Antiespañol y presunto prevaricador: que se vaya ya
El ínclito podemita Carlos Sánchez Mato ataca de nuevo con sus inadmisibles veleidades. Imputado junto a Celia Mayer por el caso del Open de Tenis de Madrid —según el juez se podrían dar delitos de malversación de caudales públicos, prevaricación y delito societario—, pocos políticos reúnen un catálogo de características más contrarias a lo que debería ser una óptima representación pública. Su presencia supone una auténtica rémora para la vida institucional en la capital de España. En el último pleno del distrito de Vicálvaro —donde es concejal presidente— ha demostrado una preocupante pulsión antiespañola al llamar «trapo» a la bandera de España. Con este desprecio, ataca uno de los símbolos fundamentales del sistema político que lo alimenta.
Además, no ha intervenido cuando uno de sus compañeros de partido se ha dirigido de manera despectiva a una vecina del Partido Popular de 73 años para mandarla «a la peluquería». Tras estas indignidades, Sánchez Mato debería dimitir sin más dilación. Un político así no puede representar a los ciudadanos en ningún caso, menos cuando se da la circunstancia de que pertenece a esa corriente fatua y demagógica que se autoproclamó como la «política del cambio» y que en ciudades como Barcelona, Zaragoza, Valencia, La Coruña o Madrid sólo han supuesto un cambio… a mucho peor. No es la primera vez que Sánchez Mato es protagonista de un escándalo.
Tanto que, tras ser imputado y ocasionar el caos en las cuentas municipales —Hacienda con Montoro al frente tuvo que tutelarlas en 2017—, incluso lo apartaron de la concejalía de Economía de Ahora Madrid. Hoy en día, con las únicas atribuciones de concejal presidente en el distrito de Vicálvaro —por las que gana más de 95.000 euros al año—, permite actitudes machistas a sus compañeros, que es como hacerlas propias. No es de extrañar, ya que en su momento cosificó a Cristina Cifuentes como una «rubia con coleta». Defenestrado por su propio partido, también persevera en su vis antiespañola cediendo espacios vecinales en su distrito para la organización de referéndums fake contra Felipe VI. Despropósitos al estilo Puigdemont, con urnas de plástico incluidas, y una participación tan baja que resulta esperpéntica. Un político poseedor de semejante catálogo de dislates no puede seguir en su cargo ni un día más.
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