Un pasito casi definitivo
Asumimos que no hay éxito sin sacrificio, pero nos cuesta admitir que, además, es preciso sufrir. Los resultados invitan a comparar al Mallorca de Héctor Cúper con el de Javier Aguirre, pero éste es mucho más basto pese a la diferencia de objetivos perseguidos en aquella etapa y la presente.
Fue el primer tanto de Gio en la liga, pero no en la temporada. Su llegada desde atrás sin ser vigilado, fue idéntica a la que permitió empatar en San Sebastián y alcanzar la final de Copa, orígen de no poca zozobra, en el desempate a penaltis. La única acción similar en relación a aquel viaje al infinito puesto que, ahogado por la necesidad, el ejército del mejicano, aunque lógicamente nervioso y bastante precipitado, fue a por la victoria en lugar de refugiarse tras la muralla habitual. El espejismo, Valles el portero visitante no tuvo que intervenir ni una sola vez, duró hasta el descanso que, por supuesto, no fue reparador sino estresante.
El planteamiento de García Pimienta pasaba por desgastar al necesitado y aprovechar su cansancio en la segunda mitad. Solo eso justifica dejar fuera de un equipo justito de recursos, a jugadores que marcan la diferencia con lo vulgar. No contaba con encajar y cuando decidió meter a Moleiro y compañía, el muro de Son Moix ya se había construido. Los anfitriones ni la olieron hasta el silbato final. Por fortuna, los delanteros invitados tampoco. La pelota se perdió en el tejado de la grada, temblorosa a partir de que la pelota hubiera pasado de las botas bermellonas a las amarillas. Salvo el descrito tres líneas más arriba, los relevos posteriores no mejoraron la réplica del vencido ni el agotamiento y torpeza del atrincherado vencedor.
Bajo el apoyo de los tópicos tan reiterativos y propios de la crónica común, hubo un tiempo para cada equipo que resultó mas vistoso en el toque de la escuadra amarilla y exclusivamente pragmático en el de la tripulación rojinegra. Aunque tratáramos de explicar el error de cálculo desprendido del banquillo de la izquierda, seguiríamos sin entenderlo en medida muy parecida a la incomprensión del papel de calco archivado en el de la derecha, contemplados ambos desde la perspectiva del palco o, dicho de otra manera, la caseta del apuntador en el escenario de los sueños o más bien pesadillas.
Se intuye película con final feliz pero, como diría José Mota: hoy no,…..mañana.
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