El mundo esquiva por horas una crisis energética peor que la de 1973
Al final lo ha conseguido. El presidente Trump pronosticaba el martes de Pascua que “toda una civilización morirá esta noche, para no volver más” si Irán no aceptaba sus propuestas… y, dos horas antes de que se cumpliera el plazo, el gobierno de Teherán ha aceptado nuevas negociaciones y cumplir las condiciones del ultimátum.
Da la impresión de que el mundo se hubiera transformado en una película de superhéroes o una temporada de la serie 24. Trump habla como Conan el Destructor, o como el rey Théoden de Rohan. Nos lleva al borde del apocalipsis y, cuando tememos el estallido irremediable de la catástrofe, él mismo nos dicta un aplazamiento o declara concluida la guerra.
Al acceder la dictadura de los ayatolás al ultimátum de Trump, las tres naciones combatientes se comprometen a un alto el fuego. Además, Washington le exige a Irán que permita el cruce libre de barcos por el estrecho de Ormuz. La cotización del petróleo perdió más de un 10% en la primera sesión después de conocerse la noticia.
Teherán ha planteado diez condiciones, entre las que destacan el cese de todos los conflictos en la región; un protocolo para garantizar la libertad y la seguridad de la navegación en Ormuz; el pago de compensaciones para la reconstrucción; y la retirada progresiva de todas las sanciones. El más importante, y por el que comenzó esta guerra no declarada, es el compromiso por parte de Irán de no buscar la posesión de armas nucleares que pueda usar contra Israel.
Sin embargo, ya ha aparecido una perturbación. El gobierno israelí ha respondido que no va a detener su campaña en el sur del Líbano, que ha causado cerca de 1.500 muertos y ha revitalizado a Hezbolá. El objetivo del Netanyahu es la formación de un colchón para su país con el control del territorio comprendido entre el río Litani y la frontera, de unos treinta kilómetros de ancho, y la expulsión de la población nativa.
De todas maneras, el resultado de la guerra no declarada que comenzó el 28 de febrero, mientras los negociadores de la Casa Blanca y de Teherán avanzaban en sus acuerdos, según los anfitriones omaníes, no es positivo para los dos aliados, EEUU e Israel.
El régimen de los ayatolás no se ha derrumbado, debido a la represión despiadada contra su propia población y a su larga preparación para resistir esta ofensiva, la llamada defensa mosaico. A pesar de la destrucción y del gasto de su armamento, ha seguido bombardeando instalaciones energéticas de Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin y, también, atacando a Israel. Es decir, no ha agotado sus arsenales, aunque éstos se estén vaciando, al igual que le ocurre a Estados Unidos, que el 31 de marzo envió un tercer portaaviones a la región.
No sabemos si los planes para el despliegue de tropas norteamericanas en suelo iraní y para la conquista de la isla de Jarg, donde Teherán cargaba hasta el 90% del petróleo que exportaba, iban a cumplirse o formaban parte de un inmenso farol.
Lo que está claro es que Irán ha sido capaz de imponer su masa continental sobre el poderío militar y la tecnología enemigas, y ha bloqueado el estrecho de Ormuz. Sólo permitía el paso a barcos de sus escasos aliados, como chinos y paquistaníes. Las consecuencias para la economía mundial empezaban a ser aterradoras, con desabastecimiento de energía en Asia y de fertilizantes, lo que podría haber conducido al mundo a una nueva crisis energética, de mayor impacto que la de 1973, a la estanflación (estancamiento económico con inflación) y hasta a una hambruna. Aparecía la “doctrina de aniquilación económica mutua asegurada”.
Tal como ha reconocido Trump, en la pausa de la guerra ha participado de manera decisiva China, principal cliente de las exportaciones de crudo iraní. De esta manera, Pekín, cuyo debilitamiento político y económico es la finalidad de la política exterior de Trump y hasta de Biden, ha recuperado prestigio internacional, cuando parecía haber abandonado a su aliado y proveedor.
El martes, cuando Trump proclamaba su orden de arrasamiento de Irán, la aviación israelí bombardeó un puente ferroviario en la ciudad de Kashan, provincia de Isfahán. Se trata de un eslabón de la Nueva Ruta de la Seda. La vía férrea podría haber servido para el envío de crudo de Irán a China.
El 14 y 15 de mayo, el dictador comunista Xi Jinping, paradójico abanderado del libre comercio, recibirá en su capital a Trump. La reunión se había suspendido a principios de marzo por la guerra, pero, pasadas unas semanas, se fijó la nueva fecha. En la tradición de sus declaraciones de entusiasmo, Trump dijo “Estoy deseando pasar tiempo con el presidente Xi en lo que será, estoy seguro, un acontecimiento monumental”.
Siguiendo en China, se ha producido una sorprendente visita a este país por parte de Cheng Li-wun, la presidenta de Kuomintang, el principal partido de oposición de Taiwán, que fue derrotado por el comunista en la guerra civil china (1945-1949. La política viajó a Pekín esta semana para, según el comunicado oficial, crear un “clima de paz”.
Ahora corresponde saber quiénes serán los negociadores que enviará la Casa Blanca. Informaciones anteriores apuntaban que los iraníes rechazan a Steve Witkoff y Jared Kushner, este último yerno de Trump, porque los consideran más representantes de Israel que de EEUU, y prefieren al vicepresidente JD Vance. Sobre el lugar que acogerá la reunión se señala Pakistán, en concreto Islamabad.
Aunque muchos sientan que nos hallamos ante la esperanza de un acuerdo definitivo, este adjetivo ha perdido su sentido en Oriente Próximo.
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