Investigadores españoles lideran un proyecto pionero para estudiar la transmisión de virus entre distintas especies de animales
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La transmisión de virus en animales es un problema biológico que hasta puede afectar a las personas, por lo que identificar cuándo se produce un brote puede ser fundamental.
Para ello un equipo de investigadores española ha creado una plataforma de zoorganoides. Es decir, de versiones microscópicas de tejidos animales cultivadas en laboratorio. Con ellas pueden comprobar si un virus consigue infectar las células de una especie, replicarse y provocar daños.
El proyecto cuenta con un biobanco formado por tejidos y organoides de 46 especies animales. El objetivo es anticipar riesgos para la ganadería, la fauna salvaje y las personas sin tener que infectar a animales vivos durante los experimentos.
Cómo investigan los científicos españoles la transmisión de virus entre animales
El proyecto comenzó a desarrollarse en 2019 en el Centro de Investigación en Sanidad Animal del IRTA, en Cataluña. En 2023 tomó forma dentro de Farmbank y terminó evolucionando hasta la actual Plataforma de Zoorganoides.
Para crear estos miniórganos, los científicos parten de una pequeña muestra de tejido animal. El proceso consiste en extraer células madre y cultivarlas dentro de una matriz que permite que crezcan hasta formar una estructura tridimensional.
No son pulmones o intestinos completos en miniatura, sino que reproducen tejidos microscópicos que conservan distintos tipos de células y parte de la arquitectura del órgano original.
Estos modelos permiten comparar cómo responde el tejido de diferentes especies ante un mismo virus. De esta manera pueden observar si el patógeno entra en las células, cuánto se replica, qué daños provoca y cómo reacciona el tejido.
Para demostrar el potencial de esta tecnología, publicaron un estudio en la revista Journal of Virology titulado Animal organoids as transformative platforms for viral infections and zoonotic cross-species viral research. Está firmado por Inés García-Rodríguez, Isabel García-Dorival, Covadonga Alonso y Miguel Ángel Cuesta-Geijo.
España crea un biobanco con miniórganos de 46 especies animales
La plataforma española almacena unas 5.000 muestras criopreservadas, entre ellas 2.800 viales de organoides, además de tejidos y fibroblastos pertenecientes a 46 especies.
La mayor parte procede de animales ganaderos, ya que el biobanco dispone de organoides de 76 cerdos, 16 cabras y 13 pollos, pero también conserva muestras de especies salvajes, exóticas o protegidas.
Entre ellas destacan el lobo ibérico, el buitre, la gacela, el panda rojo, la alpaca, el delfín rayado, el mono tití, la iguana, el canguro, el lemur, el flamenco rojo o el tigre de Sumatra.
Ahora mismo están trabajando principalmente con tejidos del aparato respiratorio y digestivo, como el cornete nasal, el pulmón y el intestino. La razón es que son zonas especialmente interesantes porque muchos patógenos utilizan esas vías para entrar y salir del organismo.
Cuando aparece un virus nuevo o resurge uno conocido, los científicos pueden infectar los organoides en condiciones controladas. Así obtienen un primer mapa de las especies que podrían ser susceptibles, desarrollar la enfermedad o actuar como reservorio.
Por ejemplo, la plataforma ya ha trabajado con cepas de gripe A de origen porcino y aviar. Con los ensayos se puede comparar la capacidad de infección del virus antes de esperar a que los contagios aparezcan en la naturaleza.
Los organoides ayudan a detectar grandes virus en animales
Cerca del 75% de las enfermedades infecciosas humanas tienen origen animal. Sin embargo, un virus capaz de infectar células de una especie no necesariamente puede propagarse entre animales o llegar hasta las personas.
Por ello los organoides sirven como una primera herramienta de vigilancia, ya que permiten descartar especies resistentes, detectar tejidos susceptibles y decidir dónde conviene reforzar los análisis y el seguimiento sobre el terreno.
También ofrecen una alternativa más ética a determinados experimentos con animales. Los científicos pueden hacer múltiples pruebas en paralelo, estudiar especies difíciles de mantener en cautividad y conservar muestras durante largos periodos.
Aun así, estos miniórganos no reproducen toda la complejidad de un animal vivo. Por ejemplo, carecen de elementos como vasos sanguíneos o un sistema inmunitario completo, por lo que sus resultados necesitan más comprobaciones.
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