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Los pescadores ponen el grito en el cielo: el pez globo invade el Mediterráneo a pasos agigantados y podría llegar a España en breve

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El pez globo invasor (Lagocephalus sceleratus) ya está en el Mediterráneo y avanza hacia las costas españolas. La plataforma Observadores del Mar ha documentado ejemplares en el estrecho de Gibraltar, a la altura de Ceuta, y avistamientos puntuales en el litoral catalán.

La especie, originaria de los océanos Índico y Pacífico, cruzó al Mediterráneo a través del Canal de Suez y lleva dos décadas expandiéndose hacia el oeste. El cambio climático, al elevar la temperatura del agua mediterránea, ha acelerado ese avance.

Por qué el pez globo es una de las especies invasoras más peligrosas del Mediterráneo

El Lagocephalus sceleratus representa una amenaza triple: para la salud pública, la biodiversidad marina y la economía pesquera. Su cuerpo acumula tetrodotoxina (TTX), una neurotoxina presente en la carne, la piel, el hígado y las gónadas que no se destruye con el cocinado ni con el congelado.

Una dosis inferior a un miligramo es suficiente para matar a un adulto. No existe antídoto, el único tratamiento disponible es la asistencia respiratoria mecánica hasta que el organismo expulse el veneno. En el Mediterráneo oriental se han documentado decenas de muertes por consumo accidental.

El pez no produce la toxina por sí mismo, la acumula a través de las bacterias marinas que ingiere en su dieta. A diferencia de otros peces tóxicos, el Lagocephalus sceleratus es inmune a su propio veneno, lo que le permite almacenarlo en sus órganos como mecanismo de defensa. Ningún depredador nativo del Mediterráneo lo consume, lo que elimina el control biológico natural y le permite reproducirse sin freno.

A su toxicidad se suma una mandíbula excepcionalmente poderosa. Los pescadores de Creta advierten de que su mordedura puede arrancar un dedo a un bañista y es capaz de destrozar anzuelos, madera y redes metálicas. El pez tiene cuatro dientes fusionados, dos arriba y dos abajo, con una línea de sutura central, que le permiten romper las conchas de moluscos y crustáceos de los que se alimenta en fondos arenosos de hasta 250 metros de profundidad.

El animal tiene forma alargada y similar a un torpedo, con la cabeza grande y la boca pequeña. Su dorso es gris plateado con manchas negras, los costados plateados y el vientre blanco. Alcanza habitualmente entre 20 y 60 centímetros, aunque puede llegar a los 85.

El impacto del pez globo en los pescadores y las medidas para frenar su expansión

Los pescadores artesanales del Mediterráneo oriental ya sufren pérdidas estimadas en 8.500 euros anuales por embarcación: el pez destroza las redes y devora las capturas comerciales antes de que puedan ser recogidas. Chipre y Turquía han optado por pagar recompensas económicas directas a los marineros por cada ejemplar capturado, que después se incinera como residuo.

En España, las autoridades pesqueras mantienen campañas de vigilancia activas y han emitido avisos a las cofradías de pescadores para prohibir su comercialización en lonjas. La plataforma Observadores del Mar recoge los avistamientos ciudadanos y científicos para trazar el mapa de su expansión en aguas españolas.

El Lagocephalus sceleratus no es agresivo por naturaleza y no ataca a los bañistas de forma activa. El riesgo de mordedura existe si se manipula sin precaución tras ser capturado. El peligro principal del pez globo es alimentario: su aspecto puede confundirse con otras especies comestibles y su toxina no presenta señales de alarma organolépticas. Ante cualquier duda sobre la identificación de una captura, las autoridades sanitarias recomiendan no consumirla.