No hay calibre para tumbarlo
Te sientas a escribir un artículo sobre la actualidad política y piensas que, lógicamente, se debería quedar viejo en unas horas; que quizás, antes de que esta tarde se edite, ya va a estar obsoleto; que ante el vendaval de información que se está conociendo (sin ir más lejos, las declaraciones publicadas en exclusiva en este mismo periódico), es imposible que no se produzca una reacción por parte del presidente del Gobierno y que ya mismo estemos hablando de renuncia, de disolución, de nueva convocatoria… Pero después te das cuenta que estás hablando de Pedro Sánchez y, sin necesidad de oír sus trolas en la TVE de Cataluña, vuelves a la realidad de que en él es imposible un comportamiento, no ya digno u honorable, sino simplemente lógico y convencional.
Aunque hay resentimiento en las brutales cargas de profundidad de Ábalos, Koldo o Aldama, también hay mucha frustración por saber que casi pueden decir cualquier cosa de Sánchez sin que tenga consecuencias definitivas, ni para su propia situación procesal, que es lo que les interesa, ni para el futuro inmediato de su antiguo jefe. Y esa frustración es también la de los españoles, que nos damos cuenta de que el presidente es un tentetieso sobre la peana de los socios anticonstitucionalistas y antisistema que lo mantendrán en pie bajo cualquier circunstancia, enmarcado en unas líneas rojas de plastilina que se deforman, para que siempre quepan las mentiras y corrupciones de ese sanchismo mafioso del que forman parte.
Pase lo que pase no hay ni habrá reacción, ni por parte de Sánchez ni por parte de sus socios; las más gordas de sus fechorías las ha hecho ya, y las ha hecho a la vista de todos, ¿y qué ha pasado? ¡Pues nada! No crean, entonces, que la investigación de la financiación del partido va a tener consecuencias; si ya se sabe que ha habido pagos en efectivo no contabilizados (lo que impepinablemente supone que había ingresos también sin contabilizar) y si hasta el propio Sánchez ha reconocido que se llevó algún sobre.
Tampoco piensen que la turbia operación de rescate de Air Europa provocará un cataclismo mayor; ya se conocen mensajes, audios y reuniones, y ya le han dejado claro al instructor Peinado, como al detective Areta en El Crack dos, que no trate de morder más de lo que puede masticar.
Y, por supuesto, no crean que habrá alguna consecuencia porque conozcamos lo que pasó con Delcy o porque se sepa de la previa e indignante relación de Sánchez con Otegi y el entorno de ETA; si ya les ha excarcelado, les ha blanqueado y hasta ha dejado a Bildu hacer la Ley de Memoria Democrática… ¿Y qué si se demuestra que, aunque lo hayan negado, estuvieron juntos en un caserío en Vizcaya? Pues que tampoco pasará nada… ¡Salvo que se les viera en una foto completamente desnudos!
Es lo que hay. Su capacidad de resistencia puede ser irracional, indigna y vergonzosa, pero es efectiva y apodíctica; impermeabiliza al personaje ante cualquier chaparrón y rearma su capacidad de defensa. En esta última semana hemos tenido un buen ejemplo: ha encajado los guantazos que le llovían desde todos los frentes judiciales con un hieratismo propio de quien no sólo no se rige por una moral y un intelecto convencional, sino que carece de dignidad y aun del más mínimo sentido de la vergüenza.
Ha vuelto a no pasarle nada y tan sólo su rostro, que es cada vez más el de El retrato de Dorian Gray, va quedándose marcado por las cicatrices de la mentira y la degeneración. Díaz Ayuso, que es la única que consigue arañar su paquidérmica piel, quiere culpar a todos los demás por no ser suficientemente incisivos o, mejor dicho, efectivos en las críticas y la denuncia. Pero tampoco es eso cierto; el problema es que, al igual que los políticos de la oposición, los periodistas tampoco tienen munición del calibre que pueda traspasar su coraza. Y por eso, tal vez, en esa frustración que todos compartimos, los tibios y moderaditos prefieren volverse contra sus sospechosos habituales, que siempre son más vulnerables: que por qué se convocan o no se convocan protestas; que por qué se presenta o no se presenta una moción…
Así que por eso este artículo no se va a quedar viejuno tan rápidamente. Salga a la luz lo que salga, y diga lo que diga el número creciente de presos, de sus presos, lamentablemente lo vamos a poder escribir muchas veces hasta 2027, y esperemos que no después…
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