Opinión

Horizonteando en Palma

Viernes pasado. Ocho y cuatro minutos de la noche. Auditorio principal del Palacio de Congresos en la capital de Mallorca, Palma, con la esplendorosa bahía por testigo. Una de las obras maestras de ese eterno aspirante a Pritzker que es mi paisano y amigo Pachi Mangado. Las dos mil quinientas personas que atestan la sala hasta la bandera se ponen en pie cual resorte y ovacionan atronadoramente a los personajes que acaban de aparecer en el escenario. No son Madonna y Taylor Swift cantando a dúo, tampoco Springsteen, Bunbury o Shakira, menos aún esos sesentones Hombres G que arrasan entre los adolescentes 40 años después y ni siquiera el sexto artista que más discos ha vendido en la historia de la humanidad, Julio Iglesias de la Cueva, el Julio Iglesias de la Cueva al que eldiario.es acusó de unas agresiones sexuales que jamás cometió.

Quienes acaban de aparecer son Íker y Carmen, Carmen e Íker, que diría el personal e intransferible juez Villegas. La ovación es atronadora. Cuatro o cinco minutos de aclamación que concluyen cuando el 50% madrileño del cóctel que arrasa en la televisión española, es decir, Carmen, ruega con las manos que paren. Lo hace por rubor y por elementales cuestiones horarias. Que el acto va con retraso y tampoco es cuestión de demorarlo más. Llenar un auditorio en Palma es siempre complicado; hacerlo en viernes, un milagro materia del Dicasterio de las Causas de los Santos. OKBALEARES, el anfitrión que en cinco años se ha convertido en el número 2 local en audiencia, se la ha jugado y le ha salido bien. Claro que si disputas un partido con Mbappé, Lamine, Haaland, Rodri o Dembélé en tu equipo la vida es más bella y meter goles, coser y cantar.

La charla, moderada por un servidor, se antojó en las formas más un partido de baloncesto con Pau Gasol, de tenis con Rafa Nadal o de esa Selección campeona del mundo que es la Roja de San Luis de la Fuente. Cada 5 minutos, 10 como máximo, una ovación. Queda meridianamente claro que Mallorca tiene ganas de rock and roll y que las ganas de cambio son elefantiásicas. Las alusiones del conductor a Jorge Calabrés en forma de cariñosas pullitas, en las que salen a relucir Maradona, Tiger Woods y Mozart, son igualmente respondidas con risas y aplausos. Lo que iba a ser una conversación de una hora, hora y cuarto a lo sumo, se desarrolla durante dos y porque tampoco es cuestión de extenderse más allá de las 10 de la noche. Durante 120 minutos no se levanta ni dios, bueno, tal vez Dios con mayúsculas sí porque está en todas partes.

Más que la duración, que como digo, también, la ausencia de deserciones en dos horas constituye el segundo fenómeno paranormal de la noche en una Mallorca en la que la gente se va pitando los viernes al mediodía a sus segundas residencias y si se queda en Palma, no se pierde una cena con los amigos, con la familia, con la novia, el novio, el amante, la amante o el amanto que diría la ridícula de Irene Montero. Por eso jamás se celebraban eventos los viernes por la tarde-noche… hasta que llegó el vendaval Horizonte que, más que un programa de televisión de éxito, es un fenómeno sociológico que está callando bocas, creando escuela, haciendo historia y desmontando ese mito que sostenía que un programa de periodismo puro e ideológicamente cercano a la derecha liberal jamás triunfaría en prime time.

El momento cumbre de la tarde-noche sobreviene cuando Íker mete mano a ese Club 61 que actúa más como una organización mafiosa, cuyo capo es naturalmente El Padrino Pedro, o Perro, que es como le gusta que le llamen, que como un grupo de afines periodísticos. Que no soportan a Horizonte quedó claro con el aluvión de bulos que lanzaron hace dos años sobre el comportamiento del periodista vitoriano en la Dana y, más concretamente, con lo acontecido en el centro comercial Bonaire en Aldaya.

Jiménez Elizari esbozó la misma teoría que los évoles, wyomings, escolares, angélicas, javieritos y cintoras de la vida: «Hay muertos». Ni el uno ni los otros se lo inventaron: la información venía de la UME y demás unidades sobre el terreno. Que son una panda de desahogados quedó meridianamente claro cuando borraron tuits, textos de periódico e incluso imágenes televisivas para linchar al indomable vitoriano de ascendencia navarra (Lerín, Falces y Villava). El error inducido del Club 61 no existió, el de él, por supuesto que sí. La gentuza es cínica por naturaleza. Entre medias, instaron a sus anunciantes a desertar so pena de ser lapidados en la plaza pública. Los Rochos tienen más códigos que esta banda.

La historia se repite siempre. Absolutamente siempre. La vida no es sino una sucesión de episodios que se van actualizando cada cierto tiempo con idéntico guión pero diferentes actores. Ahora ha ocurrido tres cuartos de lo mismo con Maricarmen, que ha sido utilizada vilmente por Pedro Sánchez para intentar movilizar a una extrema izquierda que agoniza por momentos. La miseria ha sido esta vez tanto más diabólica. Sobre un vídeo recortado y lógicamente descontextualizado, colocaron dos fotos, las de Carmen Porter y Bea Talegón, y una inequívoca palabra: «Odio». Les han puesto en la diana al más puro estilo de ese Egin que fijaba objetivo en portada para que luego llegaran los pistoleros a hacer el trabajo más sucio.

Íker no se corta un pelo. Porque no sólo se ha puesto en el disparadero con falsedades a dos mujeres —»¿dónde están las feministas?», se preguntan los copresentadores de Horizonte— sino que, además, se ha iniciado una vomitiva campaña para intentar estrangular financieramente a un programa líder que vive de sus anunciantes. Llama «lameculos» y «lacayos» del sanchismo a los pistoleros que quieren asesinar civilmente un fenómeno sociológico que, entre otras virtudes, atesora una que les pone especialmente de los nervios: el prime time ya no es patrimonio de ese wokismo cultural, artístico, político y periodístico que toma a los ciudadanos por gilipollas.

Lanzan una primicia que, en cualquier otro programa representaría un suicidio, pero que en Horizonte toma forma de virtud: «Seguirá sin haber políticos de aquí a las elecciones». Una marca de la casa que, lejos de ahuyentar al telespectador, atrae a las masas. Se incorporan a la mesa dos horizontólogas de OKDIARIO, esa estrella en ciernes del periodismo de investigación que es Irene Tabera y el rigor hecho barcelonesa, Esther Jaén.

El miniHorizonte de OKBALEARES toca a su fin cuando las manecillas del reloj han sobrepasado las 10 de la noche. Los protagonistas de nuestro V Aniversario local se levantan y se sitúan en el epicentro del escenario, acompañados de Tabera, Jaén y un Inda que mantiene la costumbre de ataviarse con las dos banderas del consenso: la de las Islas y la de la España constitucional. Nadie se quiere ir, los aplausos, lejos de aminorar, van a más. Si un extraterrestre se hubiera pasado por allí pensaría que se halla en un concierto musical con los groupies pidiendo a sus ídolos que toquen un par de canciones más. El público se va con una sensación unánime: «Qué buenas personas son». Una intuición que coincide con la convicción de la directora general de Comunicación de Mediaset, Sandra Fernández, que los conoce a la perfección: «Además de unos cracks, son muy buena gente». Palabra de una diosa de la televisión.

La cena en ese imperio gastronómico de Palma llamado Sa Roqueta deviene en otro episodio fan. Salen a hacerse fotos con la pareja las cocineras del local, una de ellas argentina, los camareros, varios clientes y el mismísimo dueño, Toni Serapio, el Arzak palmesano. La partitura del sábado es clónica. Almuerzan en la terraza de uno de los italianos de moda, La Bottega di Michele, y el selfismo vuelve a hacer de las suyas. Les piden fotos adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. Españoles, extranjeros y mediopensionistas. Guapos, feos e insípidos. Pijos, horteras y alternativos. Nadie quiere perderse la posibilidad de inmortalizarse con el fenómeno sociológico del momento. Cada instantánea concluye con el «gracias» de rigor y un «¡no os rindáis!» que en el fondo es un implícito aviso a navegantes a esos facinerosos del Club 61 que, lejos de jibarizar la bola horizontiana, la están gulliverizado camino del infinito.

Decía Burke, el gran padre del conservadurismo inglés, que «para que el mal triunfe basta con que los hombres buenos no hagan nada». El mundo no es infierno gracias, entre otras cosas, a que cada tiempo ha tenido su afán de bondad. Napoleón iba cual caballo de Atila por toda Europa hasta que unos madrileños de a pie dijeron «¡basta!» a la barbarie de unas tropas extrañas que saqueaban, violaban y asesinaban como si no hubiera un mañana. Hitler se topó con un gordito inglés entrañable que, en lugar de optar por la comodidad del apaciguamiento de sus estúpidos antecesores, hizo frente a ese mal absoluto que fue el nazismo. ETA tiró la toalla cuando certificó que los demócratas eran numéricamente muchos más e infinitamente mejores que ellos desde el punto de vista moral y cuando se percató que la Guardia Civil, la Ertzaintza y la Policía no iban a mirar jamás hacia otro lado. Matar a Bin Laden no sólo era una venganza pendiente sino una virtuosa necesidad para acabar con el islamofascismo. Un imperativo moral, en resumidas cuentas.

Como imperativo moral era y es hacer Horizonte. Al igual que crear OKDIARIO hace 11 años u OKBALEARES hace cinco resultó una obligación ética. Los churchilles del periodismo escrito hicimos de avanzadilla luchando sin cuartel contra delincuentes chavistas como Pablo Iglesias, que incitó algunas de las campañas ad hominem más bestias de la historia de España, y autócratas con ínfulas de tirano como Sánchez. Ahora desembarcan en Normandía los roosevelts de la televisión. El sanchismo del trinque, las begoñas, los davides, las putas, los koldos, los cerdanes, los garcíaortices, los coqueros, las cloacas y Los Rochos, la corrupta autocracia en definitiva, tiene las horas contadas. Pero para entrar triunfalmente en Berlín es requisito imprescindible no bajar la guardia, actuar más estratégica que tácticamente, no dejarse vencer por ese miedo que es libérrimo y proseguir en la confianza de que el bien siempre se impone por mucha sangre, sudor y lágrimas que brote de nuestro cuerpo. El desfile de la victoria tendrá unos cuantos héroes, tampoco muchos, pero si hay un estandarte que tiene garantizado un lugar protagónico es el de Horizonte con sus capitanes generales a la cabeza: Íker y Carmen, Carmen e Íker. Que el orden de los factores no altera el producto.