Mundo plástico

De la plastisfera al petroplástico y el plastiglomerado: así está cambiando el plástico nuestro mundo

La isla de plástico del Pacífico es tan grande como España, Francia y Alemania juntas

Actualmente producimos unos 450 millones de toneladas de plástico al año

Durante la mayor parte del siglo XX, el plástico fue considerado como uno de los mayores símbolos del progreso técnico y científico de la humanidad. Barato, resistente y fácil de moldear, permitió abaratar productos, extender el consumo y transformar industrias enteras. En pocas generaciones, pasó de ser un elemento innovador a convertirse en un material omnipresente.

Hasta tal punto ha sido así, que se puede afirmar que el plástico ya forma parte del paisaje. El ejemplo más claro son esas enormes islas de residuos que podemos encontrar flotando en nuestros océanos. La mayor de ellas se encuentra en el Pacífico y dispone de una superficie comparable a la de España, Francia y Alemania juntas.

Esto se debe, en gran medida, a que la humanidad produce hoy en torno a 450 millones de toneladas de plástico al año. Este volumen masivo no sólo contamina el entorno natural y nuestro propio organismo, sino que está empezando a alterar la estructura física, química y biológica del planeta.

Plastisfera

Uno de los ejemplos más claros es el de la llamada plastisfera, término que hace referencia al conjunto de microorganismos que se forman sobre la superficie de los desechos plásticos cuando entran en contacto con el agua y el suelo.

Hablamos principalmente de bacterias, hongos, algas y virus que colonizan estos fragmentos y crean comunidades biológicas propias y diferenciadas. Así lo demostró el primer estudio científico sobre la plastisfera, centrado en los residuos plásticos marinos.

Nuevo hábitat ecológico

Según el paper, «las comunidades de la plastisfera son distintas a las del agua superficial que las rodea, lo que implica que el plástico actúa como un nuevo hábitat ecológico en mar abierto».

Estudios posteriores han demostrado que este nuevo hábitat también puede surgir en ecosistemas edáficos (suelos) contaminados por el plástico. Esto demuestra la gravedad del asunto, sobre todo si tenemos en cuenta que la plastisfera es un entorno ideal para la proliferación de genes de resistencia a los antibióticos, que es precisamente uno de los principales problemas sanitarios a nivel mundial.

Plastiglomerado

Otra evidencia de que nuestro planeta se está plastificando a pasos acelerados lo tenemos en el plastiglomerado. Para muchos expertos, se trata directamente de un nuevo material que está comenzando a aparecer en las costas, especialmente en lugares donde la actividad humana y la acumulación de residuos plásticos coinciden.

El plastiglomerado se forma cuando estos restos presentes en las playas se fusionan con arena, rocas, conchas y otros sedimentos naturales, dando lugar a una masa sólida que, a primera vista, recuerda a una roca convencional. Lo llamativo es que, pese a su apariencia mineral, su origen es completamente artificial.

Quema de residuos plásticos

Este proceso suele estar relacionado con acciones humanas. Diversas investigaciones han documentado cómo la quema de residuos plásticos en la playa puede fundir distintos fragmentos y mezclarlos con materiales geológicos, soldándolos entre sí.

El resultado es una amalgama sólida que no existía en la naturaleza hasta que la contaminación plástica alcanzó niveles suficientemente altos como para permitir esta sinergia entre desechos y sedimentos.

Plastiglomerado. (Foto: Vivir sin plástico).

Petroplástico

Un tercer ejemplo lo tenemos en el petroplástico, nombre de un nuevo tipo de contaminación marina en el que convergen derrames de petróleo y restos plásticos que se integran de forma simbiótica y acaban conformado un nuevo compuesto capaz de resistir las duras condiciones de los océanos.

El petróleo, por sí solo, no sobrevive durante mucho tiempo en el mar, debido a que la acción de la luz solar y los microbios lo degradan rápidamente. Pero cuando este aceite mineral encuentra una superficie de plástico como, por ejemplo, una botella, es capaz de aguantar mucho más tiempo sin descomponerse.

De hecho, un estudio publicado en Environmental Science & Technology demostró que el petroplástico es capaz de viajar durante unos 8.500 kilómetros por el océano Atlántico, desde las costas de Brasil, donde se produjo un vertido de petróleo, hasta Florida, donde fue localizado el material, tras superar unos 240 días de travesía.

Así fue el viaje de 8.500 kilómetros del petroplástico. (Fuente: Environmental Science & Technology).

Planeta plástico

Si no queremos que este planeta Tierra acabe llamándose planeta Plástico, debemos comenzar a actuar de forma decidida. Estas son algunas de las medidas más eficaces: