Desembarco chino en España
Los chinos van tomando posiciones en España. Tras la entrada en el fútbol, ahora se animan con las relaciones comerciales y el mundo de los negocios enfila reconfortantes derroteros, tal cual sucede en la Premier League que es el ejemplo por antonomasia del bien entendido fútbol y negocios. Los chinos, de China, saben lo que hacen. China es la segunda potencia mundial por producto interior bruto al cierre de 2016, al igual que en los últimos años, y algunos de sus representantes han aterrizado en el fútbol español, en clubes de solera como el Atlético de Madrid o el RCD Espanyol. Al mismo tiempo, el capital chino se hace con el control de los puertos de Valencia, Bilbao, Las Palmas. Ya lo tenía en Barcelona y ahora apunta directamente hacia Algeciras. Así que nuestros puertos del Mediterráneo —habrá que ver lo que tardan los chinos en desembarcar en los del Atlántico y Cantábrico—, junto con el griego de El Piero, en Atenas, con el que se hicieron el año pasado aprovechando las prisas del gobierno griego con la urgente liquidación de patrimonio público heleno por las exigencias de privatización impuestas por la troika, constituyen la puerta de entrada en Europa para los amigos chinos y sus productos que vienen de aquellas lejanas tierras.
La historia no acaba aquí porque, puestos a invertir y a hacerse con enclaves estratégicos en la geografía económica, los capitales chinos también se han hecho con dos terminales ferroviarias en Madrid y Zaragoza. Los amigos chinos controlan actualmente 1.600 puertos distribuidos en 160 países del mundo. Y siguen apuntando directamente hacia más puertos europeos y concretamente del Mediterráneo. ¿Qué empresa es la que está detrás de estas operaciones? Cosco Shipping, que resultó de la fusión entre Cosco y China Shipping, que de rivales encarnizados pasaron a su integración. Hoy controla más del 8% de todo el comercio mundial y es uno de los mayores operadores.
Economía china
Aprovechemos esta ocasión para echar un vistazo a la economía china que hogaño transita en su modelo económico, cambiando su tradicional modelo productivo en busca del crecimiento sostenido y equilibrado a largo plazo. El interrogante, según sean los resultados de esa transformación económica china, es si la misma inspirará la transición económica china a otras economías emergentes. China procura ganar peso en el sector servicios sobre la industria a través de una desindustrialización ordenada, con mayor consumo de los hogares y menor peso de la inversión. La bolsa se va decantando por el creciente sector del consumo y varias empresas chinas —Tencent, Alibaba, Xiaomi, Indcombank— pisan fuerte en capitalización bursátil y algunas de ellas aparecen en el cuadro de honor de las primeras 20 empresas del mundo por capitalización bursátil.
La economía china se enfrenta simultáneamente a otros retos como son los de reducir el elevado crecimiento del crédito que ha impulsado su economía, con bastante deuda privada que en realidad sería pública; abrir su economía a inversores extranjeros; defender la globalización que propugnan sus líderes versus el proteccionismo de Trump. En 2016, el PIB de China ascendió a 10,1 billones euros, creciendo al 6,7%, algo menos que en 2015 cuando lo hizo al 6,9% y por debajo de 2014, año en el que creció al 7,3%. De hecho, su crecimiento en años anteriores llegó a moverse entre el 10% y hasta el 14%, un ritmo brutal de desarrollo. Ahora, en China se tiene que ir imponiendo la mesura y desde luego entrar en el marco de una normalidad reguladora equiparable y homologable a la de nuestro mundo occidental para que las reglas del juego sean las mismas.
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