ir más lejos, de Zapatero (con sus procederes intolerables), ni siquiera de otros ex presidentes que tienen muy fuertes ingresos, como Felipe González o Aznar. El único que no tiene problema al respecto es Mariano Rajoy que al día siguiente de dejar el poder renunció a sus emolumentos, aunque sí mantiene despacho, secretaria y asistente por cuenta del Estado. Claro, Rajoy tiene oficio (registrador de la propiedad), que no es el caso de ZP.
En algunas comunidades autónomas (caso de Madrid), cuando estalló el 15M se procedió a liquidar esos favores públicos con sus ex jefes de gobierno. Y fue acogido con aplausos por parte de los contribuyentes. La morterada económica zapateril, producto de sus relaciones con regímenes antidemocráticos (China, Venezuela, principalmente), ha causado una enorme polvareda que tardará tiempo en apagarse, incluso si los tribunales deciden que no existió delito. El infierno fiscal en el que actualmente vive España no está para dilapidar recursos públicos.
Escrito lo anterior, nadie en su sano juicio puede concluir que sólo liquidando algunos de los beneficios de los ex presidentes se van a sanear las maltrechas cuentas públicas. Pero no es esta una mera cuestión de cifras. Se trata de introducir algo de justicia y de limpieza ejemplarizante.
Habrá que recordar acto seguido la famosa frase de ZP que ha quedado ya para los anales de la vergüenza y del oprobio: «Ser socialista es dar mucho, y pedir poco». Y lo dice precisamente él… Yo le haría la carrerilla en el mismo cruce de intereses: «Ser ex presidente es sablear lo justo al contribuyente, y dar ejemplo, mucho ejemplo».
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