Hito histórico de la ciencia española: investigadores de Cádiz detectan silbidos de ballenas gracias a la IA
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El Estrecho de Gibraltar concentra una enorme actividad marítima. Por su canal transitan miles de petroleros, portacontenedores y ferris, lo que convierte sus aguas en uno de los entornos más ruidosos del océano. Para las ballenas, los delfines y otros cetáceos que usan la vocalización como medio de comunicación y orientación, ese ruido de fondo supone una interferencia.
Y claro, para los científicos que intentan estudiarlos a distancia, supone un problema técnico de primera magnitud. La monitorización acústica pasiva (escuchar el mar mediante hidrófonos instalados en el fondo) es una de las técnicas más prometedoras para estudiar cetáceos sin molestarlos. Aislar los silbidos de los animales ha sido, hasta ahora, una ardua y larga tarea.
Hallazgo puramente gaditano: una IA detectó los silbidos de ballenas y delfines en el Estrecho de Gibraltar
Investigadores del Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) de la Universidad de Cádiz han desarrollado un sistema de inteligencia artificial capaz de identificar vocalizaciones de cetáceos en condiciones acústicas reales.
El equipo, formado por Alba Márquez, Neus Pérez, Daniel Benítez, Gonzalo Arroyo y Andrés de la Cruz, publicó los resultados en la revista Engineering Applications of Artificial Intelligence en 2026.
La clave del sistema es su entrenamiento contextualizado. Los modelos de IA convencionales se entrenan con grabaciones limpias de laboratorio y pierden eficacia al enfrentarse al ruido real. En las pruebas realizadas con audios del Estrecho, esos modelos caían de una tasa de acierto del 95% a apenas el 10%.
El sistema desarrollado en Cádiz fue entrenado directamente con datos que replican las condiciones del entorno donde iba a operar, y eso marcó la diferencia.
¿Cómo se entrena una IA para escuchar ballenas?
El equipo instaló hidrófonos cerca de la isla de Tarifa, a diez metros de profundidad, y los mantuvo activos entre mayo de 2024 y marzo de 2025. El resultado fue más de 1.300 horas de grabación subacuática. Un volumen que, revisado de forma manual, habría requerido meses de trabajo continuo.
«Haber anotado y revisado de forma manual más de 1.300 horas nos hubiese llevado meses o incluso años; sería inviable», explicó Neus Pérez, una de las autoras del estudio.
Para entrenar el modelo y que pueda reconocer los sonidos de ballenas y otros animales, el equipo combinó dos técnicas. La primera fue la transferencia de aprendizaje: adaptaron modelos originalmente diseñados para detectar cantos de aves al entorno marino submarino.
La segunda fue el entrenamiento iterativo progresivo: el sistema analizaba las grabaciones, señalaba posibles silbidos, los expertos validaban una parte de esos fragmentos y esa información corregida se reintegraba al modelo para mejorar su precisión en cada vuelta.
El resultado final alcanzó una fiabilidad del 88% en condiciones acústicas reales.
El salto de eficiencia que cambia el estudio de los cetáceos
El rendimiento del sistema no se mide solo por su porcentaje de acierto, sino por la velocidad que aporta al proceso. El modelo es capaz de procesar 500 horas de grabación en un solo día, algo que manualmente requeriría meses de trabajo de un equipo especializado.
Desde luego, hay que destacar que ese salto de escala tiene implicaciones directas para la investigación marina.
La monitorización acústica pasiva puede desplegarse en cualquier punto del océano sin perturbar a las ballenas u otros seres vivos, pero su viabilidad dependía de que los datos recogidos pudieran analizarse en un tiempo razonable. Con este sistema, ese cuello de botella desaparece.
El estudio fue financiado a través del proyecto SEANIMALMOVE, con fondos de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y del programa europeo Next Generation EU.
Por último, cabe remarcar que los investigadores ya han aplicado la metodología a otros entornos, como el estudio de peces en praderas de posidonia en Ibiza, lo que apunta a que el enfoque tiene alcance bien más allá del Estrecho.
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